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Costa del Sol: El lugar donde el Mediterráneo también nos enseña a viajar

Hay destinos que uno visita. Y hay destinos que, de alguna manera, se quedan viviendo dentro de uno. La Costa del Sol pertenece a esa segunda categoría. Allí el Mediterráneo no es solamente un paisaje: es una forma de entender el tiempo, la luz, la comida, las conversaciones y ese antiguo placer de mirar el horizonte sin necesidad de pedirle nada. Pero frente a ese mismo mar que convirtió a Málaga y a sus pueblos costeros en uno de los grandes destinos turísticos de Europa, aparece hoy una pregunta inevitable: ¿cómo seguir disfrutándolo sin poner en riesgo aquello que vinimos a buscar?

Carlos Mira, The Post FMGN Press

Quizás la respuesta empiece temprano, cuando el sol todavía no ha tomado completamente la costa y alguien sale de su hotel para caminar junto al mar. Hay una playa que despierta lentamente, pescadores que conocen el Mediterráneo desde antes de que llegaran los turistas y una luz que parece explicar por sí sola por qué tantos viajeros hicieron de este rincón de Andalucía un lugar de regreso.

La Costa del Sol está intentando cambiar su historia sin renunciar a su identidad. Durante décadas, el éxito turístico se midió fundamentalmente en visitantes, hoteles y noches de alojamiento. Hoy la conversación es diferente: cómo generar riqueza y empleo preservando los recursos naturales, reduciendo consumos, protegiendo el litoral y distribuyendo mejor los flujos turísticos.

Málaga está en el centro de esa transformación. Su Observatorio de Turismo Sostenible, integrado en la Red Internacional de Observatorios de Turismo Sostenible de ONU Turismo, analiza indicadores ambientales, económicos y sociales: agua, energía, residuos, movilidad, acción climática, accesibilidad, satisfacción de los residentes y distribución de los beneficios del turismo.

La idea es sencilla y profundamente moderna: un destino no puede considerarse exitoso si quienes viven en él dejan de sentir que ese éxito también les pertenece.

La sostenibilidad, entonces, comienza a convertirse en una experiencia.

Puede aparecer en un hotel que reduce el consumo de agua y energía, incorpora energías renovables o mejora la gestión de residuos. Andalucía ha impulsado programas de asesoramiento para alojamientos turísticos que trabajan precisamente sobre energía, agua y economía circular. Para el viajero, todo esto puede resultar invisible. Y quizás ahí esté uno de los mayores éxitos posibles de la sostenibilidad: que funcione sin quitarle belleza a la experiencia.

Porque nadie llega a la Costa del Sol para estudiar un sistema de gestión energética. Llega para despertarse frente al Mediterráneo, comer un espeto de sardinas, caminar por una calle blanca de Mijas, descubrir Málaga, contemplar Ronda o sentarse en una plaza cuando comienza a caer la tarde. La cuestión es que detrás de esas experiencias exista un territorio capaz de sostenerlas.

Por eso también está cambiando la manera de recorrer la región. Málaga trabaja en proyectos destinados a descentralizar los flujos turísticos y conectar el centro con barrios, litoral, patrimonio, naturaleza y otros espacios. Cuando el visitante se desvía de la ruta tradicional no solamente descubre algo nuevo: también ayuda a que otros lugares puedan participar de los beneficios del turismo.

En el litoral, Andalucía impulsa una estrategia de sostenibilidad azul, que combina protección ambiental, innovación y actividad turística. Fuengirola y Mijas fueron reconocidas en 2026 con la mención Playa Soludable, que incorpora criterios relacionados con protección solar, sombra, agua potable, información sobre radiación ultravioleta y bienestar de visitantes y trabajadores.

Es una manera diferente de mirar una playa. La sombra ya no es solamente comodidad. El agua potable ya no es solamente un servicio. Cada elemento forma parte de una nueva idea de hospitalidad: cuidar al visitante significa también cuidar el lugar que lo recibe.

Y existe otra dimensión menos visible: la que ocurre detrás de las postales. En Casares, el Complejo Medioambiental de la Costa del Sol gestiona los residuos de numerosos municipios y trabaja también en eficiencia energética y energías renovables. Es la infraestructura que el turista casi nunca ve, pero que permite que playas, hoteles, restaurantes y ciudades puedan funcionar.

La sostenibilidad tiene también esa cara: la que no aparece en Instagram.

Otra iniciativa de Turismo Costa del Sol, Huella Zero, lleva esa conciencia directamente al viajero. La herramienta permite calcular la huella de carbono asociada al viaje y conocer alternativas para compensarla. De repente, viajar deja una huella que no es solamente emocional.

Y quizás allí esté una de las grandes paradojas del turismo contemporáneo: queremos que nuestros viajes sean inolvidables, pero no queremos que nuestro paso por un lugar resulte imborrable para el planeta.

La Costa del Sol parece haber entendido esa contradicción.

El sol continúa siendo el mismo. El Mediterráneo conserva su azul. Las calles blancas siguen brillando bajo la luz andaluza. Los espetos continúan llegando a las mesas frente al mar. Málaga mantiene esa mezcla extraordinaria de cultura, gastronomía y alegría que hace que uno quiera caminar sin mirar el reloj.

Lo que está cambiando es la conciencia que existe detrás de todo eso.

Porque la sostenibilidad no significa renunciar al turismo que hizo famosa a la Costa del Sol. Significa asegurar su futuro.

Que el mar continúe siendo azul. Que las playas sigan abiertas. Que los pueblos continúen habitados. Que el visitante encuentre una mesa donde sentarse, una sombra donde descansar y un horizonte donde perder la mirada.

Quizás viajar responsablemente sea simplemente aprender a amar un lugar de tal manera que, cuando finalmente nos vayamos, podamos dejarlo casi tan hermoso como lo encontramos.

Y cuando el último rayo de sol desaparece detrás del Mediterráneo, queda una certeza: el futuro del turismo no consiste solamente en descubrir nuevos lugares. Consiste en aprender a cuidar los que ya descubrimos.

La Costa del Sol está empezando a escribir esa nueva historia.

Por Carlos Mira
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