
De la selva misionera a los glaciares patagónicos, de los cardones del Noroeste a las aguas del Mar Argentino, las áreas protegidas forman una gigantesca red que permite recorrer algunos de los paisajes más extraordinarios del país. Un mapa oficial reúne ese patrimonio natural y propone, casi sin necesidad de palabras, una manera diferente de viajar por la Argentina.
Carlos Mira, The Post FMGN Press, FIT 2026
Hay mapas que sirven para llegar de un lugar a otro y hay otros que, además, sirven para descubrir lugares que ni siquiera sabíamos que existían. El mapa de Áreas Protegidas de Argentina pertenece claramente a esta segunda categoría. Extendido sobre una mesa, muestra una Argentina distinta: una Argentina de selvas, montañas, desiertos, humedales, bosques, estepas, costas, islas y territorios marinos que conforman una extraordinaria reserva natural.
El material identifica las áreas protegidas nacionales distribuidas a lo largo del territorio y las organiza en grandes regiones: Noroeste, Noreste, Centro, Patagonia, Patagonia Austral y Mar Argentino. Esa división permite entender hasta qué punto la geografía argentina es extraordinariamente diversa.
Un viaje que empieza en el Norte

En el Noroeste argentino, el mapa conduce hacia algunos de los ambientes más contrastantes del país. Allí aparecen nombres como Baritú, Calilegua, El Rey, Los Cardones, Aconquija y Copo, junto con áreas como la Reserva Nacional El Nogalar de Los Toldos, la Reserva Natural Pizarro y el Monumento Natural Laguna de los Pozuelos.
Es una región donde la naturaleza cambia radicalmente en pocos kilómetros: las yungas húmedas conviven con quebradas, montañas, valles áridos y grandes extensiones de puna. El paisaje está acompañado por una fauna en la que aparecen especies como el puma, la taruca, el gato montés y el águila poma, mientras que cardones, lapachos, alisos, algarrobos y quebrachos forman parte de una flora extraordinariamente variada.
Para el viajero, esta región ofrece algo especialmente atractivo: la posibilidad de pasar de la selva de montaña a los grandes paisajes puneños y desérticos sin abandonar el mismo universo natural.
La Argentina verde y acuática

Hacia el Noreste, el mapa se vuelve todavía más verde. Allí aparecen Iguazú, Iberá, El Impenetrable, Chaco, Mburucuyá y Río Pilcomayo, entre otras áreas.
Es el territorio del agua, de los grandes humedales y de la selva. El Parque Nacional Iguazú, con sus cataratas mundialmente famosas, es probablemente el destino más conocido, pero el mapa permite descubrir que existe mucho más allá de las grandes cascadas. Los Esteros del Iberá representan uno de los grandes escenarios naturales de la Argentina, mientras que El Impenetrable conserva una porción fundamental del bosque chaqueño.
Aquí aparecen especies emblemáticas como el yaguareté, el tapir y el carpincho, además de una enorme variedad de aves y otros animales que encuentran refugio en estos ambientes.
Un patrimonio natural que atraviesa el corazón del país

El Centro argentino demuestra que las áreas protegidas no son patrimonio exclusivo de la Patagonia o de las regiones selváticas. El mapa señala parques y reservas en San Juan, Córdoba, San Luis, La Rioja, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, entre ellos San Guillermo, El Leoncito, Quebrada del Condorito, Sierra de las Quijadas, Talampaya, El Palmar, Pre-Delta, Islas de Santa Fe, Campos del Tuyú y Ciervo de los Pantanos.
Aquí cambia nuevamente el escenario. Las sierras, los ambientes áridos, los grandes ríos, las lagunas, los pastizales y los bosques chaqueños forman un mosaico de paisajes que muchas veces pasa inadvertido cuando se piensa en la Argentina turística.
El Parque Nacional Talampaya, por ejemplo, introduce al viajero en un paisaje de enormes paredes rojizas y formaciones geológicas que parecen pertenecer a otro planeta. En el otro extremo de la región, El Palmar ofrece la imagen completamente diferente de las grandes palmeras yatay, mientras que los humedales del litoral permiten observar una fauna asociada a ríos, lagunas y bañados.

Patagonia: la gran protagonista
Y entonces llega la Patagonia.
El mapa comienza a llenarse de espacios verdes y nombres que forman parte del imaginario viajero argentino: Nahuel Huapi, Lanín, Los Arrayanes, Lago Puelo, Los Alerces, Laguna Blanca y Lihué Calel, entre otros.

Son territorios de bosques, lagos, volcanes, montañas y estepas. El coihue, la lenga, el ciprés y el ñire construyen algunos de los paisajes forestales más espectaculares del país, mientras que especies como el huemul, el huillín, el puma y el guanaco forman parte de la fauna protegida.
El mapa recuerda también que estos paisajes no son solamente escenarios turísticos. Son ecosistemas que cumplen funciones esenciales para la conservación de la biodiversidad, las cuencas hídricas y los procesos naturales.
El extremo austral
Más al sur aparece la Patagonia Austral, donde el paisaje adquiere una dimensión casi épica.
El mapa señala Los Glaciares, Perito Moreno, Monte León, Patagonia, Bosques Petrificados de Jaramillo y Tierra del Fuego, además de la Reserva Natural Silvestre Isla de los Estados.
Es la Argentina de los grandes glaciares, los bosques subantárticos, las costas azotadas por el viento, las estepas interminables y los territorios donde la presencia humana parece disminuir frente a la magnitud de la naturaleza.

Los Glaciares es probablemente el símbolo máximo de esta región, pero el mapa invita a mirar también hacia lugares menos conocidos. Los Bosques Petrificados de Jaramillo, por ejemplo, conservan testimonios fósiles de una Patagonia que existió hace millones de años, mientras que Monte León combina estepa, costa y fauna marina en un paisaje de enorme valor natural.
Y también existe un parque nacional debajo del agua
Una de las partes más interesantes del mapa aparece cuando la mirada abandona el territorio continental.
En el sector denominado Mar Argentino, aparecen las áreas marinas protegidas, recordándonos que la conservación no termina en la línea de costa. Allí existe otra Argentina, debajo de la superficie del océano, con sus propios ecosistemas, especies y procesos naturales.
Es una dimensión del patrimonio natural argentino mucho menos conocida por el gran público y que, sin embargo, representa una parte fundamental del territorio que el país protege.
Mucho más que parques para visitar
El concepto de área protegida es, además, bastante más amplio que el de parque nacional. El sistema contempla distintas categorías de conservación, entre ellas Parque Nacional, Monumento Natural, Reserva Nacional, Reserva Natural Estricta, Reserva Natural Silvestre y Reserva Natural Educativa, además de los parques interjurisdiccionales marinos y las áreas marinas protegidas.
Por eso el mapa resulta particularmente interesante para quien quiera recorrer la Argentina con una mirada turística diferente. No se trata simplemente de marcar lugares donde hacer trekking, sacar fotografías o contemplar paisajes. Las áreas protegidas representan también una forma de conservar muestras de las distintas ecorregiones argentinas y de mantener los procesos naturales que permiten su supervivencia a largo plazo.
Y para el turismo existe otra ventaja: muchas de estas áreas ofrecen experiencias que van mucho más allá de la contemplación. Senderismo, navegación, observación de fauna, montañismo, fotografía de naturaleza, recorridos interpretativos y turismo científico forman parte de un universo cada vez más amplio de experiencias vinculadas con los parques y reservas.
Una invitación a mirar el mapa de otra manera
Quizás lo más interesante de este mapa sea precisamente eso: invita a viajar antes de haber preparado la valija.
Uno puede recorrerlo con el dedo y empezar en los cardones de Jujuy, bajar hacia las yungas salteñas, cruzar los humedales del Iberá, continuar hacia las sierras cordobesas, entrar en los bosques de la Patagonia, llegar a los glaciares de Santa Cruz y terminar mirando hacia las aguas del Atlántico Sur.
La Argentina turística suele vender sus grandes clásicos: Buenos Aires, Iguazú, Bariloche, Mendoza, Ushuaia, El Calafate. Todos ellos tienen motivos de sobra para formar parte de cualquier itinerario. Pero este mapa revela que detrás de esos grandes nombres existe una Argentina mucho más extensa, diversa y todavía desconocida.
Una Argentina que no se entiende solamente por sus ciudades o sus rutas, sino por sus paisajes protegidos.
Y quizá ésa sea la mejor manera de leer este mapa: no como una colección de límites administrativos, sino como una enorme invitación a descubrir el país natural que tenemos delante de los ojos.

