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Caleta de los Loros: el misterio de los submarinos nazis que todavía mira al mar

Una costa solitaria de Río Negro, aguas transparentes, acantilados y una colonia de lobos marinos son el escenario de una de las historias más intrigantes de la Patagonia: la posible llegada de submarinos alemanes después de la Segunda Guerra Mundial.

Carlos Mira, The Post FMGN Press, FIT 2026

Hay lugares que parecen haber sido hechos para guardar secretos. Caleta de los Loros es uno de ellos. En la costa norte de Río Negro, sobre el Golfo San Matías, el paisaje combina acantilados, playas extensas, médanos, aguas transparentes y una sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros puntos de la Patagonia. Pero debajo de esa apariencia serena existe una historia que desde hace décadas alimenta investigaciones, testimonios y preguntas sin respuesta: ¿llegaron submarinos alemanes a estas costas después de la caída del Tercer Reich?

La historia comprobada comienza lejos de Caleta de los Loros, pero en un momento extraordinario de la historia mundial. Alemania se rindió en mayo de 1945, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Sin embargo, dos submarinos alemanes aparecieron semanas después frente a Mar del Plata. El primero fue el U-530, que se entregó a las autoridades argentinas el 10 de julio de 1945. El segundo fue el U-977, que hizo lo mismo el 17 de agosto.

El episodio fue real y está documentado. Lo que ocurrió durante los largos trayectos de aquellas embarcaciones hacia Sudamérica, en cambio, abrió durante décadas un territorio mucho más difícil de navegar: el de las hipótesis.

El U-530 había llegado después de una travesía extraordinariamente prolongada y su comandante, Otto Wermuth, había ordenado arrojar al mar parte del armamento, documentación y otros elementos antes de presentarse ante las autoridades argentinas. La Marina argentina interrogó a la tripulación y el submarino fue posteriormente trasladado a Estados Unidos. El U-977, comandado por Heinz Schäffer, llegó un mes después y también fue sometido a interrogatorios.

A partir de allí comenzó a crecer una leyenda que involucró posibles desembarcos clandestinos, funcionarios nazis, cargamentos secretos e incluso, en sus versiones más extraordinarias, la supuesta llegada de Adolf Hitler a la Argentina. Esta última hipótesis nunca pudo ser respaldada por evidencia histórica confiable.

Pero la costa de Río Negro introdujo una pregunta diferente.

En la zona de Caleta de los Loros comenzaron a acumularse testimonios de pobladores, pescadores y personas vinculadas al mar que aseguraban haber observado submarinos o restos de grandes embarcaciones en el fondo del Golfo San Matías. También surgieron referencias a dos posibles submarinos hundidos frente a la costa. Con el paso de los años, investigadores y buzos intentaron localizar evidencias que permitieran determinar qué había realmente debajo de aquellas aguas.

Nunca se pudo demostrar de manera concluyente que esas embarcaciones fueran submarinos alemanes ni que hubieran llegado allí después de la guerra. Y precisamente ahí reside buena parte del atractivo de la historia: existen testimonios y referencias que alimentaron la investigación, pero falta la prueba definitiva capaz de transformar el misterio en certeza.

¿Fueron realmente submarinos alemanes? ¿Se trató de otras embarcaciones? ¿Pudieron confundirse siluetas en el horizonte, restos de naufragios o movimientos de barcos con la presencia de U-Boote? ¿O todavía existen evidencias bajo el agua que esperan ser descubiertas?

La Patagonia tiene una particular habilidad para conservar preguntas.

Una costa donde la naturaleza es protagonista

Pero Caleta de los Loros tiene una historia mucho más concreta y visible que cualquier misterio submarino: la extraordinaria riqueza de su paisaje.

El área forma parte del Área Natural Protegida Caleta de los Loros–Pozo Salado–Punta Mejillón, en el departamento Adolfo Alsina. El conjunto protege miles de hectáreas de ambientes costeros y tiene entre sus objetivos conservar la biodiversidad y las poblaciones de fauna marina de la región.

Llegar hasta allí también forma parte de la aventura. Desde Viedma son aproximadamente 132 kilómetros por la Ruta Nacional 3 y luego por la Ruta Provincial 52, en buena parte por caminos de ripio. Otra alternativa es recorrer la Ruta Provincial 1, conocida como Camino de la Costa, que acompaña durante buena parte de su recorrido al litoral atlántico rionegrino.

El aislamiento relativo del lugar no es un inconveniente: es parte de su encanto. Caleta de los Loros no es un destino diseñado para el turismo masivo ni una localidad llena de grandes hoteles y restaurantes. Es un territorio para quienes buscan naturaleza, tranquilidad, fotografía, pesca, observación de fauna y largas caminatas frente al mar.

Las playas son extensas y aparecen rodeadas por médanos y acantilados que le dan al paisaje una personalidad particular. El horizonte abierto del Golfo San Matías produce esa sensación tan característica de algunos lugares de la Patagonia: la de estar lejos de todo.

Y allí aparecen los verdaderos protagonistas del lugar.

Los loros que le dieron nombre

El nombre de Caleta de los Loros no es una metáfora. La zona alberga una importante colonia de loros barranqueros, que aprovechan los acantilados para construir sus nidos.

Durante los meses de mayor actividad, miles de estas aves pueden convertir el paisaje en una verdadera explosión de movimiento y sonido. Los vuelos sobre los acantilados, el contraste de las aves contra el cielo y el silencio de la costa crean una de esas escenas que difícilmente se olvidan.

La región también es un excelente escenario para la observación de aves. Flamencos australes, chorlos, playeros y numerosas especies vinculadas a los ambientes costeros forman parte de la fauna que puede encontrarse en distintos momentos del año.

Y están los lobos marinos.

Lobos marinos frente al Golfo San Matías

Aproximadamente cuatro kilómetros de Punta Mejillón se encuentra un apostadero permanente de lobos marinos de un pelo. Es uno de los grandes atractivos naturales de esta zona de la costa rionegrina.

La protección de la fauna tiene prioridad y determinados sectores poseen restricciones de acceso. Por eso, la observación debe realizarse respetando las normas establecidas para evitar alterar a los animales, especialmente durante las épocas de reproducción y crianza.

Para el viajero, esa combinación de mar, fauna y silencio constituye precisamente uno de los mayores atractivos de Caleta de los Loros. No se trata de llegar, sacar una fotografía y continuar el camino. Es un lugar para quedarse un rato, observar, caminar y dejar que el paisaje haga su trabajo.

Un destino para descubrir sin apuro

Caleta de los Loros pertenece a esa Argentina todavía poco conocida incluso para muchos argentinos. Está suficientemente lejos de los circuitos turísticos tradicionales como para conservar una identidad propia y, al mismo tiempo, posee todos los ingredientes para convertirse en una experiencia memorable para quienes disfrutan de la naturaleza.

Conviene viajar preparado para un destino de características agrestes, verificar previamente el estado de los caminos y contar con combustible, agua, alimentos y todo lo necesario para permanecer en una zona donde los servicios son limitados. La planificación es parte del viaje.

La recompensa está en el camino: playas casi desiertas, acantilados, fauna marina, aves, atardeceres sobre el Golfo San Matías y esa sensación de encontrarse frente a una Patagonia todavía auténtica.

Y después está el misterio.

Quizás debajo de esas aguas no haya ningún submarino alemán. Quizás algún día una investigación consiga localizar un naufragio y determinar definitivamente su origen. O quizás la historia permanezca para siempre en ese territorio ambiguo donde conviven documentos, testimonios, recuerdos y leyendas.

Tal vez sea justamente eso lo que hace tan especial a Caleta de los Loros.Porque hay destinos que se visitan para conocer un paisaje. Y hay otros que, además, obligan a hacerse preguntas. En esta remota costa rionegrina, el mar guarda todavía las suyas.

Por Carlos Mira
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