
La administración estadounidense apunta a extranjeros que ingresaron con visas B1 o B2 y posteriormente solicitaron o están solicitando asilo. Si se concreta en la magnitud prevista, sería la mayor revocación masiva de visas en la historia de Estados Unidos.
Patricia Arencibia, The Post FMGN, US Correspondent
La administración de Donald Trump prepara una de las medidas migratorias más contundentes de su segundo mandato: la revocación de hasta 200.000 visas de turismo y negociospertenecientes a extranjeros que, después de ingresar a Estados Unidos como visitantes temporales, solicitaron o se encuentran solicitando asilo.
La cifra de hasta 200.000 personas fue difundida por The Associated Press a partir de documentos del Departamento de Estado y de declaraciones de dos funcionarios estadounidenses. El propio Departamento de Estado confirmó que está llevando adelante el proceso, aunque aclaró que no existe todavía una cifra definitiva y que las revocaciones se realizarán de manera progresiva.
Si finalmente alcanza esa magnitud, se trataría de la mayor revocación masiva de visas en la historia de Estados Unidos y, previsiblemente, enfrentaría impugnaciones judiciales.
La operación apunta a las denominadas visas B1 y B2, destinadas respectivamente a viajes de negocios y turismo. Según los documentos obtenidos por AP, el Departamento de Estado analiza revocar visas emitidas entre 2016 y 2026 cuyos titulares posteriormente solicitaron asilo o actualmente están tramitando una solicitud de protección. La iniciativa se desarrolla en coordinación con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
“Estamos coordinando con el DHS para identificar y revocar las visas de no inmigrante de extranjeros que llegaron a Estados Unidos diciendo que eran visitantes de corto plazo, pero luego solicitaron asilo para permanecer aquí permanentemente”, explicó el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott.
El punto central: visa revocada no significa deportación automática
La medida requiere una precisión importante.
La revocación de una visa no equivale por sí misma a una deportación inmediata. Según funcionarios estadounidenses citados por AP, muchos de los extranjeros que actualmente tienen solicitudes de asilo pendientes serían recategorizados y perderían su condición de visitantes de negocios o turismo, pero eso no significa necesariamente que sean expulsados de Estados Unidos en forma inmediata.
La situación migratoria de cada persona dependerá de su expediente y del estado de su eventual solicitud de asilo.
De hecho, la legislación estadounidense permite que una persona que se encuentra físicamente en Estados Unidos solicite asilo si reúne los requisitos correspondientes. Según el propio Departamento de Seguridad Nacional, la solicitud de asilo puede realizarse independientemente del estatus migratorio, siempre que se cumplan las condiciones establecidas por la ley, entre ellas el plazo general de un año desde el ingreso al país.
Lo que cuestiona la administración Trump es el uso de una visa concebida para una estadía temporal como mecanismo para ingresar al país y posteriormente intentar permanecer en él mediante una solicitud de asilo.
Qué son las visas B1 y B2
Las visas B1 y B2 son algunas de las categorías más utilizadas por los viajeros internacionales que ingresan a Estados Unidos.
La B1 corresponde generalmente a viajes de negocios, mientras que la B2 se utiliza para turismo, vacaciones, visitas familiares y determinados tratamientos médicos. También existe la visa combinada B1/B2.
El gobierno estadounidense considera que quienes solicitan estas visas deben demostrar que su intención es realizar una visita temporal y regresar posteriormente a su país de origen.
Actualmente, quienes solicitan visas B1 o B2 deben demostrar ante las autoridades consulares que tienen intención de regresar a su país y responder preguntas destinadas a determinar si cumplen con las condiciones para una estadía temporal.
Una política de endurecimiento migratorio
La decisión forma parte de una política mucho más amplia impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.
Durante los últimos meses, Estados Unidos incrementó los controles sobre los solicitantes y titulares de visas, incluyendo una revisión más intensa de antecedentes, nuevas exigencias de información y restricciones para ciudadanos de determinados países.
El Departamento de Estado informó además que durante los primeros 18 meses de la administración Trump fueron revocadas aproximadamente 175.000 visas por distintos motivos, entre ellos antecedentes o acusaciones criminales y supuestas violaciones de las condiciones migratorias.
La nueva operación tiene, sin embargo, una característica particular: no se trata de un grupo definido exclusivamente por la nacionalidad o por antecedentes penales, sino por el uso posterior que determinados extranjeros hicieron de su ingreso al país con una visa B1 o B2.
El subsecretario de Estado Christopher Landau defendió la política y sostuvo que el sistema migratorio estadounidense ha sido utilizado mediante solicitudes de asilo que, a juicio de la administración, carecen de fundamento. Landau afirmó que el asilo no debería convertirse en una vía para eludir las leyes migratorias.
Un mensaje también para los futuros turistas
Para quienes viajan a Estados Unidos exclusivamente por vacaciones, negocios, visitas familiares o turismo y cumplen las condiciones de su visa, la medida no representa una cancelación general de las visas B1/B2.
El objetivo declarado es otro: quienes utilizaron una visa destinada a una estadía temporal y posteriormente solicitaron o están solicitando asilo.
Sin embargo, la decisión constituye una señal relevante para todos los viajeros internacionales. Washington está dejando cada vez más claro que considera la visa de visitante como un instrumento estrictamente vinculado a la naturaleza temporal del viaje y que está dispuesto a utilizar la revocación como herramienta de control migratorio.
Para la industria turística internacional, el mensaje es igualmente significativo: Estados Unidos continúa siendo uno de los principales destinos del mundo, pero el gobierno de Trump está elevando sustancialmente el nivel de escrutinio sobre quién puede ingresar, bajo qué categoría y con qué propósito.
Y la dimensión de la medida resulta inédita. Si el proceso finalmente alcanza a los hasta 200.000 titulares estimados por AP, Estados Unidos estaría ante la mayor revocación masiva de visas de su historia.
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