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EEUU endurece la presión sobre Irán con una nueva ofensiva de sanciones económicas

Carlos Mira, The Post FMGN Press

La administración de Donald Trump lanzó una nueva y amplia ofensiva económica contra Irán, con el objetivo declarado de aislar al régimen de Teherán del sistema financiero internacional y cortar los vínculos que todavía mantiene con la economía global.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó la nueva estrategia como parte de una campaña destinada a ejercer una presión financiera de una magnitud inédita sobre Irán. La iniciativa, denominada “Operation Economic Outcast”, busca cerrar los mecanismos que todavía permiten al régimen iraní acceder a recursos, divisas y canales comerciales internacionales.

“Creemos que una advertencia y un conjunto claro de expectativas es apropiado”, sostuvo Bessent durante una conferencia de prensa en Washington. Y dejó en claro que la administración no pretende mantener indefinidamente una política de advertencias: “No tenemos paciencia infinita”, afirmó.

La nueva ofensiva contempla la incorporación de cinco sectores vinculados con la economía iraní al objetivo de las sanciones estadounidenses: las criptomonedas utilizadas por el régimen y por la Guardia Revolucionaria, tecnologías relacionadas con armas, el oro utilizado para estabilizar la moneda iraní, las aerolíneas de Irán y los barcos que transportan componentes y petróleo.

Además, el Tesoro anunció sanciones contra 60 entidades, individuos y embarcacionesacusados de permitir que Irán acceda a tecnología nuclear o misilística, realice operaciones cibernéticas o continúe vendiendo petróleo.

Bessent también confirmó que el gobierno de Trump está presionando a otros países para que acompañen la estrategia estadounidense y se sumen a lo que describió como una campaña de “asfixia económica”.

La presión apunta particularmente a los principales socios comerciales de Irán, entre ellos China, Emiratos Árabes Unidos, Turquía e Irak.

El objetivo: cerrar las vías de financiamiento

La administración Trump considera que las sanciones financieras constituyen una de las herramientas más eficaces para obligar a Teherán a modificar su comportamiento sin recurrir necesariamente a una nueva intervención militar.

Bessent sostuvo que el objetivo es forzar un “embudo” financiero alrededor de Irán y evitar que el régimen pueda seguir utilizando intermediarios y mecanismos internacionales para eludir las restricciones estadounidenses.

Una de las principales preocupaciones de Washington son las empresas y entidades extranjeras que continúan facilitando el comercio iraní, especialmente aquellas vinculadas con la compra y transporte de petróleo.

La administración también puso el foco sobre China. Según funcionarios estadounidenses, una eventual ampliación de las sanciones contra bancos chinos que financien o faciliten operaciones relacionadas con el petróleo iraní podría convertirse en uno de los instrumentos de mayor impacto de la nueva estrategia.

La pregunta que permanece abierta es hasta dónde está dispuesto Trump a llegar en ese terreno.

Una estrategia que ya genera dudas

La nueva ofensiva llega después de meses de advertencias cada vez más duras por parte de Trump y Bessent. Sin embargo, algunos especialistas consideran que las medidas anunciadas podrían ser insuficientes frente a la magnitud de la amenaza planteada por la Casa Blanca.

Adam Smith, quien trabajó sobre las sanciones contra Irán durante la administración de Barack Obama, consideró que la estrategia de Bessent podría ser efectiva precisamente porque Estados Unidos todavía dispone de herramientas para incrementar la presión financiera.

Su argumento es que una combinación de sanciones económicas y presión física podría generar un impacto considerable sobre Teherán.

Pero otros analistas cuestionan si la administración tiene realmente la voluntad de implementar una campaña de sanciones tan amplia como la que está anunciando.

La experiencia histórica tampoco ofrece garantías. Estados Unidos comenzó a utilizar sanciones contra Irán después de la revolución de 1979 y, desde entonces, las medidas económicas se convirtieron en una herramienta habitual de la política estadounidense hacia Teherán.

Durante el primer mandato de Trump, la Casa Blanca recurrió a una política de “máxima presión” después de abandonar el acuerdo nuclear internacional con Irán. La estrategia buscaba reducir los ingresos del régimen y obligarlo a aceptar nuevas condiciones sobre su programa nuclear.

Ahora, Washington intenta llevar esa política a un nivel superior.

Irán desafía la ofensiva estadounidense

Desde Teherán, la reacción fue de abierto rechazo.

Funcionarios iraníes cuestionaron las afirmaciones de Bessent acerca de que Estados Unidos habría desmantelado buena parte de las capacidades militares y nucleares de Irán. El viceministro de Relaciones Exteriores, Kazem Gharibabadi, respondió que las nuevas medidas representan, por el contrario, una demostración de que Washington considera necesario movilizar una enorme cantidad de recursos para enfrentar a Teherán.

La disputa económica se produce además en un contexto de creciente tensión militar.

Durante los últimos meses, los enfrentamientos y las amenazas relacionadas con Irán afectaron el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. Cerca de una quinta parte del petróleo mundial transitaba por esa vía antes de la guerra, lo que convierte cualquier interrupción prolongada en un potencial problema para los mercados internacionales.

La consecuencia ya comenzó a sentirse en los precios de la energía y en las expectativas de inflación.

Irán, por su parte, advirtió que no permitirá que otros países participen o colaboren con lo que calificó como la guerra económica estadounidense.

El jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, llegó a advertir que Teherán no permitirá que una sola gota de petróleo sea exportada a través del Golfo Pérsico mientras continúe la ofensiva estadounidense.

La apuesta de Washington

La administración Trump enfrenta así una disyuntiva compleja.

Por un lado, las sanciones permiten incrementar la presión sobre Irán sin recurrir inmediatamente a una nueva escalada militar. Por otro, cuanto más agresiva sea la campaña económica, mayor será la necesidad de conseguir que aliados y socios comerciales de Estados Unidos acompañen las medidas.

La eficacia de la nueva estrategia dependerá, en buena medida, de esa cooperación internacional.

Bessent parece decidido a poner la presión al máximo. Pero incluso dentro de Washington persiste la pregunta central: ¿puede la “asfixia económica” obligar a Irán a ceder o terminará profundizando todavía más el enfrentamiento entre ambos países?

Por ahora, la Casa Blanca apuesta a que la presión financiera produzca lo que hasta ahora no consiguió la diplomacia.

Por Carlos Mira
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