Una respuesta a Ricardo Forster

Quien incomprensiblemente llegó a ostentar el cargo de “Secretario de Coordinación del Pensamiento Nacional”, como si las ideas argentinas pudieran condensarse en lo que se le ocurre a un delirante y toda pensamiento que quedara fuera de ese marco fuera una idea no-argentina, dijo que en la Marcha de las Piedras del lunes 16 vio “odio” y no dolor entre la gente que llevó su ofrenda pétrea a la Plaza de Mayo para recordar a sus familiares o amigos muertos durante la pésima gestión de la pandemia llevada adelante por el gobierno kirchnerista.

Ricardo Forster -de él se trata- dijo: “Vi algunos carteles y me pareció que ahí no había duelo, sino odio y bronca”. Para él, algunos de los presentes buscaron “demonizar al kirchnerismo… Me hace pensar que esto justo surge a partir de una estrategia de destrucción a la figura del presidente de la Nación de parte de los medios hegemónicos que han sido responsables de la destrucción sistemática de la Argentina”.


A partir de ahora mi comentario adoptará el giro que tendrían mis palabras si tuviera a este impresentable enfrente.

“Mire, Forster, usted debería avergonzarse por el mero hecho de existir… De existir como persona, como ser humano… Porque solo a un sinvergüenza se le puede ocurrir aceptar un cargo que suponga el soberbio iluminismo de haber llegado a decodificar el “pensamiento nacional” para luego, solo aceptar ese mantra, y mandar al crematorio a todas las demás ideas, seguramente, con algún tipo de persecución cuasinazi, bajo el argumento de que son pensamientos no-nacionales… Ese solo hecho ya lo cataloga como un impresentable… No conforme con esa impostura (que seguramente le valieron varios meses -o años- de salario a costa de la sociedad y varios meses -o años- de privilegios pagados por el pueblo cuyo pensamiento usted se proponía regimentar) ahora vuelve al ataque acusando de “odiosos” a los pobres familiares de personas que murieron muy seguramente por las malas decisiones del gobierno que usted defiende… Solo a inescrupulosos como ustedes se le puede ocurrir semejante ofensa. Pero ¿sabe qué, Forster? No es extraño que el ladrón crea que todo el mundo es de su condición… Porque odiar es lo que hacen ustedes. Fueron ustedes los que volvieron a generar el odio de clases y la división de los argentinos que habían ido cicatrizando con los años… Fue Néstor Kirchner y su mujer los que reavivaron esos sentimientos de poner a unos argentinos contra otros y así usufructuar esas divisiones en provecho propio… Fueron ustedes los que construyeron una lógica de “victima/culpable” según la cual los males que sufren algunos argentinos son el resultado de las conductas de otros argentinos”.

“Ustedes y solo ustedes fueron los que hicieron eso, regenerando lo peor del peronismo: la segregación, el resentimiento, la envidia, el rencor…. No conformes con eso, dieron vuelta la tortilla como una media y señalaron con esos cargos a aquellos que los sufren de parte de ustedes, completando un círculo vicioso de asombro y estupefacción…”

“Aquí nadie quiere destruir al presidente, Forster. Excepto, claro está, el propio presidente. Fue él quien cometió los delitos en el ejercicio de sus funciones, no quienes lo denuncian; fue él quien se puso por encima de la ley que él mismo le impuso al resto de la sociedad, no quien lo informa; fue él quien -siguiendo con la lógica de encontrar culpables fuera de su propia persona- señaló a su mujer como la responsable de la ocurrencia que violó las disposiciones del aislamiento, no quienes informaron del hecho a la sociedad… Ustedes, Forster, no están arrepentidos de violar la ley: ustedes tienen furia contra quienes los descubrieron”.

“Ustedes aspiran a volver los relojes del tiempo 400 años atrás en donde el mundo vivía dividido en una casta de nobles con derecho a todo y una muchedumbre de plebeyos que moría de hambre y de enfermedades insalvables por la calle… Eso es lo que ustedes quieren: erigirse en una nueva nobleza a costa del pueblo, a quien engañan con sus versos demagógicos y con un nacionalismo falso que solo sirve para darle coartadas a sus crímenes”.

“¿Sabe qué, Forster? Si eso es el “pensamiento nacional”, pues ¡¡¡VIVA EL PENSAMIENTO EXTRANJERO!!! ¡Vivan las instituciones de otros pueblos que estimulan la multiplicidad de las ideas!¡Viva el pensamiento que permite pensar libremente, viva el pensamiento que no ve a un enemigo en aquel que piensa diferente, viva el pensamiento que permite la diversidad, viva el pensamiento que presume bondad en lugar de odio, viva el pensamiento plural y no aquel que pretende reducir todo el sentir de una nación a la idea única que usted soberbiamente impone! ¡Viva el pensamiento que promueve el gobierno limitado, el castigo draconiano a los funcionarios corruptos… Viva el pensamiento que protege la iniciativa privada, la ocurrencia diferente, la innovación, la creatividad! ¡Viva el pensamiento que reduce el poder del Estado y que agranda el poder del individuo… Viva el pensamiento libre, el que estimula a cada uno a vivir su vida como le plazca independientemente del hecho que su pensamiento no concuerde con lo que usted definió como “nacional”, como si un rayo misterioso le hubiera dado el poder de develarlo!!


Aquí no hay medios hegemónicos excepto los que ustedes pretenden construir, Forster. ¿O pretende hacernos creer que toda la vergüenza de la que el país se entera cada día es la obra de quienes las informan?”

“¡Hágase cargo, Forster! Usted y el gobierno que usted defiende. Acepten sus responsabilidades y dejen de señalar a quienes los descubren. Quienes cometen los hechos son ustedes, Forster, no quienes los cuentan. Y quien dice que esos hechos son delitos es la ley, no los periodistas.

Pero es inútil hablarle a un fanático. Usted nunca cambiará, Forster. Usted siempre será un facho que escracha a los que le descubren sus fechorías. Usted es kirchnerista, Forster, una plaga que, cuando infesta los organismos, los pudre desde adentro”.

Por Carlos Mira
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5 thoughts on “Una respuesta a Ricardo Forster

  1. Eduardo Landin

    Espectacular respuesta Carlos.
    Me encantó.
    Ojalá más gente tuviera tu valor y decisión para intentar poner luz sobre tanta mentira y manipulación social.
    Abrazo

  2. Maria Victoria Storani

    Excelente respuesta Carlos Mira, comparto cada palabra!!!!!

  3. Ruben Elio Iriarte

    Carlos Mira, no dijo nada mas que los somos personas honestas y honorables, algo de que carecen esta casta de delincuentes, y voy mucho mas lejo es algo que empezaron a destruir no solamente la argentina, la cultura del trabajo, las responsabilidades, la meritocracia, solo empezó a valorizarse la sumisión a una persona o partido el peronista, justamente en 1946 comenzó la mayor descendencia de todo lo enumerado, Se creen una casta superior pero gracias a la tecnología actual se le vienen cayendo la careta

  4. Eduardo

    Excelente!! Puesto en su lugar el director de pensamientos. Yo me pregunto,como va a dirigir pensamientos de gente que no piensa? Sería un muy buen administrador del Cinismo,ya que son un gobierno de Cínicos

  5. Horacio Caballero

    Argentina: La urgente necesidad de un Pacto Macroeconómico

    El nacimiento de las Constituciones y finalmente de la democracia moderna no partió de la búsqueda de nuevas formas de gobierno, sino de asegurar la libertad para los ciudadanos y su descendencia y para ello lo fundamental fue y aún es, la necesidad de limitar el poder de los soberanos. Desde la Carta Magna en Inglaterra del 1200 en adelante la libertad de los ciudadanos crece a medida que se limita el poder de los que gobiernan. Un pacto entre el soberano y los súbditos es necesario por el bien del pueblo. Tal fue el principio de nuestro nacimiento como país, el poder nace del pueblo, quién lo delega en sus gobernantes.
    Sin embargo, nuestra consolidación como país organizado provino de una serie de pactos fundacionales previos a nuestra Constitución como acuerdos básicos de convivencia y consenso de lo que se quería para nuestro proyecto nacional.
    Incluso el resurgimiento de la democracia nos exigió un consenso sobre el Nunca más. Luego el Pacto de Olivos permitió reformar el Estado, la Constitución del 94 y establecer una serie de controles cruzados de los poderes del estado y de paso crear un montón de cargos extras para nuestra clase política.
    Pues bien, estos 40 años de democracia nos han demostrado que un pacto puramente político es insuficiente, que debe haber un consenso sobre la economía que queremos y como demostraré a continuación con la evidencia histórica y empírica, un límite a nuestra clase gobernante de todos los partidos y colores. Un límite respecto a la posibilidad de jugar constantemente con nuestra macroeconomía en pos de mezquinos intereses electorales. Nuestra clase política ha demostrado una y otra vez que no pueden dejar de sacrificar el desarrollo a largo plazo en una orgía de periódicos despilfarros para ganar elecciones.
    Sin embargo, hablar así de variables macroeconómicas no tiene mucho sentido para el lector, si antes no precisamos algunos conceptos.
    Mientras la microeconomía estudia el comportamiento de los agentes últimos de la economía como son las empresas, las familias o los individuos, la macroeconomía estudia el comportamiento de la economía a nivel global. Las variables preferidas de la macroeconomía son aquellas que agregan mucha información de diferentes individuos o de diferentes momentos en el tiempo, como ser el PBI o la inflación.
    Ahora bien, muchos políticos desprecian a la macroeconomía porque dicen interesarse en el bienestar de las familias o de las personas como si hubiera una contradicción entre ellas (suena políticamente correcto y oculta su ignorancia de la economía). Es una discusión tonta sobre qué es más importante, la parte o el todo. Por ello creo que para darle a cada cosa su lugar no hay nada mejor que una metáfora.
    Podríamos comparar a la economía de un país con un árbol y el crecimiento saludable o no de ese árbol depende de que tenga buenas raíces. Pues bien, de la manera en que dispongamos las variables macroeconómicas en su raíz dependerá la forma y salud que tendrá ese árbol. Determinará en gran medida el tamaño, variedad y calidad de sus ramas (empresas) y de sus hojas, los individuos (microeconomía). Por el otro extremo, sus hojas saludables obtendrán el oxígeno para que todo el árbol siga creciendo. Como se ve, es un sistema interdependiente. Y esto me puede llevar a otras conclusiones, por ejemplo:
    De las variable macroeconómicas dependerá la forma del árbol, por ejemplo, con forma de pino que crece en una sola dirección, una economía enfocada en un área, como una isla tropical que vive casi exclusivamente del turismo o en el otro extremo, un árbol de copa ancha con muchas ramificaciones como debería ser la economía de un país grande y diverso como el nuestro.
    Pero lo más importante, que necesitan saber los individuos es que las variables macroeconómicas DEBEN SER ESTABLES A LARGO PLAZO para que las personas o empresas puedan tomar sus microdecisiones que a la larga renovarán la energía de todo el árbol. Por ejemplo, en este momento muchos ven que al no existir reglas claras y estables, lo mejor es irse a otros horizontes, y ahí se acaba la metáfora, nuestras hojas de último decidirán cambiar de árbol, cosa que en la naturaleza vegetal no es posible. Pero sí lo es en la economía, como dice una metáfora popular, al final los habitantes votan con los pies, huyendo como en Venezuela.
    Estos últimos años se han caracterizado por una inestabilidad permanente en nuestra macroeconomía, lo cual inhibió e inhibe las decisiones de largo plazo de la microeconomía. Las empresas cuando pueden exportar tratan de hacerlo, pero no invierten demasiado porque las condiciones pueden cambiar y quizás el año siguiente convenga convertirse en importadores de lo mismo que ellos producían, ni siquiera hay que tener muchos empleados por las dudas. O peor aún, alguna decisión intempestiva de nuestros políticos puede hacer desaparecer tu negocio. No se invierte en bienes de capital (por ejemplo maquinaria industrial) porque no se sabe si va a poder pagarla en el futuro próximo.
    La mayoría de las variables macroeconómicas son sintomáticas, o sea, nos muestran lo que pasa y lo que pasó, entonces, lo importante es lo que se dispone en función de esa información. Pues bien, durante las últimas décadas el Estado Argentino no ha tomado ninguna decisión de largo plazo en función de las variables macroeconómicas. La única manera de interpretar las decisiones económicas de los sucesivos gobiernos sin excepción, es a la luz de un solo principio rector, cómo ganar elecciones, como incrementar el poder y cómo mantenerse en el poder. O sea meras tácticas eleccionarias. La única herramienta para la toma de decisiones no son las variables económicas, sino las encuestas de opinión.
    Yendo directo al nudo de la cuestión, no sólo debemos tomar decisiones macroeconómicas de largo plazo, sino además, elegir aquellas que provoquen el efecto más importante.
    De todas esas variables, la que me parece más importante y sobre la que hay que tomar una decisión de largo plazo, de consenso y que debe ser formalizada en un pacto por todo el arco político, es sobre, el tipo de cambio real, la variable más inestable de nuestra historia.
    Por supuesto, antes hay que poner algo en claro, pues muchos dirán, que es imposible porque siempre tenemos inflación. No es así, si hablamos de tipo de cambio real o sea en términos de la paridad del poder adquisitivo (PPA).
    La paridad del poder adquisitivo (PPA) es la suma final de cantidades de bienes y servicios comprados en un país, al valor monetario de un país de referencia.
    O sea el poder adquisitivo real de nuestra moneda en relación a otras monedas medido respecto a una canasta de productos de referencia.
    Lo que sostengo es que desde una visión estratégica, es fácil deducir que siendo un enorme país con sólo 44 millones de habitantes, sólo el 0,5% de la población mundial, la única manera de progresar con un mercado tan pequeño es exportando nuestros productos al mundo. No hay otra manera de conseguir economía de escala para ser competitivos y si no somos competitivos, nos invaden los productos foráneos y no nos alcanzan los dólares para comprarlos. La famosa restricción externa que citan nuestros economistas y que es una consecuencia innecesaria de una economía desquiciada y ciclotímica.
    Simplemente, esto no debería ocurrir si no fuera que nuestros gobernantes cada tanto se dedican a pisar el valor real de las divisas para crear una sensación artificial de bienestar aumentando temporariamente nuestro poder adquisitivo para ganar elecciones. Todo ello a costa de más endeudamiento y nuevas crisis cuando la realidad vuelve por sus fueros.
    La famosa plata dulce, que no sólo se vivió con Martínez de Hoz en el proceso militar, sino que se repitió a gran escala con Menem, que se replicó con Cristina Kirchner y una vez más con Mauricio Macri. No olvidemos tampoco el plan Austral y el Plan Primavera de Alfonsín, ni el empeño de De La Rúa de continuar el 1 a 1. En este aspecto podríamos decir que De la Rúa y Macri subidos al Titanic se enamoraron del Iceberg porque la orquesta seguía tocando.
    Todos armaron la gran fiesta de compra de productos importados y de viajes por el mundo, donde inexplicablemente nos volvíamos ricos y salíamos a reventar todo en una orgía de consumo. Mientras nuestro aparato productivo iba desapareciendo. Finalmente, el COVID ha desnudado los restos de este permanente naufragio.
    Sin embargo, vemos al actual gobierno otra vez, empeñando una excelente cosecha y la plata del FMI, para pagar una nueva fiesta electoral, y luego que reviente todo, lo importante es permanecer en el poder. Qué productor puede tener un horizonte con un poco de certidumbre cuando todo cambia en cualquier momento y no sólo tenés un valor del dólar, sino que tenés valores para todos los gustos y disgustos. Desde el dólar oficial hasta el dólar blue. Por supuesto, el dólar oficial podría llamarse también dólar robo, pues es una suerte de impuesto confiscatorio, nunca legislado, mediante el cual el estado se queda con más del 30% del valor de las exportaciones.
    Qué nos indica el sentido común con una estadística de 50% de pobreza estructural?. Si eso mismo, lo hemos logrado, vivimos en un país pobre, somos pobres. Debemos asumirlo, no se puede resolver un problema si no reconocemos que existe.
    Entonces, puede nuestra moneda tener más poder adquisitivo que la de una superpotencia? Seguro que no, sólo tenemos una economía destrozada para respaldarla.
    Sin embargo, llegó el momento de adoptar un enfoque disruptivo de esa terrible continuidad de irresponsabilidad. Podemos convertir nuestra debilidad en fortaleza. Seamos un país barato, aprovechemos esa ventaja competitiva para invadir el mundo con nuestros productos. O alguien cree que los países asiáticos se convirtieron en potencias entregando sus mercados internos y fomentando que sus habitantes compren todo en el exterior o que paseen jugando al deme dos.
    Lo que nuestros productores deben creer es que nuestra moneda va a tener un valor de paridad real respecto al dólar mucho menor que la media histórica de estos años locos. Y la única forma de que lo crean y se animen a invertir es que nuestros políticos firmen un pacto de mantener esa paridad pase lo que pase, aún a pesar del déficit y de la inflación. Y así por lo menos por 20 años.
    Ni siquiera debemos esperar la famosa lluvia de inversiones, hay muchos millones de dólares bajo los colchones cuando se vea que la ganancia va a ser invertirlos y no esperar la próxima catástrofe. Nuestra población es más inteligente ahorrando que votando. Cuando el dólar está artificialmente barato compra para cuando llegue la próxima explosión. Si no hay más explosiones devaluatorias en ciernes porque ya estaría siempre devaluada nuestra moneda, no va a tener sentido guardarlos y si gastarlos en el país. Si es caro pasear en el exterior, se paseará por nuestro enorme país. Los turistas vendrán a gastar aquí y un largo etcétera.
    Sincerarnos es nuestra mejor chance. Mantener estas temporadas de dólares baratos implica seguir endeudándonos y destruyendo nuestro aparato productivo. En cambio un esquema de dólares siempre caros y por mucho tiempo es fácil de mantener y daría certidumbre a nuestro futuro económico. La vida es incierta, y el trabajo de nuestros políticos debería ser el de darnos ciertas certezas para que libremente elijamos qué y cómo producir. Certeza de que no van a jugar continuamente con las variables macroeconómicas, de que el trabajo será recompensado, de que van a respetar tu propiedad, certeza de que vas a poder jubilarte dignamente y educar a tus hijos. Ese es el Estado que añoramos y que perdimos.
    Dennos estabilidad y verán como este país progresa.
    Insistiendo con el tema del dólar recuerdo que Menem decía que nuestra industria necesitaba ser sometida a la competencia externa para madurar, pues bien, muchos asumieron el desafío de competir. Pero haciendo una analogía de este ejército de empresas lanzadas a la conquista del mundo, nuestro general, no sólo las empujó hacia el fuego enemigo, sino que además los mandó con las manos atadas, con la baja de aranceles y simultáneamente con el dólar planchado nadie podría sobrevivir a la competencia externa.
    Al igual que muchos argentinos tuve la esperanza de que terminado el experimento menemista había quedado en claro para todos que ese no era el camino. Y esa esperanza se notó, pues con el dólar caro y ninguna posibilidad de crédito, nuestro país surgió del 2001 como un corcho de abajo del agua, empezamos a crecer a tasa chinas y con superávit comercial y de cuenta corriente. Duhalde no tuvo más remedio que hacer los deberes y pasado el amargo remedio, nuestra economía comenzó a crecer y siguió así mientras Néstor no sintió la necesidad de comenzar una nueva fiesta para acrecer su 22% de votos con los que llegó al poder.
    Todo este planteo no es nuevo, es más cuando ocurrió en el ya lejano gobierno militar hasta se hicieron películas (La plata dulce) donde se explicaba el esquema ruinoso que se había implementado. Sin embargo, ningún político ahora se anima a plantearlo porque como vimos, y lo digo en criollo, todos tienen la cola sucia, porque en algún momento han copiado esa idea para comprar el voto de una gran franja de la sociedad. Sin ir más lejos, hace unos días escuché al economista y candidato Martín Tetaz que muchas veces criticó esa política, tratando de explicar que la plata dulce de Cristina había sido más perjudicial que la plata dulce de Macri. Quizás hubo una diferencia de tiempo de aplicación y de grado de sobrevaluación del dólar, pero el pecado fue el mismo.
    El economista Melconián se lo advirtió a Mauricio, pero el eligió hacerle caso a lo táctico y no a lo estratégico. Una vez más empeñamos el futuro por una simple elección de medio término. Fue la frutilla del postre y luego todo explotó como lo conocemos. Su objetivo de gobierno se redujo sólo a completar el mandato de un gobierno no peronista.
    Todos los economistas lo saben, mucha gente lo sabe, qué esperamos para explicárselo a los que se dejan aún engañar en cada elección con una fiesta que luego pagarán muy caro? Permitiremos que se siga empeñando el futuro de nuestros hijos?
    Hace unos días dos candidatos discutían sobre la existencia o no del Banco Central. Una vez más la discusión errada. Discuten sobre una herramienta como si tener una pinza fuera suficiente para que algo se haga. Discutir lo instrumental o cualquier cosa que esquive el problema principal. La pregunta correcta es ¿Qué van a hacer con la economía? ¿Qué tiene que hacer el Banco Central para estabilizar la economía y cuál va a ser su política monetaria?.
    Todo el tiempo discutimos temas periféricos o atacamos consecuencias, pero nadie se atreve a plantear las causas reales de nuestra situación actual.
    Volviendo a la metáfora del árbol, en las raíces y el tronco de la economía actúan las variables macroeconómicas y ellas pueden determinar cómo va a crecer el resto del árbol. Estas variables son importantes por ello, pero el otro factor es su estabilidad. En nuestro país no sólo no tenemos en claro cómo debe plantearse la macro, sino que peor aún, nadie sabe cómo se manejará mañana mismo. O sea la fórmula perfecta para el desastre, las empresas e individuos que serían las ramas y hojas del árbol están inmovilizados, no pueden decidir qué hacer, la percepción de riesgo es tremenda. Gran parte del país decide ahorrar en moneda extranjera como una manera de desensillar hasta que se aclare.
    Lamentablemente, el futuro no se espera, se construye y todos vivimos de guardia esperando que la locura de nuestros políticos se disipe y podamos ver hacia dónde vamos. O simplemente esperamos lo peor y nuestros hijos se van yendo a otros horizontes.
    La mala savia que corre por el tronco del árbol envenenado por nuestros eximios dirigentes da frutos amargos, pobreza, delincuencia, ignorancia, desesperanza, falta de inversiones, más impuestos, más planes y menos trabajo genuino. Entonces por ignorancia o por malicia nos distraen atacando las consecuencias y no las causas. Los precios crecen, atacamos a los productores y comerciantes, no al estado que emite dinero con desenfreno. Cae el empleo, aumentamos la planta estatal. Hay déficit, aumentamos los impuestos. Hay pobreza, atacamos a los que tienen medios de producción. Etc. Etc. Cada uno de ustedes puede dar infinidad de ejemplos.
    Finalmente, dibujan una grieta para que los argentinos se enfrenten, pues es más fácil crear culpables que dar soluciones de fondo. Los políticos al principio tienen muchas excusas, pero cuando se les acaban la más fácil es echar culpas. Todos esperamos sin esperanza un acto de humildad.
    Nada se va a solucionar hasta que nuestra clase política haga un acto de contrición por sus pecados, un sincericidio valiente y propongan en su totalidad un acuerdo sobre qué bases va a funcionar nuestra macroeconomía y se comprometan a cumplirlo sea quién sea el que gobierne.
    El poder necesita ser limitado para proteger al ciudadano, históricamente está demostrado que el exceso de poder estatal es lo más perjudicial para una vida democrática y el respeto de los derechos individuales y sociales. La limitación de los que ejercen el poder es la única garantía de la libertad.
    El Estado no te cuida, nosotros debemos cuidarnos del Estado. El Estado cuida si siente la obligación de cuidarnos. Parafraseando al general “El Estado es bueno, pero si se controla es mejor”
    Ahora bien, cómo lograr este cambio. Ahí va un bosquejo de plan:
    Primera etapa: Los reyes están desnudos. Explicar a todos y difundir esta trampa en la que caemos una y otra vez hasta que todos abran los ojos y admitan como en el cuento que no hay ropas atractivas, sino que la verdad es la desnudez de nuestros políticos. Falta de grandeza, cortedad de objetivos, codicia del poder y deshonestidad. Que la única grieta es entre los que trabajan y los que dicen administrarnos.
    Segunda etapa: La vergüenza. Al sentirse desnudos de sus mentiras y falsas opciones alguno tendrá que tomar el camino de plantear un futuro posible y honesto. Sino las fuerzas vivas de este país, asociaciones industriales, agrarias, iglesias, sindicatos, etc. Los presionarán hasta que reaccionen.
    Tercera etapa: El acuerdo. Un acuerdo de largo plazo que todas las fuerzas políticas deberán respetar respecto a las variables macroeconómicas cuya estabilidad deberán mantener. O sino caerán en la denuncia y el escarnio ante la sociedad.
    En particular es mi opinión que la variable central debería ser el mantenimiento de un tipo de cambio real inferior al valor de paridad de las divisas extranjeras. Esta sola estabilización terminará con el juego de los tipos de cambio, será posible de mantener en el tiempo (al contrario de la ruinosa política de dólar barato) y dejará al desnudo cómo se desempeña cada gobierno ante las otras variables como la inflación o el gasto público. No tendrán otra opción que hacer bien sus deberes.
    Las fiestas electorales deben terminar. Basta del dólar fiesta. Este año se quemarán en la hoguera la renta extraordinaria de la soja peronista y la plata del FMI con la sola misión de mantener pisado el tipo de cambio y un gasto desenfrenado para ganar las elecciones. Luego de nuevo que reviente todo.
    Para colmo los sufridos votantes no tenemos opciones sobre el futuro. Nuevamente en estas elecciones deberemos decidir sobre lo urgente para conjurar una de las dicotomías que nacieron de este árbol envenenado. Democracia o totalitarismo populista.
    El largo plazo seguirá esperando.

    Horacio José Caballero
    Ingeniero de Sistemas
    DNI 16.743.021

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