Pobres infelices

Mientras esto se escribe, la Cámara de Diputados, busca aprobar el llamado Aporte extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia” (mucha palabra para justificar un manotón a la guita de otro, un robo, bah…).

La gran cuestión en un país de economía bi-monetaria, como dijera la comandante de El Calafate, es que valor del dólar se va a tomar para valuar las propiedades en pesos. A pesar de que el bloque del Frente de Todos siempre dijo que alcanzaría a un universo no mayor a 12.000 personas físicas,  es clave determinar qué valor del dólar se tomará para el cálculo de los bienes: si es el de finales de 2019 ($63) o el del día de la promulgación de la ley (ya está encima de los $80 y subiendo). Como se paga por patrimonios superiores a 200 millones de pesos, la base de afectados será mayor con un tipo de cambio más alto, si se tiene en cuenta la influencia de activos nominados en dólares, como propiedades o acciones.

El proyecto señala que estarán alcanzadas por el aporte extraordinario “las personas humanas y sucesiones indivisas residentes en el país”, los argentinos con residencia fiscal en paraísos fiscales y los argentinos que tienen residencia en el exterior (pero en este caso exclusivamente por sus bienes en el país) cuando sus bienes declarados superen los 200 millones de pesos. En principio el dictamen que se debate establece como fecha de valuación el día de promulgación de la ley.


La redacción final deja afuera a las empresas, uno de los puntos que más controversia había generado al anunciarse la idea. Sin embargo, las participaciones en empresas sí cuentan, lo que podría implicar un desaliento a la inversión, como denuncia la oposición. El Foro de Convergencia Empresarial ha sido muy crítico del mensaje que significa la eventual aprobación del tributo, al que califica de “confiscatorio”.

Precisamente, este es el punto. Este impuesto (por más que se lo quiera edulcorar con la palabra “aporte solidario, etcétera, etcétera” [desconfiá cuando te metan la palabra “solidario” o “extraordinario”]) grava los stocks, es decir, el patrimonio completo declarado.

Además de ser, desde ese punto de vista, un impuesto que redunda sobre uno ya existente configurando una caso inaceptable de doble imposición, lo cierto es que no grava una circunstancia especial de “riqueza” (como podrían ser, no sé, los “relojes de oro”) sino el stock total del patrimonio de una persona.

De modo que si alguien puso dinero, por ejemplo, para una planta para trabajar y dar trabajo resultará alcanzado por este impuesto. Eso obliga a un rebautizo nominal del gravamen para que a la gente le quede más claro lo que se está gravando: el verdadero nombre del impuesto debería ser “impuesto a la inversión”. Es decir, una tasa que se cobra a quien puso dinero para trabajar.

¿Cómo puede irle a un país que decide ponerle un impuesto a los que invierten? Y… mal.

En primer lugar, el gravamen es una pésima señal para todo el que observa el escenario argentino y ve cómo el país decide sus disyuntivas. Si en lugar de ajustar gastos para adecuarse a una realidad más austera, sale a meterle la mano en el bolsillo a aquellos que se encontrarían en mejor posición para poner su capital a trabajar para multiplicar la riqueza y generar trabajo y mejor nivel de vida, es natural que esas personas adoptarán una postura de salvaguarda futura de sus pertenencias, en lugar de afincarlas en el país para dar trabajo aquí.

Es lo que sabiamente advirtió en su momento el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou cuando se lo consultó sobre el particular. “No gravaría a aquellos que, cuando esto acabe, estarán en mejores condiciones para poner los motores uruguayos a funcionar”.


El kirchnerismo tiene la mirada del ladrón tal y como los comunistas como Heller, coautor del proyecto: siempre identifican una víctima para desvalijarla sin importarle lo que ocurre luego con ellas. En todo caso, en el futuro buscarán otra víctima… como lo ladrones.

El problema es que cuando los ladrones desvalijan a todas sus potenciales víctimas, como ellos no producen nada, todos (ladrones y víctimas) serán pobres: los ladrones porque, como típicos inútiles, despilfarraron lo que robaron y las víctimas porque ya le han sacado todo.

Esta es la representación gráfica de lo que le sucederá a la Argentina en la medida en que persista en burradas como ésta: un país devastado por la miseria y una nomenklatura millonaria (pero inútil) que vive de lo que le robó a los productores. El tiempo pasa y el país no aprende. Hoy una multitud de parásitos aplaudidores se agolpaba enfrente del Congreso para presionar a la aprobación del impuesto. Creen que el dinero será para ellos… ¡Pobres infelices!

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