Aruba

La principal duda del año que comenzó

El año en que la Argentina irá a las urnas para elegir presidente ha comenzado.

Y ese comienzo está acompañado por las dudas que todo el mundo conoce: ¿cómo hará el próximo gobierno para encarar la enorme reconstrucción que supone la tabla rasa que ha dejado en kirchnerismo después de 20 años ininterrumpidos de influencia directa en la conformación social del país?

Porque el mayor desastre no es de naturaleza económica. Por lo tanto su arreglo no depende de una mayor maestría en esa área. El más grande daño que el kirchnerismo ha perfeccionado en estas dos décadas está hundido en el más profundo tejido sociocultural del país, en ese arco etéreo de valores que conforman las creencias mas perdurables de la sociedad.

El kirchnerismo ha cerrado un círculo perverso que comenzó por profundizar lo que ya venía maltrecho en la Argentina desde hacía tiempo: la distinción entre lo que está bien y lo que está mal.

Esa división primaria, elemental, grosera que toda sociedad discierne simplemente porque sí, en la Argentina entró en confusión hace mucho.

Pero el kirchnerismo no solo la empeoró, sino que dio dos pasos más hacia la profundización de la anomalía.

Primero envío mensajes inequívocos de que entre el Bien y el Mal era preferible elegir el Mal. En ese orden hay que incluir su prédica contra el mérito, contra el esfuerzo, contra lo correcto, contra las tradiciones, contra las costumbres familiares, contra la distinción, contra los buenos modales, contra la educación, contra la tolerancia y contra la concordia.

Pero su camino hacia la destrucción mental de la Argentina no se detuvo allí. Su siguiente paso fue trasmitir subliminalmente la idea de que había que sentirse orgulloso por la preferencia por el Mal.

Así, en lugar de admitir que arrojar 14 toneladas de piedras sobre la democracia está mal, anticipa que, de controvertirse su poder, arrojará el doble.

En esa línea pueden anotarse varias reivindicaciones de lo que está éticamente mal, de lo que axiológicamente es menos valioso y de lo que moralmente es reprochable.

Desde altas autoridades manifestándose de las maneras más soeces hasta terminar con la frutilla del postre y confesar públicamente que no se cumpliría con lo dispuesto por una sentencia de la Corte Suprema de Justicia, fueron varios los misilazos kirchneristas contra la mismísima idea de vivir en una sociedad armónica.

Ese veneno ha ingresado en la mente de millones: desde la reivindicación del robo, hasta el avasallamiento a la propiedad privada y a la existencia de un orden que torna civilizada la vida, todo ha sido insuflado en los pliegues más íntimos de la conciencia de dos generaciones de argentinos.

Cortar con el endiosamiento del Mal y trasmitir que, de ahora en más, son los valores del Bien los que van a determinar cómo le va a cada uno en la vida (sueños, educación, mérito, trabajo, esfuerzo, dedicación, respeto, orden, ley, consecuencias por los actos propios) significará una trompada de tal magnitud contra lo que millones de argentinos tienen hoy como “sentido común medio” que las reacciones pueden ser fortísimas, incluso violentas.

Cuando se anoticie a millones que la forma de vivir ya no será la que la Argentina dio por descontada por décadas, muchos pueden estar decididos a presentar batalla; a arrojar miles de toneladas de piedras contra todo.

Naturalmente el nuevo gobierno deberá tener las cosas muy claro cuando llegue ese momento. No solo para insistir en su nueva prédica sino para sofocar la rebelión.

Allí también la sociedad deberá tomar la decisión respecto de qué lado está.

La maestría económica sobre lo mucho que hay que hacer en ese terreno (fundamentalmente en una amplia tarea derogatoria de las múltiples mordazas que el dirigismo ha construido durante todos estos años) quedará a la altura de un poroto al lado de la fortaleza y cohesión que el nuevo gobierno deberá tener para hacer sólido un cambio de paradigma en la Argentina: uno que traslade el eje del Mal, sobre el cual ha girado toda la vida nacional en las últimas siete décadas, al eje del Bien para que soñar con un país distinto no sea una mera utopía sino una opción alcanzable.

Por Carlos Mira
Si quieres ayudarnos a respaldar nuestro trabajo haz click aquí
o podes comprarnos un Cafecito.
>Aruba

11 thoughts on “La principal duda del año que comenzó

  1. Gustavo E. Rojo

    Estimado Carlos, concuerdo con Usted: la del país es degradación cultural. Ardua tarea revertir eso. No advierto entre los protagonistas ni la clarividencia ni la energía política para hacerlo

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *