La casta

Se van conociendo más candidatos a ocupar lugares en el gabinete de Fernández, de Cristina Fernández, quiero decir.

La sensible área económica aparece bastante parcelada tal como fue la costumbre durante la era Macri. Para lo que sería el ministerio de economía se barajan los nombres de MartÍn Abeles y Martín Guzmán.

El primero es un economista cuyo rasgo más destacado es haber trabajado para la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, agrupación que, con sus consejos, hundió en el subdesarrollo a la región durante décadas, adscribiendo a fórmulas fracasadas y quedadas casi 100 años en el tiempo -como es la anticuada teoría del deterioro de los términos de intercambio- sin advertir por dónde pasaban los nuevos ejes del comercio, del desarrollo y de las ventajas competitivas de los países. Muy bien, nosotros, en pleno siglo XXI podríamos poner a manejar la economía del país a un señor que aún cree en esas sandeces.

El otro, Guzmán, es un colaborador de Joseph Stiglitz que ataca a los organismos multilaterales de crédito y que propone dejar de pagar la deuda y los intereses por varios años. No se sabe si el apresurado cariño mostrado por el presidente electo proviene de que Guzmán trabajó con un premio Nobel que encandiló a Cristina Fernández cuando comenzó a hablar mal del FMI y de los EEUU.

“Peronia” -el reino imaginario propiedad exclusiva del peronismo- es tan primate al elegir sus preferencias (y las razones por las que prefiere lo que prefiere) que es muy posible que el solo hecho de que Guzmán haya trabajado con un insultador profesional del “neoliberalismo” haya sido suficiente para extenderle un carnet de socio.

Lo cierto es que estos son los nombres y estos los motivos por los que Abeles y Guzmán se posicionan bien para ocupar la cartera económica.

En Agricultura el caso es más grave. Para ese lugar el candidato es Luis Basterra (foto), un marxista declarado, simpatizante del ERP y propulsor de la 125 en su momento y de la reforma agraria que promete Juan Grabois. No sería extraño que los adelantos de Felipe Sola (“para mantenerse en política hay que hacerse el boludo”, sic) sobre Junta Nacional de Granos y Junta Nacional de Carnes finalmente terminen concretándose para volver en el túnel del tiempo 80 años hacia atrás y nacionalizar los mercados de comodities más importantes de la Argentina.

El camino venezolano parece llegar más rápido de lo esperado para la Argentina. Y el primer capítulo que quiere asegurarse esta avanzada es la conformación de la casta privilegiada que será la nueva corte medieval, típica de los socialismos fachocomunistas al estilo castrista.

En ese sentido es también notorio el espacio que va ganando La Campora. Virginia García, ex cuñada de Máximo Kirchner y ex jefa de la AFIP de Santa Cruz, recalara en la Dirección General Impositiva de la mano, obviamente de Cristina Fernandez.

Rodrigo Rodra manejará la “caja” de la Cámara de Diputados desde la Secretaría Adminstrativa para tener bien controlado a Sergio Massa. En la AFIP se instalará un típico doble comando con Mercedes Marcó del Pont (que a pesar de contar con la simpatía de Cristina Fernández era más bien una candidata de Alberto) y Patricia Vaca Narvaja, ella sí directamente puesta por la multiprocesada vicepresidente electa.

En el PAMI se ubicará otra camporista, Luana Volnovich, y Néstor Toribio quedará a cargo de la Comunicación Pública (léase “pauta”) del grupo BAPRO.

En el ámbito de la seguridad, campo en el que quizás se hayan anotado los principales triunfos de Mauricio Macri como presidente (junto con la política de relacionamiento exterior) fue vetado por Cristina Fernández, como ya se sabe, Diego Gorgal un especialista formado en la materia y que, más allá de las diferencias que podría tener con la administración saliente, coincide con ella en que un delincuente es un delincuente y una víctima es una víctima.

Muy bien, ahora iría allí una amiga de Horacio Verbitzky, funcionaria del ministerio de defensa durante la gestión de Garré, la antropóloga Sabrina Frederic, que llega con el impulso de su anterior jefa que operó su nombre con la multiprocesada para que el nuevo enfoque sobre la seguridad vuelva a poner en el centro del cuidado social al delincuente y no a la víctima. Otra vez sopa.

El virus kirchenerista ha borrado de la faz de la Tierra todo vestigio de “albertismo” si es que semejante fantasía existió alguna vez. El pavimento hacia Caracas luce fresco y reluciente. En la Argentina viene a instalarse una Corte de privilegiados que esclavizará al ciudadano común, lo condenará a la única igualdad que conoce -la igualdad de la miseria- y que éste lamentablemente endosó movido por un rencor que no sé de dónde viene y por  una ignorancia que pocas veces habrá tenido un precio más alto.

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