H(oja) D(e) P(apel)

Todo el mundo conoce la elocuente expresión que cualquier parroquiano de bar usaría para describir a un mal parido.

Fue la que le vino a la boca ayer a muchos argentinos mientras escuchaban al presidente Fernández.

Disfrazado para la ocasión, con su habitual muñeco de “bueno” y “razonable”, el presidente, una vez más dijo que era momento “para estar unidos, para estar todos del mismo lado, para ser solidarios”.


No habían pasado más de unos cuantos segundos de esas falsas apelaciones cuando Fernández, con su mejor cara de nada, hundía el puñal ladino, traicionero, ponzoñoso y cizañero al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por su postura ante las clases presenciales en las escuelas.
Tampoco se privó de dirigir una de esas estocadas venenosas a la Corte Suprema por haber avalado constitucionalmente la postura de la ciudad.
¿Cómo calificar a quien tan sólo un par de minutos después de apelar a la unidad y a la solidaridad le clava u puñal por la espalda al adversario al cual le había ofrecido una tregua dadas las circunstancias que él mismo describe como dramáticas?

De nuevo, no alcanzo a pensar otra cosa que no esa expresión estomacal con la que se llenaría la boca cualquiera en un bar de la esquina frente a una repugnancia semejante.

No es la primera vez que el presidente echa mano de estas bajezas. Más que mojones excepcionales en la moderación de un discurso son la verdadera naturaleza de su espíritu cachafaz y de guapo de oropel.

En la expresión política, la “indirecta” y el sarcasmo deben ser de los mecanismos más bajos que puedan anotarse. Símbolos de la cobardía y de baja estatura política, la “indirecta” y el sarcasmo hablan de quiénes los utilizan, no de aquellos a quienes van dirigidos.

ero si esa crítica ética no fuera suficiente, el presidente no logra zafar tampoco de los números duros de la evidencia; de la contundente muestra de lo que ocurre en la realidad.

Concretamente, en el punto referido a las clases presenciales, los números oficiales de la provincia de Buenos Aires y de la Capital harían que deba guardar su palabras allí donde el cuerpo humano no recibe el sol.

En efecto, al 19 de abril -el día que se anunció el fin de las clases presenciales en la provincia- Kicillof tenia, en números redondos, 10000 contagios diarios. Hoy, un mes después, sin clases para los chicos tal como lo dispuso el soviet supremo, cuenta 14000 casos por día, un 40% más.

La Ciudad de Buenos Aires, el 19 de abril reportaba 2996 casos. El 19 de mayo, un mes después, con los chicos yendo a la escuela, reportó 3060 casos, es decir, un 2% más.

El presidente debería revisar su exasperante y altanera ignorancia antes de jugar con sus insoportables indirectas.

Pero el Fernández incurrió en otro pecado. En todo momento utilizó el tono de un comentarista, el de un profesional del análisis de situaciones que provocan o ejecutan otros.

Sin embargo la cruda realidad indica que él, su vicepresidente y el conjunto de inoperantes y corruptos que integran su gobierno son los que han provocado la situación por la que el país atraviesa.

Ellos, con su proverbial impericia, con su insoportable soberbia hueca, con su alarmante improvisación e ignorancia, han dirigido al país al desastre en el que se encuentra.

Hoy la Argentina es el país con más muertos de la Tierra por millón de habitantes. Los comentarios de los diarios del mundo describen con una triste compasión la situación de un país en donde un infectado puede tardar menos de una semana en morirse, como relata la edición de ayer del diario británico The Guardian.

Uno mismo recibe mensajes solidarios de amigos extranjeros que se compadecen por las noticias que reciben desde la Argentina.

El kirchnerismo con su agenda de odios propios es el que ha provocado lo que hoy padecemos.

Es su sospechosa impericia la que nos dejó sin vacunas y sin tests. Es su irresponsabilidad la que rechazó el acuerdo con Pfizer y supeditó la salud de los argentinos a los caprichos ideológicos de la señora de Kirchner.

Es el kirchnerismo el que quiere cambiar las reglas para elegir el procurador general mientras la gente se muere por falta de inmunidad.

Es el gobierno de Fernández el que cortó los vínculos con el mundo civilizado que hoy provee de vacunas a quienes quieran comprarlas.

Pero el presidente se pone su traje de “papá bueno” y se dirige a la gente sobreactuando un tono conciliador para anunciar que estamos igual que en marzo de 2020, pese a que el ejército de ocupación que el preside con las ropas de un regente, fundió al país a fuerza de encierros cavernícolas, sin otra estrategia que no sea el embrutecimiento y el empobrecimiento del pueblo.

Cualquier argentino de bien no pudo haber sentido otra cosa que vergüenza después de haber escuchado al presidente ayer.

El principal responsable de que la Argentina sea hoy un contra ejemplo mundial, se sube a una alta torre, levanta su dedo y se da el lujo de darnos lecciones con el ropaje de los sarcasmos.


Naturalmente los Fernández no han llegado adónde están hoy porque cayeron de un aerolito. Una parte electoralmente decisiva de la sociedad les dio el salvoconducto para ocupar el lugar que ocupan

Lo que habría que preguntarse es si al menos esa gente que votó así no se merece lo que les está pasando.

Pero de lo que no puede caber ninguna duda es de la injusticia que sufren los que advirtieron el problema antes de que sucediera y votaron en contrario. Ellos si que cargan una cruz injusta, irredenta y sin solución a la vista.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “H(oja) D(e) P(apel)

  1. Anónimo

    GENIAL!!!!!!!!!!!!!!!!!! CADA UNA Y TODAS LAS EXPRESIONES DE MIRA DEBEN RECORRER EL MUNDO ENTERO, HASTA EL ´´ULTIMO RINCÓN DEL PLANETA!!!!!!!

  2. Moni

    Excelente! sos un genio con las palabras! Expresas tan bien esta realidad , especialmente para los que referencias en el último párrafo

  3. Gonzalo

    Cómo de costumbre sos claro y elocuente.

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