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El “pequeño” detalle del que nadie habló en el presupuesto

¿Sería posible construir un edificio sin contar con un metro? Obviamente no. Las elementales decisiones sobre las medidas de la obra, las distancias, los cálculos, las previsiones sobre la necesidad de materiales, en fin, todas las cuestiones que hacen a que el edificio pueda ser proyectado y construido dependen de contar con un elemento que nos permita tomar medidas de modo correcto y fehaciente.

La Argentina vivió los últimos tres días con discusiones sobre el presupuesto olvidado el principal presupuesto de un presupuesto. Sesudos debates sobre las cuestiones políticas escondidas en los artículos del proyecto que debía debatir el Congreso, la cuestión relativa a utilizar el presupuesto como una coartada para modificar, establecer, eximir o terminar con las exenciones de impuestos, pulseadas de poder entre los bloques, en fin, todo tipo de especulación alrededor del presupuesto que parecían dar por descontado que el principal elemento con el que se debe contar para elaborarlo el país efectivamente lo tenía.

Pero resulta que no, que no lo tiene. Con lo cual todo lo que pueda discutirse alrededor de una ley, o de un proyecto de ley, cuyo principal requisito no es cumplido es completamente banal e inútil.

Para elaborar un presupuesto que sirva a sus fines es necesario saber de modo aproximado cuál va a ser el esquema de ingresos y egresos, es decir, cuánto se va a gastar en el próximo año y con qué recursos se va a contar.

Ninguna de esas dos incógnitas puede revelarse sin contar con un elemento de medición seguro y estable que permita saber que los valores tomados en consideración en el momento de elaborar el presupuesto se mantendrán firmes y estables.

La Argentina no cumple ese primer requisito, esencial para elaborar un presupuesto confiable y serio: el país no tiene moneda, está, en ese sentido, como el arquitecto con pretensiones de construir un edificio pero que no tiene un metro para elaborar los planos.

El país está a la deriva en materia de cálculo económico. Sin moneda no puede calcularse nada. Se trata de un barco sin brújula, de un andar a tientas, como los ciegos.

Por eso llama la atención la enjundia de algunas discusiones cuando lo que se está discutiendo no puede discutirse por el simple hecho de que no existe; o no existe, al menos, como realidad proyectable y calculable.

Además, como si fuera poco, los parámetros de “actualización” que supuestamente deberían forzar una simulación de estabilidad por la vía de calcular la pérdida de valor adquisitivo de la moneda (o, lo que es lo mismo, la pérdida de la capacidad de la moneda de medir valores) son completamente mentirosos y basados más en consideraciones políticas que económicas.

Así, por ejemplo, el ajuste por tasa de inflación (que debería corregir el cálculo económico para tratar de mantener constantes los valores considerados) está completamente  desequilibrado. Sostener que la inflación de 2023 va a ser del 60%, considerando el punto de partida, es una tomadura de pelo que torna aún más inútil todo lo calculado. Lo mismo puede decirse de la tasa del tipo de cambio y del crecimiento del PIB.

Es decir, es como si el arquitecto no solo no tuviera un metro confiable sino que, además, al metro que tiene lo desfigura con marcas completamente aleatorias que no guardan ninguna relación con el sistema métrico decimal. Lo más probable es que su edificio se caiga a pedazos con toda la gente adentro.

Algo así está pasando en la Argentina. El país se empeña en hacerse el “civilizado” mandando al Congreso, tal como lo indica la Constitución, un proyecto de ley de presupuesto en la fecha que corresponde e iniciando allí debates maratónicos (que no sé por qué extraño misterio siempre deben comprender las madrugadas) sobre 4500 páginas de embustes.

Nada de lo que aparece allí es discutible porque no se puede medir. Todo lo que está escrito en esa maraña es un dibujo inventado que no conduce más que a errores, a “derrumbes” y a trapisondas políticas para que el presidente disponga de recursos discrecionales por encima de los “presupuestados” que la inflación le regala como maná del cielo.

Es cierto que este año, los diputados de la oposición al menos lograron imponer un impedimento para esa arbitrariedad estableciendo que la disposición de todo “ingreso” por encima de los presupuestados deberá contar con la aprobación legislativa, prohibiéndole expresamente al presidente apropiarse de esos “recursos” sin que el Congreso diga cómo debe usarlos.

Se trata de un parche que confiesa indirectamente que el metro utilizado para hacer las mediciones es trucho y que por lo tanto las mediciones son falsas, como consecuencia, inútiles.

Si el país y su clase política se conforma con este juego de apariencias allá ellos. Pero lo cierto es que nada bueno puede esperarse para el pueblo de un manejo como éste. La sociedad debería exigir, antes que ser la espectadora idiota de un vaudeville de segunda, que el país cuente con una unidad de medida segura y estable que haga posible el cálculo económico.

Mientras la Argentina no tenga moneda todo este tipo de espectáculo podrá contentar a los aficionados a las “roscas” pero a los efectos de solucionar de verdad los problemas y encarar programas efectivos que mejoren la vida de la gente, será todo un ruido tan inútil como el presupuesto que se pretende usar como guía de ruta para transitar ese camino.

Por Carlos Mira
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2 thoughts on “El “pequeño” detalle del que nadie habló en el presupuesto

  1. Manuel Gómez de la Lastra

    Viene a cuento mi trabajo “Es posible pensar en pesos en la Argentina?”, publicado el martes 11/02/2020, en el diario “LA LEY”. En él concluyo: “Osados que endilgáis a los demás conductas equivocadas, sin razón, sin ver que sois la ocasión de aquello que imputais”.

  2. Matias

    Todo en esta republiqueta es inútil. Nada funciona. Y son todos socios. La oposición es tan vergonzosa como el oficialismo, el Nazi de Milei incluído. No hay un sólo diputado/senador que respete la palabra dada. El último era, mal que pese Milei, y finalmente faltó a su palabra y permitió la aprobación de ese mamarracho. NO HAY SALIDA. Este país debe terminar explotando, pero bien, con sangre y muertes (preferentemente del lado de la casta) y aún así dudo que mejore mucho.

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