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St. Regis: 122 años de lujo, historia y una tradición que nació en la Quinta Avenida

El St Regis, recién inaugurado en NYC en 1904

El 4 de septiembre de 1904 abría sus puertas en Manhattan el hotel creado por John Jacob Astor IV. Más de un siglo después, aquella apuesta de la Edad Dorada de Nueva York se convirtió en una de las marcas de lujo más reconocidas del mundo.

Stella Maris Haus, The Post FMGN Press

Hay hoteles que ofrecen alojamiento. Y hay hoteles que terminan formando parte de la historia de una ciudad.

The St. Regis pertenece a la segunda categoría.

En estos días, la marca celebra 122 años desde la apertura de su primer establecimiento, el legendario St. Regis New York, inaugurado en Manhattan en 1904 por John Jacob Astor IV, uno de los grandes nombres de la aristocracia económica neoyorquina de la llamada Gilded Age.

La celebración difundida por distintos establecimientos de la cadena —entre ellos The St. Regis Bal Harbour— recupera precisamente esa idea: “From one Best Address to another”. De una dirección emblemática a otra, la marca reivindica una tradición que comenzó en la Quinta Avenida y terminó extendiéndose por las principales capitales y destinos del mundo.

La apuesta de un Astor

Cuando Astor decidió levantar el St. Regis, Nueva York atravesaba una transformación vertiginosa. Manhattan se expandía hacia el norte y la Quinta Avenida comenzaba a consolidarse como el gran eje residencial, comercial y social de la ciudad.

Astor quiso construir algo más que un hotel: pretendió crear uno de los establecimientos más sofisticados de Estados Unidos, capaz de competir con los grandes hoteles europeos.

El edificio fue diseñado en estilo Beaux-Arts por el estudio de arquitectura Trowbridge & Livingston. Con sus 18 pisos, tecnología avanzada para la época y una decoración extraordinariamente suntuosa, se convirtió rápidamente en una referencia de la hotelería de lujo.

La inversión fue enorme para aquellos tiempos. Mármol, bronce, muebles de estilo Luis XV, alfombras orientales, arañas de cristal y una biblioteca con libros encuadernados en cuero formaban parte de un interior concebido para competir con las residencias privadas de la elite neoyorquina.

Pero el verdadero diferencial estaba también en la tecnología.

Cada habitación contaba con teléfono propio, algo extraordinariamente moderno en 1904. El edificio disponía además de sistemas de calefacción y refrigeración central, alarmas contra incendios, aspiración centralizada y hasta conductos de correo en los pisos.

El hotel abrió oficialmente sus puertas el 4 de septiembre de 1904.

Y la apuesta funcionó.

El hotel de la alta sociedad

El St. Regis nació íntimamente ligado al mundo social de los Astor.

La madre de John Jacob Astor IV, Caroline Astor, era una de las grandes figuras de la sociedad neoyorquina de la época. Su célebre círculo de los “400” representaba la cúspide de la alta sociedad de la ciudad durante la Edad Dorada.

El nuevo hotel rápidamente se convirtió en escenario de reuniones, encuentros sociales y acontecimientos de la elite.

La prensa de la época lo recibió como una de las grandes novedades de la hotelería estadounidense y el establecimiento comenzó a ser asociado con una combinación hasta entonces poco habitual de sofisticación, tecnología y servicio personalizado.

Astor, sin embargo, no disfrutaría demasiado tiempo de su creación.

En 1912 murió a bordo del RMS Titanic, cuando tenía 47 años. Su muerte convirtió al empresario y visionario hotelero en uno de los nombres más recordados de aquella tragedia.

El nacimiento de algunos de sus grandes rituales

Con el paso de las décadas, el St. Regis no solamente conservó su prestigio: también comenzó a construir una identidad propia.

Uno de los grandes símbolos llegó en 1932, cuando el hotel incorporó el célebre mural Old King Cole, realizado por el artista estadounidense Maxfield Parrish. La obra terminaría convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles del hotel y en una referencia estética para establecimientos St. Regis posteriores.

Dos años después apareció otra tradición destinada a convertirse en un clásico internacional: el cóctel que posteriormente sería conocido como Bloody Mary.

Lo que comenzó como una creación del bar del St. Regis terminó transformándose en uno de los cócteles más famosos del mundo y en una de las tradiciones gastronómicas asociadas a la marca.

El servicio personalizado de mayordomos, los rituales de bienvenida y el célebre servicio de champagne son parte de una filosofía que busca que la experiencia St. Regis sea reconocible independientemente de la ciudad en la que se encuentre el huésped.

De Manhattan al mundo

El St Regis hoy

La historia que comenzó en la Quinta Avenida terminó convirtiéndose en una marca internacional.

Actualmente, St. Regis Hotels & Resorts forma parte de Marriott International y su presencia se extiende a decenas de hoteles y resorts alrededor del mundo. La compañía mantiene como pilares de la marca aquella combinación original de innovación, servicio personalizado y lujo.

El St. Regis New York, ubicado en 2 East 55th Street y Quinta Avenida, continúa siendo la propiedad fundacional y uno de los grandes símbolos de la marca. El edificio fue declarado New York City Landmark en 1988, reconocimiento que subraya su importancia arquitectónica e histórica.

Y la historia sigue siendo puesta en valor.

122 años, pero con una mirada hacia el futuro

En 2024, al cumplirse 120 años de la apertura, el St. Regis New York inició una importante transformación de sus espacios. La renovación, desarrollada bajo la dirección del estudio Champalimaud Design, buscó actualizar el hotel sin borrar las huellas de su pasado.

La renovación integral, culminada durante 2026, alcanzó las habitaciones, suites y espacios públicos. Entre los elementos históricos conservados se encuentran trabajos de hierro originales, arañas de cristal Waterford, molduras y cornisas, además del histórico King Cole Bar. Incluso fueron recuperadas dos claraboyas de vidrio Tiffany que permanecían ocultas.

Es una síntesis bastante perfecta de lo que representa hoy St. Regis: modernizarse sin renunciar a la memoria.

Porque quizás allí reside el verdadero secreto de una marca que sobrevivió a dos guerras mundiales, a la transformación radical de Nueva York, al nacimiento de la aviación comercial, a la revolución tecnológica y a innumerables cambios en la industria hotelera.

El edificio cambió. Sus propietarios cambiaron. La ciudad cambió.

Pero aquella idea de John Jacob Astor IV permanece.

Una dirección especial, un servicio excepcional y la convicción de que el lujo no consiste solamente en lo que se ofrece, sino también en la experiencia y en la historia que lo rodea.

Desde aquella esquina de la Quinta Avenida hasta Miami, París, Roma, Londres, Dubái o cualquier otro destino donde hoy ondee la bandera de St. Regis, la historia continúa escribiéndose.

122 años después, aquella primera “Best Address” sigue teniendo mucho para contar.

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