
Sellos, recorridos y diplomas para quienes se animan a descubrir la Argentina de sur a norte por la mítica Ruta Nacional 40
Carlos Mira, The Post FMGN Press, FIT
Recorrer la Ruta Nacional 40 puede ser mucho más que atravesar la Argentina de punta a punta. Para quienes disfrutan de los grandes viajes por carretera, existe una manera de transformar ese recorrido en una verdadera experiencia de colección: el Pasaporte Ruta 40, un documento pensado para registrar el paso de los viajeros por distintos puntos de esta emblemática carretera argentina.
El programa propone acompañar el viaje mediante sellos obtenidos en puestos de sellado distribuidos a lo largo de la Ruta 40. El pasaporte cuenta con espacios específicos para los sellos obligatorios y también con páginas destinadas a sellos libres, permitiendo que cada viajero construya su propio registro de la travesía.
Una ruta de 5.080 kilómetros

La Ruta Nacional 40 lleva el nombre de “Libertador General Don José de San Martín” y se extiende desde Cabo Vírgenes, en la provincia de Santa Cruz, hasta La Quiaca, en Jujuy, en el límite con Bolivia.
El recorrido atraviesa de sur a norte buena parte del territorio argentino, siguiendo el eje de la Cordillera de los Andes y atravesando tres grandes regiones turísticas: Patagonia, Cuyo y Norte.
El material del programa señala una extensión de 5.080 kilómetros, además del paso por 21 parques nacionales, 18 ríos importantes y 27 pasos cordilleranos. Entre sus puntos de mayor altura se encuentra el Abra del Acay, en Salta, situado a unos 4.895 metros sobre el nivel del mar.
La ruta atraviesa once provincias: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy.

Es, por lo tanto, mucho más que una carretera: es un corredor que conecta paisajes, culturas, pueblos, parques nacionales, montañas y algunos de los grandes escenarios naturales de la Argentina.
Un pasaporte para el viajero
La propuesta del Pasaporte Ruta 40 agrega un componente lúdico al viaje.
El documento funciona como una suerte de “pasaporte de ruta”. En sus páginas, el viajero puede reunir los sellos correspondientes a los diferentes Puestos de Sellado.
Los sellos de los puestos oficiales son considerados visitas efectivas y válidas para completar el recorrido requerido por el programa.
La idea es sencilla: llegar, conocer el lugar, obtener el sello y continuar viaje.
También existe la posibilidad de incorporar sellos libres, destinados a aquellos lugares o experiencias que el viajero quiera conservar como recuerdo, aunque no formen parte de los puntos oficiales del programa.
El desafío de completar regiones

El Pasaporte Ruta 40 no exige necesariamente que el viajero complete los más de 5.000 kilómetros en un único viaje.
El sistema contempla el reconocimiento por regiones. Una vez reunidos los sellos obligatorios correspondientes a una o más regiones, el viajero puede acceder a un Diploma Regional, que certifica que completó el recorrido de la Ruta 40 en la región correspondiente.
Y para quienes logren completar las tres regiones, el programa contempla el reconocimiento máximo: el Diploma de Honor Mayor.
De esta manera, el pasaporte puede convertirse en un proyecto de viaje de largo plazo. Una persona puede recorrer una parte de la Ruta 40 en un viaje y regresar años después para completar otra región.
También hay lugar para la improvisación
Una de las características más interesantes del sistema es que no todo tiene que estar estrictamente planificado.
Las páginas destinadas a sellos libres permiten incorporar recuerdos del camino: una localidad, un atractivo turístico, una experiencia especial o un lugar que el viajero simplemente quiera conservar como parte de su historia personal sobre la Ruta 40.
Así, el pasaporte termina funcionando como una combinación de guía, álbum de recuerdos y certificado de aventura.
¿Qué ocurre si un puesto está cerrado?
El programa contempla incluso una situación bastante habitual en los viajes por carretera: llegar a un puesto de sellado y encontrarlo cerrado.
En ese caso, las instrucciones indican que el viajero debe fotografiar el puesto con su teléfono u otro dispositivo, de manera que pueda comprobarse posteriormente el día y la hora de la visita.
La recomendación es ponerse en contacto con el programa y continuar el viaje previsto, sin que el cierre del puesto se transforme necesariamente en un problema para completar la experiencia.
Un recuerdo que también queda en formato digital

El programa recomienda además escanear o digitalizar las páginas del pasaporte una vez terminado el viaje.
El objetivo es contar con una copia de seguridad de los sellos obtenidos en caso de pérdida o extravío del documento físico.
Es un detalle especialmente útil teniendo en cuenta que, para muchos viajeros, el valor del pasaporte no está solamente en conseguir el diploma final, sino en conservar durante años la memoria de los lugares recorridos.
Una carretera que se convirtió en símbolo

La Ruta 40 tiene una historia particular. El material recuerda que comenzó a construirse en 1935 y que su trazado fue modificado en distintas oportunidades.
Originalmente se encontraba dividida en Ruta 40 Norte y Ruta 40 Sur, con el kilómetro cero ubicado en Mendoza. En noviembre de 2004, una resolución de la Dirección Nacional de Vialidad modificó la referencia kilométrica y estableció el cero en Cabo Vírgenes, en el extremo sur del recorrido.
La numeración actual llega hasta el kilómetro 5.080, en La Quiaca.
Ese cambio ayudó a consolidar una imagen que hoy resulta inseparable de la Ruta 40: una gigantesca carretera longitudinal que atraviesa la Argentina de sur a norte y que permite realizar uno de los grandes viajes terrestres del país.
La Ruta 40 como desafío viajero
Hay rutas que sirven simplemente para llegar de un lugar a otro. La Ruta 40 pertenece a otra categoría.
Su atractivo está precisamente en el viaje: los kilómetros, los cambios de paisaje, las montañas, los pueblos, los parques nacionales, los caminos de altura y las enormes distancias que separan un destino del siguiente.
El Pasaporte Ruta 40 propone agregarle a esa experiencia un objetivo concreto: coleccionar el camino.
Cada sello representa una parada. Cada página completa representa una región. Y cada diploma termina funcionando como una certificación de que, kilómetro a kilómetro, el viajero fue descubriendo una parte de la Argentina.
Porque en la Ruta 40, muchas veces, el destino no es solamente el lugar al que se llega. El destino es todo lo que ocurre entre un kilómetro y el siguiente.

