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Guevara, una leyenda macabra en extinción

Pedro Corzo, Especial para The Post FMGN Press (*)

Hay un sinnúmero de temas de actualidad. La guerra imperialista rusa contra Ucrania, además, de Irán y China, riesgos serios para nuestra forma de vida, asuntos todos de relevancia mundial, sin embargo, como aficionado de la historia, esta semana me vuelco hacia un personaje olvidado hasta por sus propios gestores, un sujeto común y miserable que fue forjado como leyenda por la izquierda internacional con la anuencia y participación de incontables tontos útiles que se hicieron eco de una fábula muy eficientemente fomentada.

La revolución cubana, específicamente su artífice central, Fidel Castro, fue un notable gestor de mitos. Primero, se inventó para sí mismo una épica y decoro inexistentes, despues, con su maléfica creatividad, le instrumento una historia heroica y de bondad a dos de sus instrumentos fundamentales, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara, por supuesto, ambos ya estaban muertos, no eran rivales para el Crono antillano, siempre listo a comerse a los sicarios que pudieran significar una amenaza.

A Cienfuegos siempre lo presentaron como un individuo simpático, bonachón, de esos sujetos capaces de perdonarlo todo, aunque, debemos añadir que nunca denuncio los crímenes que presenciaba ni los que ejecuto.

Empero, Guevara, fue la creación maestra de la propaganda izquierdista, personificando entre otras supuestas virtudes, la justicia extrema, lo que motivo que, en 1961, el filósofo, Jean Paul Sartre y su compañera Simón de Beauvoir, le pidieran presenciar un fusilamiento, sin cuestionar el por qué la victima seria ejecutada.

Las fantasías sobre Guevara fueron numerosas. Los manipuladores de su imagen fueron extremadamente hábiles, ya que convirtieron a un guerrillero fracasado en todas sus encomiendas, en héroe. Lograron que a pesar de su homofobia fuera adorado por sus potenciales víctimas, en fin, fue el epitome de las virtudes revolucionarias, el mejor referente de los odiadores de oficio, de los envidiosos y resentidos, porque al final de las cuentas ellos no trabajan, no crean, sino que expolian y destruyen.

No existió un Ernesto “Che” Guevara romántico, sino un asesino en serie brutal, capaz de cometer asesinatos como el del capitán José de Jesús Castaño Quevedo, jefe del Buró para la Represión de Actividades Comunistas (BRAC) en Cuba, a quien asesino a golpes de culatazos; idóneo para decir en Naciones Unidas en diciembre de 1964, “Fusilamos y seguiremos fusilando”  e insuperable por su prontuario criminal para escribir a Fidel Castro en abril de 1967, “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

El tristemente conocido “Che” se satisfacía de representar los extremos más dolorosos. En una ocasión le pregunto al dictador egipcio Gmal Abdel Nasser si la revolución había causado muchos exiliados en su país, siendo la respuesta de Nasser negativa, a lo que argumento Guevara que la profundidad de una verdadera revolución se media precisamente por el número de individuos que se sentian obligados a exiliarse

Este sujeto fue un acérrimo partidario de los conflictos bélicos. Propuso llevar la guerra a todos los rincones y escribió sobre la necesidad de conflagraciones como la de Viet Nam, expresó en más de una ocasión: “El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuarse la ruta de la liberación, aunque sea a costa de millones de víctimas atómicas”.

Cierto que se transformó en un ícono mundial de la rebeldía juvenil y la justicia social, pero detrás de esa imagen romántica hay una gran distancia con su actuación histórica documentada por varios historiadores y sustentada en testimonios. El verdadero Guevara, el asesino en serie, el hombre que le escribió a su primera esposa, Hilda Gadea, “aquí en la Sierra Maestra sediento de sangre”, no puede ser olvidado, porque probablemente sea la única garantía para que personalidades tan nefastas no se apropien de los tiempos.

Ernesto “Che” Guevara fue una creación de los enemigos de la libertad y de la dignidad humana, una falsedad de Fidel Castro y sus aliados, que, por estar forjada en la mentira, se ha ido desvaneciendo, aunque, paradójicamente, siempre habrán de ser recordados por sus enemigos.

Tenemos el deber de no olvidar, solo así podríamos evitar que surjan nuevas quimeras destructivas como las que aún estamos padeciendo.

(*) Pedro Corzo es un periodista y escritor cubano perseguido y encarcelado por la dictadura castrista. Exiliado en Miami escribió mas de 20 años para el Miami Herald.

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