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Una movida de Massa

Daría la impresión que Massa ha empezado a jugar algunas fichas personales. Su anuncio sobre la recompra de bonos de una deuda (por valor de unos mil millones de dólares) cuyo vencimiento más cercano ocurrirá dentro de siete años, sólo podría explicarse por una superabundancia de reservas o por una especulación política.

Como el primero de los supuestos no es -claramente- cierto, habría que especular sobre el segundo.

El BCRA no tiene dinero suficiente para autorizar el pago de insumos para la producción. Debido a ello gran parte de la cadena productiva del mercado está sometida a severas restricciones que pueden verse en la vida cotidiana, en una muestra más de que los temas que parecen ser lejanas abstracciones técnicas de las verdaderas preocupaciones del hombre de a pie, finalmente impactan en su vida día tras día. Puede ser bajo el formato de que una medicina que se necesita está en falta o de que no hay cubiertas para los autos o que los turnos de trabajo de una terminal se suspenden porque no hay piezas para trabajar.

El ministro justificó su movida bajo el argumento de que como la paridad de esos bonos está muy baja en el mercado secundario se había abierto “una ventana de oportunidad” para la recompra.

Si bien el razonamiento técnico no es errado, la lejanía de los vencimientos de esos bonos contrastada con la escasez de reservas suena rara.

Alfonso Prat Gay fue el primero en escalar las sospechas a un nivel más elevado: plantó la suspicacia respecto de si algún funcionario haya comprado recientemente esos bonos a precios bajos para venderlos ahora a precios más altos.

Otros economistas entienden que la verdadera obsesión del gobierno es la reducción de la brecha entre la cotización oficial del dólar y los valores de la divisa norteamericana en los mercados libres, especialmente el dólar MEP y el CCL. El problema es que no se sabe cómo lo van a financiar, porque la meta de reservas en 2022 se cumplió con lo justo y hay una sequía muy importante en 2023.

Si el BCRA emitiera pesos para recomprar dólares se daría la paradoja de pagar “con imprenta lo que debería pagarse con ahorro” como sarcástica y acertadamente apuntó Gustavo Lazzari.

Por esas inconsistencias que tornan rara la plena justificación económica es que surgen las sospechas de una movida política.

La figura de Massa es una de las pocas monedas potables que le quedan al FdT para aspirar a competir en las próximas elecciones presidenciales. Los esfuerzos dialécticos de Alberto Fernández por intentar instalar un supuesto relato exitoso de su gobierno -cuando en realidad muchos lo consideran el peor gobierno de la historia (algo así como un “anti GOAT” si lo llevamos al lenguaje Messiánico del fútbol) muchas veces mueven más a la risa que a un análisis serio.

El ministro de economía ha tendido fuertes lazos con sectores privados íntimamente vinculados al Estado y muchos sospechan que detrás de esos grupos (que actuarían como simples prestanombres) está la figura del mismísimo ex intendente de Tigre. También se preocupó por construir un muñeco que vende sus supuestos buenos vínculos con los EEUU y con los organismos multilaterales de crédito, acostumbrados, desde que asumió Fernández, a tener allí enfrente a enemigos o a inútiles.

Frente a un año electoral, Massa sabe que no se puede ganar una elección con niveles de inflación del 100% anual y también sabe que la influencia de la evolución de los tipos de cambio libres en el nivel de precios es decisiva por eso quizás haya dispuesto jugar una ficha con la que demostrar poder para mantener a raya esas cotizaciones.

En este sentido habría que hacer, sin embargo, un distingo. La cotización de los bonos tiene relación con la expectativa que el mercado tiene respecto de las reales posibilidades del país para el repago de los mismos. Es lo que se refleja en la medición del riesgo país. La cotización de los dólares libres, si bien pueden verse influidas en algo por los niveles de riesgo país, están más vinculadas con los valores de la inflación.

El dólar es una mercancía más en el mercado y tarde o temprano la curva de crecimiento de su valor tiende a empatar la curva de crecimiento de los precios. En ese sentido, el dólar blue, por ejemplo, tiene un valor que hoy se ubica por debajo de los niveles de inflación, lo que hacia adelante, haría prever una suba más que una baja. En otras palabras, en el último año el país ha conseguido el milagro de tener inflación elevada en dólares y ese desfase en algún momento se va a equilibrar independientemente de lo que ocurra en el mercado de bonos.

Si la movida impactará positivamente respecto del acceso a los mercados financieros tanto de empresas privadas como del propio Estado, está por verse. Parecería prematuro pensar que esas terminales, ya aburridas de los clásicos incumplimientos argentinos, vayan a abrirse así nomás por el simple hecho de lo que no es otra cosa (en el mejor de los casos) que una movida financiera o (pensando mal) una especulación política.

Lo que sí habría que cortar de raíz es la clásica salida de los operadores kirchneristas que inmediatamente salieron a decir que el gobierno “desendeuda” a la Argentina: al comprar bonos no se baja la deuda, se cambia de acreedor. Para bajar deuda hay que tener superávit fiscal, pero este gobierno, sumando gobierno y Banco Central, tuvo déficits fiscales mayores a 10% del PBI por año, como acertadamente apuntó el economista Marcos Buscaglia.

Los verdaderos efectos de la medida anunciada por Massa se verán con el tiempo. Pero seguramente esas consecuencias habrá que estudiarlas más desde el lado de las aspiraciones políticas del ministro que desde los beneficios concretos para la sociedad.

Por Carlos Mira
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One thought on “Una movida de Massa

  1. Matias

    Massa no tiene amigos en USA. Massa tiene JEFES en USA: Basicamente es un Service y trabaja para ellos. Cualquier otra cosa que se diga es pura fruta. Un tipo especialmente peligroso, si los hay.

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