Los pecados de Bergoglio

El Papa volvió a embestir contra el mérito en su homilía del domingo. En un tuit posterior dijo: “Quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, pasa de ser primero a ser último. En cambio, quien se confía con humildad a la misericordia del Padre, pasa de último a primero”.

Curiosa interpretación la del pobrismo bergogliano cuando hasta los más simples dichos del pueblo religioso aconsejan “a Dios rogando y con el mazo dando”, sugiriendo que el Señor ayuda a quien se ayuda y a quien está dispuesto a trabajar honrada y esforzadamente para alcanzar sus sueños.


El Papa desconoce olímpicamente la ética del trabajo y el ascetismo del esfuerzo, estimulando a las personas, desde su indudable ascendencia, a que simplemente se confíen a “la misericordia del Padre” sin antes pedirles que sueñen, que tracen un plan y que trabajen incansablemente para cumplirlo y alcanzar sus metas.

Por otro lado Bergoglio parece olvidar que sí, que nosotros, los humanos, razonamos con la lógica humana. Y la lógica humana del bien, de la buena leche, de la honradez y de la honestidad se relaciona con empezar a hacer las cosas bien uno para que a uno le vaya mejor en la vida.

Es el “dar con el mazo” que a Francisco tanto parece molestarlo y contra el que tanto parece militar. Su palabra cala hondo en una juventud que recibe un mensaje de vagancia, de pereza, de que las cosas no dependen en definitiva de uno, sino de alguien poderoso que decide por nosotros.

¿Qué le diría el Papa a los millones de argentinos como, por ejemplo, los padres de Batistuta, que lo criaron según las propias palabras del ex crack de la selección, “en una casa de 5 x3, trabajando, estudiando, confiando en la justicia…”. Él continuó con sus ejemplos, sacrificándose y respetando al prójimo… “¿Fui un idiota respetando esos ideales?”, se pregunta el Bati.

Según Bergoglio sí; un perfecto idiota. Porque el que confía en “los méritos adquiridos por la propia habilidad, pasa de ser primero a último”. Así que, probablemente sin saberlo, Batistuta sea un pobre imbécil, relegado de la consideración del Padre, solo por haber cometido el sacrilegio de pensar con lógica humana y concluir que para ser mejor en la vida y agradar al Señor, hay que trabajar duro, ser honesto y respetar a los demás.

Probablemente para el Papa valga lo mismo ser un pibe chorro que sale de caño confiando en la misericordia de Dios que un hombre de bien que pretende dejar atrás su pobreza entregándose al esfuerzo perseverante del trabajo honrado.

Llama la atención esta embestida pobrista, coordinada y simultánea, que bombardea sin descanso los valores sobre los que se educaron las generaciones que construyeron la Argentina, esa misma que aún sigue viviendo, como una sanguijuela, de lo que aquellos edificaron sobre un desierto yermo y analfabeto.

Pero mucha más vergüenza dan los abyectos propagadores de esta concepción miserable de la vida y de la existencia, que pretenden justificar al Papa con referencias bíblicas que solo ocultan un plan mayor de ocupación, lavado de cerebros, desmoralización, destrucción de la masa muscular de la sociedad y adoctrinamiento en unas convicciones oscuras que contradicen los más altos valores de la vida y de la existencia humana.

Me pregunto si Bergoglio será, alguna vez, juzgado por el Señor por haber enviado con su palabra a tantos jóvenes a la vagancia, al delito, a la droga y a la ignominia de la miseria.

Ya sabemos que Mr Misery se ha referido al tema del mérito de manera similar, ninguneándolo y quitándole el efecto moralizador que tiene sobre la conducta humana. Ya sabemos que el presidente es un engranaje triste de un movimiento que vino a retorcer los valores de la honradez, del trabajo y del progreso para cambiarlos por otros que se emparentan con la holgazanería, la dependencia, la grisura de la vida y el aniquilamiento de las fuerzas morales de los individuos.

Pero que esos valores diabólicos sean propagandeados desde Roma, para bendecir la chatura, la mediocridad y la vida miserable, no puede ser interpretado de otra manera que no sea la de que Bergoglio es un agente del mal sentado en el trono equivocado.

La profundización del costado mendicante del catolicismo no le hace ningún bien a la Iglesia. Por suerte otras variantes del Cristianismo son moralmente mucho más fuertes que la estructura burocrática y política que se apoderó de la silla de Pedro.


Los valores ascetas del progreso están bien representados por quienes creen que Dios vigila a los que se esfuerzan, a los que trabajan y a los que estudian para ser mejores. Dios está con los que avanzan, con los que mejoran la vida de sus semejantes; con los que inventan para hacer de la existencia un pasaje más cómodo, digno y confortable; con aquellos que cada mañana se levantan pensando que lo mejor está por venir y que la Providencia ayudará al que se ayuda.

La bendición de Dios tiene la mala costumbre de estar muy cerca del esfuerzo. Es como el maestro De Vicenzo definía a la fortuna: “Cuánto más practico, más suerte tengo”.

El juicio a Bergoglio será severo. No tengo dudas de ello. Dios corregirá en su vida eterna tanto el error que la casta de la Iglesia cometió al ponerlo en ese lugar como los profundos pecados de un hombre menor elevado a un sitial inconveniente. Pero para ese momento, lamentablemente, el daño causado por su prédica será irreparable.

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