Hace unos días Jorge Lanata contó el caso de un señor que le envió un email relatándole a su vez lo que le estaba pasando en su plantación de limones.
El productor debió abandonar 80 ha de limones porque no conseguía gente para trabajar. Sí, sí, en el país de los piquetes que reclaman “pan, tierra y trabajo”, un productor de limones tuvo que dar de baja 80 ha de plantación porque no consigue quien venga a trabajarlas.
En su historia, Ricardo, -de él se trata- contaba que en el pueblo cercano a su quinta debe haber más de 1000 personas jóvenes con posibilidades de trabajar que pertenecen al movimiento social Polo Obrero que no trabajan porque cobran planes, y en la inmediata proximidad a su propiedad (20km a la redonda) él calculaba que no menos de 10 personas estarían en condiciones de trabajar en los limones pero que no vienen porque tienen un plan, más allá de la vigencia de las normas que compatibilizan los planes con un trabajo registrado.
Ricardo terminaba su relato diciendo que si la cosa seguía así, era muy probable que tuvieran que cerrar toda la plantación por inviabilidad productiva debido a la falta de personal.
En otro hecho, aparentemente desconectado de éste, que contó magistralmente para el diario La Nación el periodista Luciano Román, la notable bailarina del American Ballet Theater, Paloma Herrera, renunció al cargo de Directora del Ballet Estable del Teatro Colón por no aguantar más la mediocre precariedad en la que se ha convertido la carrera de los artistas bailarines del teatro.
Decía bien Lucio, que uno podría caer en la tentación de mandar esta noticia a la sección de espectáculos del diario. Pero en realidad las motivaciones de la renuncia de Herrera son la punta del iceberg de una putrefacción profunda de la Argentina peronista que ha borrado de la faz de la Tierra toda valoración del mérito, de la excelencia, del trabajo bien hecho, del esfuerzo y de la noción de progreso. Todas esas virtudes han sido reemplazadas por un reglamentarismo igualitarista de cuño sindical que ha perforado todas las capas de la vida argentina pero que se ha entronizado con singular imperio y hasta virulencia en el Estado, en la administración pública y en todo lo que dependa del sector público en sentido amplio.
En el Colón -cuenta Román- “de un elenco estable integrado por más de 100 personas, solo baila, con suerte la mitad. Al personal estable no se le puede exigir que concurra a clases obligatorias, ni tampoco que ensayen ocho horas diarias, porque esas exigencias no pasan el filtro sindical. Muchos dejaron de bailar hace años y esperan en sus casas la edad de jubilarse. Los roles no se asignan por merecimiento sino por una suerte de decisión administrativa guiados por criterios burocráticos.”
Decenas de jóvenes se han ido del país, a bailar a otro lado, porque este culto al escalafón troncha sus talentos y sus ganas de hacer más por su vocación.
Este hecho que surge a la noticia por la renuncia de una figura de la talla de Paloma Herrera denota en realidad un problema mucho más profundo en el que el peronismo ha metido a la Argentina: el divorcio total con la excelencia y con el orgullo por el trabajo bien hecho.
Si bien, como decíamos, el reino fundamental en donde impera esta mentalidad es el sector público, esta concepción de la vida y del mundo ha permeado a toda la sociedad, como lo demuestra el relato que Ricardo, el dueño de la quinta de limones, le hacía a Jorge Lanata.
El peronismo aniquiló el músculo social, lo convirtió el fláccido y vago, en dependiente y en completamente incapaz de asumir los rigores que exigen el éxito y el progreso.
Todos los servicios del Estado -la salud, la educación, la seguridad, las estadísticas públicas- han caído víctimas de esta sindicalización de la vida en donde cualquier iniciativa que implique una mayor esfuerzo o una diferenciación (justamente derivada del esfuerzo) cae bajo el aluvión gris de la mediocridad gremial.
No hace falta explicar mucho en qué se ha convertido la educación fundada por Sarmiento, que llevó al país a ser un faro rector en América Latina, en manos de Baradel. Julio Bocca presentó hace años un proyecto de excelencia para el Colón. Se lo rechazaron. Bocca se instaló en Uruguay en donde refundó el Ballet Oficial.
Como bien apunta Lucio, quienes pretenden cambiar esta concepción chata, sin futuro, que va a terminar con la Argentina convertida en una enorme masa de empleados públicos sin motivación, sin alma y sin horizontes, son acusados de “precarizadores”, de “ajustadores”, de “querer privatizar”. Todo lo que huela a mejoría, a hacer un poco más para estar un poco mejor, tiene que pasar por el visado del reglamento.
Esta peronización del país ha cortado las fuentes de trabajo (que no existen aunque haya muchísimo trabajo por hacer) y ha terminado con la aspiración de mejorar (porque quien aspira a mejorar, por ahí lo consigue y con eso se diferenciaría de la masa amorfa que la nomenklatura está interesada en mantener por debajo de su exclusivo imperio, en condiciones de una mediocridad miserable).
Los casos de Ricardo, el productor frustrado de limones, y de Paloma Herrera, la excelsa bailarina del Colón, nos entregan una radiografía dramática de la Argentina. Una radiografía en la que puede verse cómo los mejores se van, cómo los que tienen ganas las pierden o emigran, como las mejores mentes se frustran y como los que quieren producir se ven atacados por la medianía de un conjunto de parásitos que ni siquiera sirve para atarse los zapatos por sí mismos.
Esta abulia sistemática es el perfeccionamiento máximo del peronismo, es su máxima hazaña: haber demolido la excelencia argentina para reemplazarla por una aldea pobre en donde nadie saca los pies del plato en aras de rendirle culto a la “comunidad organizada”. ¡Y viva Perón, carajo!


Mí padre, que ya no está, nació en 1925, desde niño me decía siempre «la podedumbre empezó con Perón, el es el culpable de todo, hasta ÉL nadie cuestionaba lo que estaba BIEN y todos condenaban lo que estaba MAL, cuando llegó ÉL empezó el cuestionamiento a los valores universales que ningún bien nacido osaría transgredir» cuestión esta que los argentinos muy gustosa y miserablemente incorporamos a nuestro acervo y seguimos votando mayoritariamente desde hace más de 75 años, en las últimas elecciones cerca del 75 u 80 % de los argentos votamos peronchos o sus derivados populistas, merecemos los que nos pasa, deberíamos desaparecer.
Terrible el panorama, y desgraciadamente creo que irreversible.
Por otra parte, lamento tanto cono lo hará usted la muerte de Enrique Matavos, una extraordinaria voz de la locución, al que recuerdo con José Benegas, y no estoy seguro si con usted.
Hola Charly; con respecto al personal para la cosecha de limones hay dos cuestiones; por un lado el plan, pero por el otro lado el precio del dólar para el productor, además de la brutal carga social. Lo que hace que pagar el trabajo tiene un techo. Y imagínese si se pudiera pagar cuatro veces más el salario de bolsillo.
Sr Carlos Mira,tenga la decencia de escribir sobre aquello que conoce si quiere montar una operación tan burda ,empezando por el dato falso de que la Sra Herrera ha sido bailarina del Teatro Colón ,cuando nunca ha revistado en la compañía ,lo ha hecho en el American Ballet .A partir de ahi es todo un gran disparate
Pregunta: ¿no se le ocurrió a Ricardo pagar un sueldo digno? seguro que así consigue empleado. Esas fábulas de Lanata hablan mas de él mismo que de un país.Aay las cosas que hay que leer, y encima le hacen eco.
si cosechar o plantar limones te pagan como corresponde con todos los derechos del trabajador rural ok conseguis miltrabajdores, pero si les das unos mangos como si fuera un favor no way. no way. EXPLOTACION… EXPLOTACION!!! si carlos mira en cada articulo que escribe no menciona a cristina o al peronismo no se llama carlos mira, para el estos dos son los reSponsables de todos los males de nuestro pais. che mira no sera mucho?
Vaya a vivir a Cuba y Venezuela donde le van a pagar muy bien. O produzca Ud limones ya que Ud puede pagar más.
Al tal «Anonimo», burro, el sr. Mira en el quinto párrafo hace mención a Herrera como bailarina del American Ballet Theater y «Directora del Ballet Estable del Teatro Colón», cuando en una segunda oportunidad la menciona como «excelsa bailarina del Colón» no hace referencia a «que ha sido bailarina del Colón», lo hace en un sentido amplio: una extraordinaria bailarina que ahora está (estuvo) en el Colón, no como bailarina, ahora como directora. Parecería que, en estas columnas, están apareciendo algunos polenteros a los que la puesta en evidencia de sus desvergüenzas los pone nerviositos.
Para los polenteros José y Marcos, si Ricardo pagara esos «salarios dignos» que vosotros mencionais, cerraría su plantación, hiria a la quiebra, porque en el estado de destrucción de riqueza actual es imposible pagar eso, no se les ocurrió pensar en reclamar al gobierno que libere las energías creadoras del individuo? eliminar la inviable carga fiscal? las trabas burocráticas? prohibido comprar U$S, prohibido vender U$S, prohibido exportar, prohibido importar, controles de precios, ley de gondolas, ley de alquileres, retenciones y tipo diferencial de cambio al agro con lo cual los matan, etc, etc; antes de opinar estupideces propongan alguna idea razonable.
«HIRIA a la quiebra», NO, es «IRÍA a la quiebra»