La destrucción sistemática de la Argentina

El kirchnerismo está destruyendo, literalmente, al país. Lo está empobreciendo, haciéndolo desaparecer, transformándolo en insignificante en términos relativos. La coincidencia temporal entre la llegada del kirchnerismo al escenario político nacional y la caída estrepitosa de todas las variables comparativas de la Argentina sencillamente alarman.

Una nota del periodista Antonio D’Eramo para la agencia Noticias Argentinas pone en blanco y negro la situación. La Bolsa de Buenos Aires registra el más bajo índice valorativo en términos relativos desde que fue creada en 1854.

En la década del ’90, la última antes de que la peste bubónica se alzara con el poder en la Argentina, el valor total de las empresas que cotizaban en Bolsa en la Argentina era el 40% de lo que era el valor de las empresas brasileñas que cotizaban en el índice BOVESPA (de acuerdo a las afirmaciones de Alec Oxenford, uno de los emprendedores argentinos de las nuevas empresas tecnológicas y creador entre otras cosas de OLX). Hoy esa relación es de solo el 2%. Va de nuevo: en los ’90 la bolsa argentina era el 40% de la brasileña; hoy es el 2%.


Los últimos datos de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, institución creada en 1854 y que conformó el principal centro de actividad financiera y de negocios en el país durante mucho tiempo, enseñan índices que no se veían desde las crisis post convertibilidad o desde la estatización de las AFJP, dice D’Eramo.

En enero la Bolsa registró uno de los cinco volúmenes más bajos de su historia, con apenas 5 millones de dólares negociados. Los otros cuatro fueron los días siguientes a la implosión de 2002, a los de la estatización de las AFJP, a los del triunfo de Cristina Fernández en 2011 y los que siguieron al cepo cambiario de 2012.

Noten ustedes los acontecimientos en donde los valores relativos de la Bolsa recibieron mazazos que fueron hachando de a poco el valor de la riqueza argentina: el 2002, el prólogo que pavimentó la llegada del kirchnerismo; la acción kirchnerista de robar los ahorros jubilatorios privados; el triunfo kirchnerista de 2011 y la decisión kirchnerista de ponerle un cepo al dólar. La firma del kirchnerismo aparece en todos los hitos que demolieron por etapas la riqueza argentina.

Algunos analistas bursátiles explican que “estamos tomando el valor diario de la cotización del dólar en su segmento del contado con liquidación. Si somos benévolos y tomamos el dólar oficial, el del Banco Nación que rige para las operaciones de comercio exterior, estaríamos hablando de un promedio diario que rondaría los 7 millones de dólares”.  Además, el economista Ariel Ferrari, sostuvo “el panel líder, el Merval, queda relegado ya no con las bolsas del sudeste asiático o de Wall Street a volúmenes muy poco relevantes sino que queda opacado con respecto a las bolsas de la región”. El Merval representa el 10% del conjunto de empresas que cotizan en el SyP de la Bolsa de Chile y el 5 % de las que cotizan en el IPC mexicano, continúa la crónica de D’Eramo.

Como una consecuencia lógica de esta actividad depredadora -que no puede pensarse que no ha sido emprendida de otro modo que a propósito- son cada vez menos las empresas que muestran interés por cotizar en Bolsa. Para seguir con la comparación brasileña, en 2020, el año de la pandemia, 18 nuevas compañías comenzaron su operatoria en la Bolsa de San Pablo. En Buenos Aires, ninguna.

La nota de NA, refiere la opinión de Ariel Ferrari, un economista especializado en operaciones bursátiles, que sostiene que “la actividad bursátil sirve para crear valor y fomentar la creación de nuevas empresas. Los empresarios chilenos o mexicanos y brasileños tienen la posibilidad de competir de manera mucho más fácil contra sus pares argentinos porque acceden fácilmente al mercado de capitales y adquieren más músculo para poder desarrollarse de manera eficiente”.

En un día de operaciones en el mercado S&P de NYC se negocian contratos por 5 mil millones de dólares. La Argentina no existe; está desapareciendo de la faz de la Tierra gracias a la depredación kirchnerista.


Esta plaga destruye, con la desaparición de la moneda, las devaluaciones cotidianas y la incertidumbre que genera, el clima de negocios proclive a crear riqueza. Recordemos que en su época como ministro de economía Axel Kicillof, confesó que había dos conceptos que odiaba: la seguridad jurídica y el clima de negocios. Las decisiones empresariales se toman, en consecuencia, en el sentido de evitar inversiones o, directamente, en buscar la salida del país, hartos ya de tanta pequeñez.

Del mismo modo, los ahorristas locales no tienen el más mínimo incentivo en invertir en activos locales, como también apunta D’Eramo. El peso argentino se escurre como un puñado de cubitos entre los dedos. El valor del índice Merval medido en dólares cayó hasta los 200 puntos en marzo de 2020, es decir antes de la pandemia y de la cuarentena cavernícola (algo que no existe, está próximo a que ni siquiera pueda ser medido).

El país tal cual lo conocimos está desapareciendo. Está tomado un formato muy diferente del que cualquier ciudadano razonable podría aspirar. Por supuesto, resulta difícil explicar cómo ese ciudadano puede tener en mente un perfil determinado de país y luego vota una organización política cuyo objetivo es demoler, precisamente, ese perfil. Pero esos misterios habría que someterlos a distintos gurúes para saber si tienen explicación.

Mientras tanto, todos los índices que miden el peso relativo de las Argentina señalan que el país está siendo destruido de modo sistemático, de manera implacable.

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