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La Argentina entre complejos y bajezas

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados del FdT tiene un significado que excede el mero hecho de que ese diputado no será más el jefe de un sector en el Congreso.

No hay ninguna duda de que el hijo vicepresidencial actuó con la venia (sino con la indicación expresa) de su madre.

Cristina Fernández armó esta coalición al solo efecto de ganar las elecciones. A su vez, quería ganar el poder en 2019 no para gobernar el país sino para que el gerente que ella puso como candidato a presidente gestionara su inocencia y su liberación de culpa y cargo de todos los juicios en donde se la persigue por actos criminales contra la República. Esa es la verdad corta y simple.

La Sra. Fernández tiene pensamientos que no derivan de su formación (porque no tiene ninguna) sino de complejos de inferioridad que arrastra desde la adolescencia.

En ese nido de resentimientos formó una personalidad tumultuosa que aspira a doblegar a todos aquellos que pertenecen -según ella- al mismo círculo de pensamiento, condición social y “clase” a la que pertenecían aquellos grupos frente a los cuales, cuando ingresaba en la etapa consciente de la vida, se sentía inferior.

Todas las posturas que adopta (que hoy llamaríamos “progresistas”, por ponerle un nombre completamente antojadizo y falso) no derivan de una formación cultural sino de un caldo de odio.

Algo parecido ocurría con su marido, que arrastraba un bullying entre sus compañeros de colegio del que nunca pudo salir por completo. A todo ese colectivo social, los Kirchner, por uno u otro motivo, se la tenían jurada.

Todas sus posturas derivan de ese embrión irresuelto. Lo que dicen lo dicen para irritar a ese colectivo; todo lo que hacen lo hacen para perjudicar a quienes, para ellos, son la versión actual de quienes los tenían como “puntos” cuando eran chicos.

Esta locura es muy obvia respecto del posicionamiento, ubicación y postura en el ámbito internacional. Si uno se fija bien, todo lo que hacen e hicieron los Kirchner en ese terreno tenía el propósito de sacar de las casillas a esos grupos sociales contra los que sintieron odio y complejo de inferioridad desde jóvenes.

Las groserías contra los Estados Unidos y contra todo lo que se relaciona con la vinculación con el mundo, el “internacionalismo” y la integración de la Argentina a un determinado tipo de vida, tienen su origen en aquellos oscuros días de la adolescencia de los Kirchner.

Este es uno de los motivos que explican el retiro del respaldo de la familia Kirchner a la idea del presidente de acordar con el FMI.

Los Kirchner construyeron (alimentando los mismos odios que ellos experimentaron en su juventud en extensas franjas sociales de la Argentina que, por uno u otro motivo, estaban más propensas a “comprar” ese tipo de discurso odioso) su poder en base a eso y, hasta ahora, no encuentran motivos para cambiar de táctica, seguramente porque comprueban que les sigue dando resultados electorales.

Hasta aquí, entonces, lo que para mí explica la decisión táctica de Máximo Kirchner de renunciar a la jefatura del bloque: no es otra cosa más que otro capítulo de la guerra que esa familia le ha declarado a la relación de la Argentina con Occidente. ¿Por qué? Pues porque el “occidentalismo” era lo que querían y a lo que adherían aquellos sectores sociales que “bullyaban” a los Kirchner (por distintos motivos en el caso de Cristina y Néstor, pero eso no importa a los fines prácticos) cuando ellos eran jóvenes.

¿Tan sencillo, burdo, pequeño y “casero” como eso? ¿Puede ser que estemos metidos en este monumental quilombo por lo que mamaron de jóvenes dos imberbes que se creían perseguidos? Así es: tan sencillo, burdo, pequeño y “casero” como eso. Uno nunca está seguro qué gatillos se disparan cuando se activan ciertas fibras íntimas. La Argentina no debería sorprenderse: ya había vivido, con Eva Perón, una primera ronda de furia inflamada por casi las mismas causas.

Otro tema son las consecuencias políticas de la movida. El FdT volvió a crujir como después de las PASO de 2021. Volvió a demostrar que es un engendro amontonado al solo efecto de ganar y gestionar la libertad de la familia Kirchner.

El frágil preacuerdo del presidente, del ministro Guzmán y del ministro Kulfas con el Fondo Monetario volvió a entrar en terapia intensiva. Con un bloque dividido en diputados no logrará ser aprobado sin el voto de la oposición. Ésta, a su vez, tiene que analizar muy bien lo que hará para no caer en la trampa de asumir costos políticos que no le corresponden.

El burro de Moreau salió a decir que cuando llegue a diputados van a modificar la letra del acuerdo. ¡Cómo si esa opción estuviera disponible! No sabe lo que dice. Uno no sabe si reír o llorar cada vez que habla este personaje que, en lugar de retirarse a cuidar a los nietos, sigue hablando estupideces cada vez que advierte la presencia de un micrófono.

Para el presidente, que hasta ahora ha hecho un papel tristísimo, puede haberse abierto una oportunidad. Si bien ya ha dado muestras de que no está dispuesto a hacer uso de estas oportunidades de declarar su independencia -como podría haber hecho después de las PASO cuando renunció otro pope camporista como Eduardo De Pedro- no es menos cierto que la oportunidad se ha presentado de nuevo: la concreta posibilidad de que Fernández inaugure un gobierno propio, enfrentando a los Kirchner.  

Como se ve, una vez más el peronismo está sometiendo a la sociedad a las consecuencias de sus disputas internas. Hay un pasado trágico en ese sentido. Un pasado que le costó al país miles y miles de vidas, inmoladas, todas, en el altar peronista del conflicto. El país sólo produjo, en ese sentido, un solo escalón de progreso: ya no vuelan balas por el aire; ahora hay intercambios epistolares.

Pero desde el punto de vista del daño material es poco lo que se ha avanzado: ya no morirá gente en balaceras cruzadas pero nadie sabe cuántos mueren porque la Argentina no puede dejar el atraso peronista atrás.

Con un horizonte complejo, la Argentina se da el lujo de tener en el gobierno a una familia acomplejada que por no haber resuelto sus demonios a tiempo sigue arrastrando a todo un país a la incertidumbre, a la pobreza y a la escasez.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “La Argentina entre complejos y bajezas

  1. Maria Victoria Storani

    Excelente!! Pienso exactamente lo mismo desde hace mucho tiempo, desde que los ví por primera vez algo me hizo rechazarlos y no me equivoqué!!! No veo la hora de que termine todo.esto para siempre!!!!

  2. Matias

    Carlos, si bien coincido con que estos impresentables que gobiernan estan regidos por profundos complejos y deseos revanchistas, creo que en este caso, la movida del Campeón de la Playstation tiene que ver con la ya clásica táctica peronia de hacerse los “diferentes”, de diferenciarse del gobierno al que pertenecen (y que ellos setearon) para luego presentarse como la verdadera oposición y que los estúpidos incautos que les siguen creyendo, los sigan votando. No creo que, en este caso, el “móvil” sea irritar a occidente. Lo que hacen, es seguír construyendo mística para obnubilar a los incautos (y a los estúpidos).

  3. Marcelo Zocchi

    Brillante análisis!!
    De lo mismo viene su poco apego a las reglas y la ley.
    No tienen la mínima confianza para triunfar dentro de las reglas de la convivencia entre personas normales.
    Saben que son limitados e incapaces, entonces tienen que violar las reglas para poder imponerse a los demás.
    Se los puede imaginar claramente como chicos resentidos y profundamente acomplejados.

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