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¿Hasta dónde llegará el matonismo peronista?

Eduardo Sosa era el procurador general de la provincia de Santa Cruz. Sus arranques de independencia en el ejercicio de su función en plena gobernación de Néstor Kirchner lo terminaron poniendo en la calle.

Inició acciones legales hasta llevar su caso a la Corte Suprema de Justicia. Ganó. 

Kirchner dilataba el cumplimiento del fallo hasta que la Corte decidió comenzar a intimarlo.

El máximo tribunal emitió seis intimaciones. Kirchner nunca cumplió. 

En más, reformó la Constitución provincial y eliminó el cargo de procurador general. Sosa jamás regresó. Kirchner nunca sufrió ninguna consecuencia por semejante rebelión frente a un fallo federal de semejante porte.

Ahora la Corte ha fallado -en el caso iniciado por Luis Juez y Norberto Schiavone por la plaza correspondiente a la segunda minoría del Senado en el Consejo de la Magistratura- de la única manera que podía fallar frente a una flagrante trampa hecha a la luz del día, delante de todo el mundo, como pavoneándose de una impunidad evidente, por la vicepresidente que, con posterioridad al fallo de la Corte que mandaba integrar el Consejo con 20 miembros, dividió el bloque del Frente de Todos en dos para hacerse ilegalmente de un consejero que no le correspondía.

La maniobra fue un fraude absoluto, repetimos, hecho sin ninguna vergüenza, delante de todos para armar artificialmente una composición de los bloques de Senado que alteraran la representación de esa cámara en el órgano que elige y expulsa a los jueces.

El ardid (palabra que utiliza justamente la Corte en su fallo) era a todas luces un embuste grosero porque por esa vía el peronismo kirchnerista pasaba a tener una evidente sobrerepresentación en el Consejo de tres consejeros (2 por senadores y 1 por diputados) cuando en realidad le correspondían 2.

Lo que da una idea de la impunidad con la que se creen investidos la vicepresidente y el peronismo es la desfachatez con la que la maniobra se hizo.

El bloque del Frente de Todos había funcionado como una sola unidad hasta el momento del fallo. Los electores habían elegido a los senadores sabiendo que integrarían una única mayoría en la cámara. Y los senadores así votaron antes y después de ese evento. 

No hay dudas que esa división artificial fue hecha solo para perfeccionar la trampa.

Frente a esta obscenidad la Corte no tenía otra salida mas que anular la decisión de Cristina Fernández de Kirchner y ordenar la asunción de Luis Juez como titular del Consejo y de Schiavone como suplente porque esa era la composición de los bloques del Senado al momento en que ella misma dicta el fallo que mandó retrotraer la composición del Consejo a 20 miembros. 

Lo actuado por la vicepresidente con posterioridad a ese momento y cuyas consecuencias impactaban en las designaciones, no se puede interpretar de otra manera que no sea como una artimaña para alterar lo que legalmente correspondía. 

Es más, si me apuran un poco, la Corte debió haber dispuesto algún castigo para la vicepresidente por intentar cambiar las mayorías que instruye la Constitución mediante una maniobra ilegal.

El tema es que el kirchnerismo tiene abundantes antecedentes en materia de no acatar lo dispuesto por la Justicia.

Ya han emitido un comunicado diciendo que la Corte dictó un fallo político inmiscuyéndose en las decisiones de otro poder.

No hay dudas de que el Congreso y sus cámaras son soberanos en cuanto a las decisiones de su organización interna. Lo que el Congreso (o un partido representado en él) no pueden hacer es alterar una situación anterior a un fallo de resultas de lo cual se siga un beneficio indebido para alguien y un perjuicio indebido para otro. Y más aún cuando el perjudicado le ha pedido a la Justicia que atienda su caso y reponga la vigencia de su derecho haciendo retroceder al tramposo.

Lo único cierto es que el bloque de senadores del Frente de Todos no se habría dividido de no haber existido el fallo de la Corte que obligaba a designar consejeros nuevos. Habría continuado como un solo bloque (como de hecho continuó funcionando después bajo el eufemismo de “interbloque”). La división solo tuvo lugar a los efectos de robarle un consejero al PRO.

Sabemos que el kirchnerismo es un as en el arte de robar, pero hacerlo así, a la vista de todos, de una manera tan burda que hasta un chico de cinco años se daría cuenta, era intragable para la Justicia que, como no podía ser de otra manera, puso las cosas en su lugar.

¿Hasta dónde llegará el matonismo peronista en su intento por desconocer lo dispuesto por la Corte? ¿Qué hará la Corte si su poder es desafiado de una manera tan brutal?

Al momento que se escribe este comentario solo conocemos el comunicado en donde el peronismo, encima, se hace el ofendido.

Ya hubo personajes (como Héctor Recalde, por ejemplo) que amenazan con un juicio político a la Corte por conflicto de poderes.

Aquí el único conflicto lo ha desencadenado la irrefrenable vocación totalitaria del peronismo que, como nos tiene acostumbrados su voracidad, pretende quedarse con lo que no le corresponde.

Como diría el propio Perón la única verdad es la realidad y la realidad es que antes y después de la trampa el bloque peronista siempre actuó como lo que es: un solo bloque. Ese bloque ya tenia representación en el Consejo de la Magistratura. El nuevo -mandado a designar por el fallo de la Corte del 13 de abril- le corresponde al PRO.

Ah, perdón, por las dudas, para que no haya dudas sobre lo grosero del embuste, Cristina Fernández de Kirchner mandó dividir el bloque el 18 de abril.

Por Carlos Mira
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