Fernández y los empresarios

Art 1.- “A partir de las 24 hs de hoy el Supremo Estado Nacional dispone que el coronavirus cese su efecto contagioso”
Art 2.- “Como consecuencia de lo estipulado en el artículo 1, ningún ciudadano argentino podrá contraer el virus.”
Art 3.- “Dese a la Dirección Nacional del Boletín Oficial, publíquese, archívese”

¡Qué fácil sería la vida si todo funcionara bajo la lógica fascista, no! Todo se resumiría a que el señor feudal tomé un teclado, disponga lo que se le cante, le dé click a la impresora y… voilà! ¡Todo solucionado! Pero no. Lamentablemente la vida tiene preparados otros planes para el fascista.

El presidente Alberto Fernández ha firmado un DNU prohibiendo los despidos. Es como si hubiera firmado un DNU para que la Tierra deje de girar sobre su eje cada 24 horas. O para que el coronavirus deje de contagiar.

Ningún empleador quiere despedir gente. La gente es el activo más preciado de toda empresa. Ha invertido en ella millones de pesos. La ha entrenado en su negocio, la ha capacitado, ha constituido una comunidad de trabajo para la consecución de un objetivo. Lo último que desea es deshacerse de ella. Aunque más no sea por un principio egoísta: le volverá a costar millones encontrar gente nueva.

La imagen que demagógica y maliciosamente Fernández quiere hacer llegar a la mente de la gente, pintando en ese escenario empresarios sin alma que ponen a la gente en la calle sin motivo alguno, just for the sake of it, es simplemente falsa. Y además conlleva una mala leche que el presidente esconde detrás de sus modales de pretendido caballero.

Lo hizo de nuevo hoy, junto al corrupto de Moyano, a quien reivindicó, entre otras cosas, justamente, porque “enfrenta a los empresarios”.

¿Qué se propone concretamente el presidente?, ¿seguir generando odio y enfrentamiento de clases, sin siquiera detenerse ante una emergencia como la que vive todo el mundo?

Resulta muy bajo, muy rastrero, lo que Fernández está haciendo: aprovechando un momento de debilidad de la sociedad -que está encerrada, ansiosa, angustiada, sin trabajar, con días que pasan en medio, muchas veces, del hastío- para rotular a algunos argentinos como los culpables de los males que sufren otros argentinos.

Pues bien, Fernández, sepa algo: la mayoría de los argentinos que usted señala como insensibles, como canallas y miserables; aquellos a los que les cruza una cruz de alquitrán en la puerta de sus casas como hacían las bandas de las SS con los judíos, son los que pagan la fiesta; son los que pagan la olla; son los que inventan, crean, innovan, producen, comercian y fabrican, no solo para que la sociedad pueda tener  el acceso a los mínimos enseres del confort, sino para que a su benemérito Estado le lleguen los impuestos de los cuales toda su casta -incluido usted, claro está- vive.  

Por lo tanto, en primer lugar, debería tener más respeto, más empatía con esa gente que mueve las ruedas productivas del país. Y en segundo lugar, debería poner al Estado (ya que tanto confía en él) a su servicio aunque más no sea por una vez en la vida.

Antes de firmar decretos inoperantes, como el de los despidos -porque, sépalo, ante una situación de hecho irreparable, los despidos van a suceder igual: usted podrá hasta meter presos a quienes despidan, o ponerse a dar brincos como un nene caprichoso arriba de una mesa, pero eso no impedirá los despidos- debería imaginar maneras creativas de ayudar al sector privado, que es el que mantiene, no solo al país en pie, sino fundamentalmente a usted y a su casta privilegiada de parásitos, empezando por su jefe de gabinete, que dedica su tiempo a hacer memes con remeras con los dichos de usted respecto a “ganar menos” pero no se ha escuchado que done un céntimo de sus ingresos.

Hay cientos de propuestas. Le acerco esta de mi amigo y peleador de la primera línea de la trinchera, Gustavo Lazzari  -quien para usted será uno de los muchos miserables- pero que además de seguir trabajando y dando trabajo, se hizo de tiempo para sugerir líneas útiles sobre las cuales trabajar la materia urgente del día a día, en lugar de estar apelando a una inútil épica de barricada: https://www.eleconomista.com.ar/2020-04-propuesta-concreta-e-inmediata-para-salvar-la-cadena-de-pagos/.

Deje ya, señor presidente, de pretender ganar la voluntad y el respaldo de las mayorías sobre la base de enchastrar el honor y el nombre de quienes nos dan de comer. Deje de enfrentarnos. Deje de acusar. Deje de insultar. No será diferente al kirchnerismo solo por los decibeles de su voz.

Diferenciarse de esa calamidad necesita de un esfuerzo más útil del que, aparentemente hasta ahora, está dispuesto a hacer.

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