El sincericidio peronista

Las derrotas pueden producir estremecimientos extremos en los profundos pliegues psicológicos de aquellos que se creen invencibles.

Esos estrépitos intestinos pueden aflorar con el formato de sincericidios descomunales que, estimulados por la verba afiebrada de las tribunas, confiese finalmente la verdad que estaba oculta, los verdaderos designios que, por cuestiones tácticas, se mantenían en reserva, ocultos y disimulados en una maraña de estrategias electorales.

Emilio Pérsico cayó el viernes pasado (en un acto en el que estaban presentes el presidente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y Victoria Tolosa Paz, la primera candidata a diputada del FDT en el principal distrito electoral del país) en esa catarata de confesiones peronistas. 


Abofeteado fuertemente por el sablazo que las urnas le propinaron el 12 de septiembre, el auto titulado “dirigente social” dijo que había que terminar con la alternancia democrática para que ellos se eternizaran en el poder por veinte años o por los que fueran necesarios para consolidar definitivamente un régimen dictatorial en la Argentina según el cual solo gobernaran aquellos que se “parecieran a ellos”.

Luego incursionó en la precisión de quienes eran “ellos”. Y allí cayó en otra confesión desgarradora pero finalmente dicha con todas las letras, gritada con la voz en cuello, casi con el tono del orgullo.

Dijo que los argentinos tienen la tez del color del Río Paraná reconociendo frente a quien quisiera escucharlo que el peronismo aspira a la imposición de una dictadura de supremacía racial de profunda raíz nazi.

Así como Hitler creía en la superioridad aria basando en ello su derecho a gobernar eternamente Alemania y, eventualmente, el mundo entero, el peronismo cree en la superioridad racial de los mestizos por lo que la alternancia democrática de la Constitución debe ser abolida para que solo aquellos del color del Río Paraná gobiernen eternamente la Argentina.

Pérsico avanzó un paso más y confesó el determinismo al que cree están condenados los que no son “blancos”: la pobreza.

“Hay que llenar la política de pobres” gritaba desgañitado, pensando quizás en las figuras de Néstor y Cristina Kirchner, de Juan Manzur, de los Rodríguez Saa, de Coqui Capitanich, de Insfran y de otros conspicuos y obvios pobres que llegaron al poder gracias al peronismo, justamente para dejar se serlo.

Es decir, Pérsico confiesa a los gritos desde una tribuna pública, que el peronismo debería instrumentar algún camino (quizás esté pensando en el fraude) para que los “color Rio Paraná” instauren en la Argentina un régimen de raza que ignore o fragüe las mayorías reales para imponer en su lugar un soviet minoritario que ejerza el poder por la fuerza negando el ejercicio del gobierno a quien legítimamente lo represente y aplastando la expresión de las reales mayorías, suponiendo -sin admitir prueba en contrario- que éstas jamás podrían estar integradas por gente que no sea del “color Río Paraná”.

Se trata de una confesión brutal: el peronismo no respeta las mayorías nacionales sino que impone la idea de que los de “color Río Paraná” fueron, son y serán pobres; que fueron, son y serán peronistas y que están representados por los Kirchner y los Pérsico de la vida, aún cuando ellos no sean pobres y no sean “de color Río Paraná”.

La confesión también confirma la idea de que el peronismo no quiere sacar a los pobres de la pobreza sino atornillarlos en ella. Solo así el argumento de la “supremacía de los pobres que son de color Río Paraná” puede seguir imponiéndose por encima de lo que la gente vote.

El peronismo no admite que un “color Rio Paraná” no sea pobre y no sea peronista. 

Cuando se estrella contra ese fenómeno (o peor aún cuando constata que un “color Rio Paraná” es pobre pero no vota al peronismo) se descompone, entra pánico, se desespera y, preso de la desorientación, confiesa a los gritos lo que siempre fue: un movimiento resentido, basado en el odio de clases, totalitario (porque desconoce la voluntad popular cuando ésta le es adversa) y que no admite (no está dispuesto a permitir) que los “color Rio Paraná” puedan progresar y vivir bien porque presume (quizás correctamente) que si eso sucede su propia existencia entra en peligro.

Por eso Pérsico exige “llenar la política de pobres”, frase que implica otra confesión: la necesidad de que los pobres no solo no se terminen nunca sino que cada vez sean más, para que que se este en posición de “llenar” la “política” con ellos.

Los dichos de este impresentable dejan al peronismo al desnudo: una agrupación nazi de sentido inverso (que auspicia la supremacía mestiza en contra de las decisiones mayoritarias de la democracia) que sugiere terminar con la alternancia para implantar una dictadura del proletariado interpretada por una élite blanca y millonaria (como él mismo o cómo los Kirchner) y condenando al proletariado a seguir siendo proletario.

El peronismo siempre ha insinuado también que está dispuesto a imponer esta estructura por la fuerza.

Alicia Castro (quien muchos aseguran fuera la amante de Hugo Chávez mientras fue embajadora en Caracas) a las 5 de la tarde del 15 de septiembre, es decir, tres días después de la debacle, subió un posteo a su cuenta de Twitter diciendo que “en estas condiciones no podemos permitir elecciones en noviembre; se deben suspender indefinidamente por el bien de la democracia y en pos de la continuidad del movimiento popular en el poder”.

Obviamente no habría forma de detener lo que marcan los turnos constitucionales sin el ejercicio de la fuerza. Esa fuerza estaría justificada para defender la “democracia” (que acababa de decirles que son una minoría) y para asegurar la continuidad “del movimiento popular en el poder”.

Esta última frase (“asegurar la continuidad del movimiento popular en el poder”) debería traducirse como “asegurar continuidad de nosotros en el poder”.

Esta usurpación que el peronismo ha hecho de la pobreza, de “los negros”, de los mestizos y de los desposeídos es una impostura que le sirve de careta para trasmitir la idea de que solo ellos pueden gobernar “porque si no se pudre todo”.

El peronismo ha llevado a la política el pobrismo católico de raíz bergogliana con el solo propósito de instalarse en el estratégico lugar que le permita asaltar el Tesoro Público.

La fraseología religiosa inventada por Eva y la bravuconada de fuerza bruta iniciada por Perón, se ha mantenido y evolucionado para especular incluso con el miedo, tanto de los adversarios políticos como de las franjas sociales consideradas enemigas a las que se ataca por la delincuencia común en la calle y por la asfixia impositiva en la cotidianidad del trabajo.


Este es el peronismo descarnado cuya etapa evolutiva superior -el kirchnerismo- ha estallado en un océano de sinceridades que lo exponen tal cual es, tal cual ha sido siempre.

La Argentina debe salir de esta mugre malintencionada, delincuente y resentida que solo ha servido para sembrar el odio y la división en el país.

Desde que existe, el peronismo no ha servido para otra cosa más que para arruinar a los “color Rio Paraná” y para hacer de ellos solo una masa amorfa que le ha permitido a un conjunto de “blanquitos” hacerse millonarios con el verso de defender a los pobres.

A los pobres, a los color Rio Paraná y a todos los argentinos dignos solo puede salvarlos el ejercicio de la libertad. Ese ejercicio debe incluir el saludable acto de correr del poder a patadas en el culo a los que vinieron a usufructuar un conjunto de mentiras con el solo propósito de robar.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “El sincericidio peronista

  1. Andrés Enrique Braun

    Que pluma!! Que capacidad de expresar en palabras lo que uno mismo siente y no logra articular. No sabe lo agradecido que estoy por su columna. Muchas gracias.

  2. hector

    Clarisimo los conceptos,que se puede agregar ante este somero analisis sobre un gobierno totalitario que quieren imponenrnos,Sera esta la famosa liberacion igualitaria que pregonan desde los balcones de los Barrios de Recoleta,Puerto Madero o los countrys mas exclusivos del conurbano bonaerense o de los feudalismo provinciales.Hablan de combatir al rico desde sillones bien mullidos.Clarisimo analisi ,y comparto en un todo su nota Sr, Mira

  3. Maria Victoria Storani

    Clarisimo!! Coincido totalmente con cada palabra que expresa exactamente lo que la mayoría de los argentinos sentimos con respecto a los funcionarios que integran este gobierno desde el presidente para abajo!!!

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