El denominador común de todas las desgracias

Si algo faltaba para confirmar que a Cristina Fernández -una  vez más- no le importó nada la suerte del pueblo argentino y entregó el destino de la salud de todos a sus caprichos e intereses ideológicos, fue el anuncio de ayer del presidente lacayo de que la Argentina iniciaba negociaciones para adquirir la vacuna que está en proceso experimental en Cuba.

Haber perdido la oportunidad de acceder a las millones de dosis que Pfizer (el laboratorio que está proveyendo a la mayoría de los países del mundo) se había comprometido a entregarle a la Argentina simplemente porque la comandante de El Calafate dio la orden de virar hacia Moscú, constituye una barbaridad de tal dimensión que no sé cómo no alcanza para constituir un delito de lesa humanidad.


El desplazamiento de la salud de los argentinos del primer lugar de prioridades para poner en ese sitio las preferencias envidiosas de una señora que no duda en arriesgar la vida de la gente con tal de profundizar su vínculo ideológico con  el comunismo, constituye una aberración tan grande que, efectivamente, debería ser tenida como un delito.  

“Cuba ha hecho un trabajo que todos los científicos me dicen que es maravilloso, muy importante, desarrollando una vacuna que se llama Soberana, que tiene dos versiones: Soberana 01 y Soberana 02, que están en fase tres ahora”, dijo Fernández en declaraciones a Radio 10. Al comentar que habló del tema con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, relató: “Le pregunté exactamente cuál era la capacidad de producción que tenían. Pobre Cuba, siempre víctima de los bloqueos y las dificultades que tiene para trabajar. Y le ofrecí al presidente a ver qué trabajo conjunto podemos hacer para que América Latina tenga rápido una vacuna que pueda llegar a toda América Latina”.

Cuba no está sometida a ningún bloqueo diferente del que proviene de estar sometida a un régimen de atraso, miseria y escasez. Ese es su bloqueo. No está afectada por ninguna minusvalía como no sea aquella a la que la somete el comunismo.

Puede comerciar con cualquier país, excepto con EEUU. Pero EEUU, es, según ellos, la tierra del fracaso y de la opresión de los pueblos, así que no sé cuál es el motivo de su queja. La diplomacia norteamericana les ha resuelto el problema de no tener que tratar con ellos. Si el comunismo desbordara de eficiencia y no dependiera de lazos con el capitalismo asesino podría demostrar su superioridad dándole a su gente y al mundo un ejemplo de modernidad y abundancia.

Tiempo no les ha faltado. La revolución bolchevique ocurrió en 1917 y desde allí no han hecho otra cosa que enviar a la miseria a cuanto país intentó su fórmula, Cuba, naturalmente, entre ellos.

Uruguay, que parece estar escondido detrás de un árbol esperando recoger las consecuencias de las burradas argentinas, se hizo de las remesas que Pfizer pensaba enviar aquí. Una vez más la gran hazaña del oscuro ideologismo de humo y café de la Argentina les da a otros los beneficios que el país hipoteca por su empecinada terquedad de asociarse con lo peor.

Pero lo importante aquí es que quede claro la responsabilidad personal de los desastres que están ocurriendo en el país. En efecto, detrás de todos los déficits y malas praxis que la Argentina experimenta está la Sra. Cristina Fernández de Kirchner.

Son los hilos de su poder, de sus oscuras inclinaciones, de sus inexplicables furias, resentimientos y envidias, las que explican las decisiones que se toman, muchas de ellas apoyadas en simples obcecaciones obtusas que responden a berretines ignorantes y que la prueba empírica derriba a poco que se los analice.

Haber aliado al país a las peores pestes del planeta como son Cuba, Rusia, Venezuela, Irán, China y Corea del Norte supone un precio pagado por el pueblo argentino y medido en atraso, pobreza, miseria, enfermedad y, eventualmente, muerte, que, en principio, no debería salirle gratis a esta señora.

No puede ser que las profundas ignorancias que alimentan la bilis verde que recorre la tráquea de la vicepresidente sean el fundamento en el que se basen las decisiones que se toman y los caminos que se emprenden.


Atar al país al carro de los mendicantes solo para complacer la satisfacción de libidos inexplicables que encuentran sus raíces en complejos adolescentes mal resueltos es un lujo que un país como la Argentina no puede darse.

Si la señora Fernández desarrolló envidias y frustraciones juveniles que las trate con su psiquiatra, pero que no utilice a todo un país, a todo un pueblo, como banco de experimentación para canalizar sus tempestuosas pasiones.

Todo lo malo que ocurre tiene un denominador común en el país: Cristina Fernández de Kirchner. Ella es la fuente de la discordia, del enfrentamiento, de la miseria, del atraso, del aislamiento, de la inseguridad, de la falta de vacunas, de la penuria económica, de la inflación, de la crisis de confianza en las instituciones, de la corrupción, del robo, de la caída estrepitosa del prestigio nacional, de la enfermedad y, eventualmente, de la incapacidad para gobernar y para contener las consecuencias de la epidemia.

Ella y sus acólitos marxistas de Kicillof, Heller, Zanini, Máximo, De Pedro, Verbitzky, y los centenares que operan en las sombras de nombres menos rimbombantes pero igual de dañinos, deberían ser señalados como los autores de un crimen inmenso: haber condenado a la Argentina a un camino sin retorno.

Por Carlos Mira
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One thought on “El denominador común de todas las desgracias

  1. Valentin

    Al principio, la pandemia les vino barbaro para ocultar el fracaso de sus politicas, ahora se les dio vuelta la taba, cada medida es un tiro en el pie…

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