
Belén Grazziani, The Post FMGN Press, Cultura & Sociedad
Hay una parte del cuerpo que durante siglos estuvo bastante lejos del centro de la conversación pública. No era la cara, no eran los ojos, no era el escote. Eran los pies.
Pero las redes sociales cambiaron las reglas. Instagram, TikTok, X y las plataformas de contenido para suscriptores demostraron que, en la economía de la atención, prácticamente cualquier parte del cuerpo puede convertirse en una marca, un producto y, eventualmente, una fuente de ingresos.
Y los pies tienen una ventaja inesperada: pueden aparecer de manera sugerente sin necesidad de entrar necesariamente en el terreno del contenido explícito.
La teoría de que algunas mujeres utilizan deliberadamente sus pies como herramienta de marketing no es, por lo tanto, una fantasía nacida de internet. Existen investigaciones que permiten entender por qué este fenómeno existe, aunque con una aclaración importante: no hay evidencia para afirmar que las mujeres en general estén utilizando sus pies como estrategia comercial.
Un estudio publicado en 2024 analizó 500 videos de Douyin —la versión china de TikTok— y unos 5.000 comentarios. La investigación estudió precisamente la representación de pies y piernas en las redes y encontró una fuerte presencia femenina en este tipo de contenido.
La explicación tiene cierta lógica. En plataformas donde determinados contenidos sexuales pueden ser restringidos, mostrar determinadas partes del cuerpo puede resultar menos problemático que publicar imágenes explícitamente sexuales. Los pies, además, pueden aparecer asociados a zapatos, moda, playa, piscinas, viajes o pedicuría.
Es decir: pueden funcionar simultáneamente como contenido de lifestyle, estética y objeto de deseo.
El algoritmo no necesita saber por qué miramos

Las redes sociales no necesitan comprender por qué una persona se detiene frente a una fotografía. Les alcanza con saber que se detuvo.
Un usuario que mira durante más tiempo, vuelve a una publicación, comenta, comparte, sigue una cuenta o visita un perfil está produciendo una señal de interés. Y en la economía digital, la atención es una moneda.
Investigaciones sobre Instagram han demostrado que la apariencia corporal influye en la manera en que los usuarios procesan las imágenes. Estudios experimentales y de seguimiento ocular encontraron diferencias significativas en la atención que reciben distintas partes del cuerpo según las características de la imagen y del observador.
Eso no significa que los pies sean universalmente la parte del cuerpo más atractiva. De hecho, la evidencia científica no permite sostener semejante afirmación.
Pero el marketing no necesita universalidad. Necesita un nicho.
De la fotografía inocente al negocio

En internet existe desde hace años una comunidad interesada específicamente en los pies. Las redes sociales hicieron algo que antes era mucho más difícil: conectar inmediatamente a quienes producen determinado contenido con quienes están dispuestos a consumirlo.
Y ahí aparece la monetización. Investigaciones recientes sobre la economía de plataformas como OnlyFans mencionan expresamente las fotografías de pies entre los contenidos que algunas creadoras utilizan para generar ingresos. El modelo es sencillo: construir una audiencia, despertar interés, conseguir seguidores y convertir parte de esa audiencia en clientes o suscriptores.
En ese sentido, una fotografía de pies puede funcionar como la primera etapa de un embudo de marketing.
Primero llama la atención. Después genera curiosidad. Finalmente puede conducir a un perfil, una suscripción, una venta o una interacción comercial.
El poder de lo sugerente
Existe además otro elemento particularmente útil: la ambigüedad.
Una mujer caminando descalza por la playa puede estar simplemente mostrando sus vacaciones. Una fotografía junto a una piscina puede ser una imagen de verano. Un primer plano de zapatos puede ser publicidad de moda. Pero para una audiencia determinada, esas mismas imágenes pueden tener otro significado. Y esa doble lectura resulta extremadamente útil en las redes. No hace falta que todo el público comprenda el mensaje. Basta con que un segmento específico lo haga.
El fenómeno también encaja con la lógica general de los influencers: convertir características personales, estética y estilo de vida en una identidad reconocible y transformar posteriormente esa identidad en audiencia e ingresos.
¿Marketing o fetichización?

Probablemente pueda ser ambas cosas. Para algunas creadoras puede tratarse simplemente de una estrategia comercial. Para otras, de una cuestión estética. Para otras, de una forma de exhibición corporal. Y para una audiencia específica, de un interés sexual.
Las redes tienen la particularidad de convertir motivaciones completamente diferentes en las mismas métricas: visualizaciones, seguidores, comentarios y dinero.
Por eso hablar de “los pies como arma de marketing” puede parecer exagerado. Pero detrás de la frase hay una realidad bastante más interesante.
En la economía de la atención, cualquier parte del cuerpo puede convertirse en un activo si consigue atraer una audiencia.
Los pies tienen, además, una ventaja particular: se encuentran en la frontera entre lo cotidiano y lo fetichista, entre la moda y el erotismo, entre el turismo y el deseo.
Y justamente esa ambigüedad puede ser su mayor valor comercial.
Quizás las mujeres no hayan descubierto que sus pies son un arma de marketing.
Quizás la verdadera revolución sea que las redes descubrieron que no hace falta mostrarlo todo para vender algo. A veces alcanza con mostrar una parte.
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