
Carlos Mira, The Post FMGN Press, Editorial
Después de leer la despedida de Leo Messi a su padre en su cuenta personal de IG no pude evitar escribirle esto
Querido Leo:
Sé que probablemente sea una de las millones de cosas que llegan a tu cuenta todos los días y que, seguramente, jamás llegues a leerlo. Pero necesitaba decirlo. Porque hay momentos en los que uno no escribe para que lo escuchen. Escribe porque lo que siente necesita salir. Y esta vez, Leo, lo que sentí fue una enorme tristeza.
“Me mataste, querido”.
Así empezó mi mensaje. Porque tu despedida a tu papá fue también, de alguna manera, un golpe para todos los que durante tantos años te vimos crecer, triunfar, caer, levantarte y volver a intentarlo. Jorge no fue solamente tu padre. Fue parte inseparable de esa historia extraordinaria que empezó en Rosario, que pasó por Barcelona y que terminó convirtiéndose en una de las historias deportivas más grandes que haya conocido el mundo.
Pero hay algo que para mí está por encima de todos los goles, todos los títulos, todos los récords y todas las discusiones interminables sobre quién fue el mejor. La familia.
Y ahí está, precisamente, lo que quiero decirte. Porque vos no fuiste solamente campeón del mundo de fútbol.
En 2022 levantaste la Copa del Mundo en Qatar. Y en 2026, aunque el trofeo tenga otro nombre y no haya una cancha donde se pueda jugar ese partido, volviste a ser campeón del mundo. Fuiste campeón del mundo de los valores de la familia Messi.No ganaste la final del campeonato, pero ganaste la final de tu vida. Ese, para mí, es el título más importante de todos.
Jugaste el mejor Mundial de tu carrera. Y ahora nos queda claro por qué. Y no hablo solamente de lo que hiciste dentro de la cancha. Hablo de la manera en que llegaste hasta ahí. De la persona que seguiste siendo cuando el planeta entero te convirtió en una celebridad. De la forma en que protegiste a los tuyos. De tu vínculo con tus hijos. De tu amor por Antonela. De la relación con tus padres y tus hermanos. De esa manera tan tuya de volver siempre al lugar del que saliste.
Ganaste todo lo que tuviste delante. Ganaste títulos. Ganaste premios. Ganaste partidos imposibles. Ganaste admiradores en todos los rincones del planeta. Ganaste incluso la simpatía de quienes alguna vez te criticaron.
Pero hubo algo que nunca necesitaste ganar porque ya lo tenías desde el principio: una familia. Y esa familia fue, en buena medida, la camiseta que llevaste debajo de la camiseta argentina.
Por eso creo que cuando Argentina volvió a ser campeona del mundo, hubo un campeonato que nadie vio pero que vos y los tuyos jugaron durante décadas. El campeonato de sostenerse. De acompañarse. De bancarse en los momentos difíciles. De soportar críticas, derrotas, frustraciones y momentos en los que parecía que todo estaba perdido.
Ese campeonato también lo ganó tu familia. Y quizás por eso la despedida de tu papá duele tanto. Porque detrás del futbolista hay un hijo. Y antes que el mejor jugador que muchos de nosotros hayamos visto, sos un hijo que acaba de perder a su papá.
No sé qué se siente perder a alguien que estuvo tan profundamente ligado a cada capítulo de tu vida. No pretendo saberlo. Tampoco creo que existan palabras capaces de explicar un dolor así. Por eso no quiero darte consejos. No quiero decirte qué tenés que hacer.
No quiero que vuelvas a jugar por nosotros. No quiero que prolongues tu carrera porque millones de personas todavía quieran verte. No quiero que hagas nada para satisfacer nuestro ego de hinchas.
Hacé lo que quieras, Leo. No le debés explicaciones a nadie. No le debés otra Copa, otro gol, otra temporada, otra camiseta, otro Mundial ni otro partido. No nos debés absolutamente nada. Si querés seguir jugando, jugá. Si querés parar, parate. Si querés alejarte del fútbol, alejate. Si necesitás tiempo para estar con tu familia, tomalo.
Y si algún día volvés a una cancha, que sea porque tu corazón te lo pide y no porque nosotros te lo reclamamos. Porque nosotros podemos pedirle al futbolista que siga.Pero tenemos que respetar al hijo que hoy está atravesando el dolor de despedir a su padre.
Y hay una diferencia enorme entre esas dos cosas. Quizás nunca podamos comprender completamente lo que significó Jorge en tu vida. Pero podemos reconocer algo: en el hombre que sos hoy hay mucho de esa historia familiar. En el padre que sos, en el marido que sos, en el hijo que fuiste, en el hermano, en el amigo y también en el futbolista que llegó hasta lo más alto.
Por eso, Leo, cuando mires hacia atrás, espero que puedas recordar algo más que los trofeos. Recordá que millones de personas te vimos cumplir el sueño que parecía imposible. Pero también te vimos construir una familia. Te vimos ser papá. Te vimos abrazar a tus hijos. Te vimos emocionarte con los tuyos. Te vimos llorar. Te vimos reír.Y te vimos volver una y otra vez. Eso también es Messi.
Quizás por eso tu historia conmueve incluso a quienes no entienden de fútbol. Porque detrás del número 10 hay una historia humana. Y en esa historia hay un chico de Rosario que un día salió de su casa con un sueño gigantesco, acompañado por una familia que decidió creer en él cuando todavía nadie podía imaginar hasta dónde llegaría.
Ese chico llegó a la cima del mundo. Pero nunca dejó de ser hijo. Y ahora, cuando la vida te obliga a despedir a tu papá, quiero que sepas que hay algo que nadie puede quitarte.
Todo lo que vivieron. Todo lo que compartieron. Todo lo que construyeron. Los recuerdos. Las enseñanzas. Las discusiones. Las alegrías. Los silencios. Los momentos que solamente ustedes conocen. Eso no se pierde. Nunca.
Así que no escuches demasiado a los que te pidan que sigas. No escuches a los que quieran decidir por vos. No escuches siquiera a quienes, como yo, tenemos el enorme privilegio de admirarte. Escuchá a tu corazón. Ese corazón que tantas veces te llevó a lugares donde nadie pensaba que podías llegar. Y si ahora ese corazón está roto, dejalo estar roto. Ya habrá tiempo para volver a armarlo.
Fuerte abrazo, Leo. Sos, antes que nada, un hijo enorme. Y después, mucho después, ese enorme jugador que tuvo la suerte de convertir en realidad el sueño de millones.
Ganaste el Mundial. Ganaste todos los títulos. Ganaste la admiración del mundo. Pero en 2026 ganaste algo todavía más grande: el campeonato del mundo de los valores de la familia Messi.
Ese campeonato no se juega en un estadio. No tiene árbitro. No tiene VAR. No tiene medalla. Y tampoco termina nunca. Porque se juega toda la vida.
Y ese, Leo, es el único campeonato que realmente importa.


Sencillamente, brillante. Comparto cada palabra. Abrazos.