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Fauci, del científico de confianza al blanco de la furia política en Estados Unidos

Patricia Arencibia, The Post FMGN Press, US Correspondent

WASHINGTON.– Pocas figuras quedaron tan asociadas a la respuesta estadounidense frente al Covid-19 como Anthony Fauci. Durante décadas fue presentado como uno de los principales referentes de la salud pública norteamericana. Pero la pandemia terminó convirtiéndolo también en uno de los personajes más controvertidos de la vida política estadounidense.

Una crónica publicada por USA Today bajo el título “Fauci went from trusted expert to COVID scapegoat” reconstruye precisamente ese recorrido: el de un médico que pasó de ocupar un lugar privilegiado en la confianza pública a convertirse, para una parte de la sociedad, en el símbolo de todo aquello que consideran equivocado durante la gestión de la pandemia.

El relato muestra hasta qué punto la figura de Fauci quedó atrapada entre dos mundos que durante la emergencia sanitaria se volvieron prácticamente inseparables: la ciencia y la política.

Fauci dirigió durante casi cuatro décadas el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y llegó a convertirse en uno de los rostros más reconocibles del gobierno estadounidense en materia sanitaria. Su exposición pública aumentó extraordinariamente durante la pandemia, cuando sus intervenciones comenzaron a ser seguidas diariamente por millones de estadounidenses.

Pero esa misma visibilidad tuvo un costo.

A medida que avanzaba la pandemia, las discusiones sobre confinamientos, utilización de barbijos, distanciamiento social, vacunas y reapertura de la economía dejaron de ser exclusivamente debates sanitarios. Se transformaron en una de las grandes líneas de fractura política del país.

Fauci quedó en el centro de esa disputa.

Para sus defensores, representaba la necesidad de escuchar a los especialistas frente a una crisis sanitaria inédita. Para sus críticos, en cambio, terminó simbolizando una burocracia sanitaria con demasiado poder y una respuesta gubernamental que, en determinados momentos, habría impuesto restricciones excesivas sobre la vida cotidiana y la actividad económica.

La crónica de USA Today recuerda un episodio particularmente ilustrativo de ese clima. Desde una ventana en Bethesda, Maryland, Fauci llegó a observar manifestaciones frente a los Institutos Nacionales de Salud. Algunos de los manifestantes lo responsabilizaban personalmente por la respuesta oficial frente al Covid y llegaron incluso a utilizar ataúdes simbólicos con su nombre.

La escena resulta difícil de imaginar para alguien que recuerde la posición que Fauci ocupaba al comienzo de la pandemia.

Había sido durante años una de las voces científicas más respetadas de Washington. Su presencia en las conferencias de prensa de la Casa Blanca terminó convirtiéndolo, además, en una celebridad involuntaria de la crisis.

Pero la misma condición que le permitió transmitir los mensajes sanitarios del Gobierno lo convirtió después en un blanco político.

La historia personal que aparece en la crónica también ayuda a dimensionar el fenómeno. Entre quienes acompañaron a Fauci durante aquellos años estuvo Peter Staley, activista que lo conocía desde hacía décadas. Staley aparece en el relato como alguien que pudo observar de cerca el impacto que tuvo sobre Fauci la transformación de una figura científica respetada en objeto de protestas, acusaciones y hostilidad pública.

El caso Fauci plantea así una cuestión que excede su propia figura.

¿Qué sucede cuando un científico pasa de asesorar al poder político a convertirse él mismo en parte de la batalla política?

Durante una emergencia, los gobiernos necesitan científicos. Pero cuando las decisiones científicas implican restricciones sobre libertades individuales, actividad económica, educación o circulación, esas recomendaciones inevitablemente ingresan en el terreno de la política.

Y allí cambia todo.

La experiencia estadounidense demostró que la autoridad científica no es necesariamente suficiente para obtener consenso social. Una recomendación puede estar respaldada por determinados estudios y, al mismo tiempo, generar una fuerte discusión acerca de sus costos, sus límites o la manera en que es implementada por el Estado.

Fauci terminó pagando buena parte del precio de esa transformación.

Su historia es también la historia de una sociedad que dejó de discutir solamente qué decía la ciencia y comenzó a discutir quién tenía autoridad para decidir en nombre de ella.

Por eso el recorrido de Fauci resulta tan significativo. No se trata simplemente de la caída de popularidad de un médico convertido en funcionario. Es el retrato de cómo, en Estados Unidos, la pandemia terminó borrando la frontera entre experto y actor político.

Y cuando esa frontera desaparece, el científico deja de ser solamente quien explica la crisis. También puede terminar convertido en uno de sus protagonistas.

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