
Alicia Kronshell, The Post FMGN Press, Turismo
La sustentabilidad dejó de ser una tendencia para convertirse en una variable estructural del turismo global. Sin embargo, detrás del consenso general —el 85% de los viajeros considera importante o muy importante viajar de manera más responsable— emerge una contradicción llamativa: quienes más declaran intención de cambio no siempre son quienes más modifican sus conductas.
Un relevamiento internacional basado en 32.500 viajeros de 35 mercados, incluida Argentina, muestra que las generaciones más jóvenes —millennials y generación Z— lideran en discurso, pero no necesariamente en acciones concretas. Por el contrario, los segmentos de mayor edad exhiben menos énfasis declarativo, aunque una ejecución más consistente en prácticas sustentables.
Los datos son elocuentes. Entre quienes planean viajar de forma más sustentable en el próximo año, el 67% de los mayores de 61 años afirma que reducirá residuos durante sus viajes, frente al 48% de la generación Z. En consumo energético, la diferencia también es clara: 60% en boomers contra 45% en los más jóvenes. Incluso en el apoyo a economías locales, los mayores vuelven a imponerse, con un 59% que prioriza comercios independientes, frente a un 47% en la generación Z.
Este patrón se replica en la elección de fechas: los viajeros de mayor edad son más proclives a evitar la temporada alta, una decisión que reduce la presión sobre los destinos y mejora la experiencia general. Aquí también la brecha es marcada: 63% de los boomers frente a 43% de la generación Z.
No obstante, el liderazgo juvenil aparece en otro terreno: la dimensión cultural y educativa del viaje. Millennials y centennials participan en mayor proporción de actividades vinculadas a comunidades locales y conservación ambiental. Cerca del 30% de estos grupos realizó experiencias relacionadas con culturas originarias en el último año, frente al 18% de los mayores.
El factor climático, en tanto, irrumpe como un condicionante transversal que redefine la planificación turística. Tres de cada cuatro viajeros consideran el riesgo de fenómenos extremos al elegir destino y fechas, y un 31% ya modificó o canceló viajes por esta causa en el último año.
La percepción de que ciertos destinos se han vuelto “demasiado calurosos” (55%) o directamente descartables por eventos climáticos (52%) evidencia un cambio profundo en la lógica de decisión del viajero. El clima deja de ser un detalle para convertirse en un criterio central.
En paralelo, crece una mirada más sofisticada sobre lo que implica viajar de forma sustentable. No se trata solo de reciclar o consumir menos energía, sino de decisiones más estructurales: evitar destinos saturados (43%), viajar fuera de temporada (42%) o elegir lugares con temperaturas más moderadas (25%).
Este giro también refleja una mayor conciencia sobre el impacto del turismo en las comunidades locales. Entre quienes optan por destinos menos concurridos, el 44% lo hace para no contribuir al turismo masivo, mientras que un 37% de quienes viajan fuera de temporada busca reducir la presión sobre los destinos.
En definitiva, el turismo sustentable parece haber entrado en una nueva etapa: menos declamativa y más pragmática. La brecha generacional no es tanto una cuestión de valores como de ejecución. Y en ese terreno, los datos sugieren que la experiencia —más que la intención— sigue marcando la diferencia.
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