
Un estudio internacional de Oxford Economics ubicó a Nueva York en el primer puesto entre las 1.000 ciudades más grandes del planeta. La metrópolis estadounidense lidera por tercer año consecutivo gracias a su fortaleza económica, aunque el informe también revela desafíos en calidad de vida, medioambiente y gobernanza.
Patricia Arencibia, The Post FMGN Press, US Correspondent
Nueva York tiene muchas razones para presumir, pero ahora cuenta con un nuevo argumento respaldado por cifras: es, por tercer año consecutivo, la mejor ciudad del mundo según el Global Cities Index 2026, elaborado por Oxford Economics. El estudio, que analiza las 1.000 ciudades más grandes del planeta, vuelve a colocar a la Gran Manzana en la cima de una clasificación que mide mucho más que su atractivo turístico.
El resultado confirma una realidad que se percibe a diario en sus calles, estaciones, oficinas y centros culturales: Nueva York continúa siendo uno de los grandes motores de la economía mundial, un imán para el talento internacional y un centro de influencia capaz de proyectar sus decisiones mucho más allá de las fronteras estadounidenses.
Sin embargo, el primer puesto no significa que Nueva York sea la ciudad más cómoda, económica o ambientalmente sostenible para vivir. El informe ofrece una radiografía más compleja: una metrópolis extraordinariamente competitiva, pero que también debe afrontar los costos y las contradicciones de su propio éxito.
Una potencia económica difícil de igualar

Oxford Economics evaluó cinco grandes dimensiones: economía, capital humano, calidad de vida, medioambiente y gobernanza. Cada una recibe una puntuación que permite comparar el desempeño de las ciudades y detectar sus fortalezas y debilidades.
Nueva York obtuvo una calificación perfecta de 100 puntos en economía. Su capacidad para concentrar empresas, capital, empleo especializado y actividad financiera constituye el principal fundamento de su liderazgo.
Wall Street, el mercado inmobiliario, la industria tecnológica, la publicidad, los medios de comunicación y una extensa red de servicios profesionales conforman un ecosistema que sigue atrayendo inversiones y profesionales de todo el mundo. A ello se suma la presencia de universidades, hospitales, museos e instituciones culturales que refuerzan su influencia internacional.
La ciudad también dispone de una ventaja difícil de reproducir: su capacidad para conectar negocios, cultura, innovación y entretenimiento en un mismo espacio urbano.
De acuerdo con los datos recogidos por Forbes, Nueva York obtuvo además 89,5 puntos en capital humano, 80,8 en calidad de vida, 72,8 en medioambiente y 75,7 en gobernanza. Esas cifras muestran que su supremacía global se apoya, sobre todo, en la potencia de su economía, mientras que otros aspectos presentan un desempeño menos destacado.
Londres y París completan el podio

El segundo lugar correspondió a Londres, otra de las grandes capitales financieras y culturales del mundo. La ciudad británica alcanzó 100 puntos en capital humano, aunque su puntuación económica fue de 86,5.
París ocupó el tercer puesto, seguida por dos ciudades estadounidenses: Seattle y San Francisco. El grupo de las diez primeras posiciones se completó con Dublín, Boston, San José, Tokio y Zúrich.
La clasificación vuelve a mostrar el peso de América del Norte y Europa en la competencia urbana global. Según el informe, 78 de las 100 primeras ciudades pertenecen a esas dos regiones, una concentración que refleja sus redes empresariales, sus instituciones educativas, su infraestructura y su capacidad para atraer inversiones.

Para Estados Unidos, la presencia de varias ciudades entre las diez mejores confirma que su influencia internacional no depende exclusivamente de Washington ni de los centros políticos tradicionales. La economía estadounidense se apoya también en una red de grandes áreas metropolitanas especializadas, conectadas entre sí y con los principales mercados internacionales.
La calidad de vida, el gran desafío
El liderazgo económico no elimina los problemas cotidianos de Nueva York. El costo de la vivienda, las diferencias entre barrios, la presión sobre los servicios públicos y los desafíos ambientales forman parte de la experiencia urbana.
La ciudad ofrece una extraordinaria concentración de oportunidades laborales, actividades culturales, restaurantes, espectáculos y conexiones internacionales. Pero acceder a esas ventajas puede resultar costoso, especialmente para quienes destinan una parte considerable de sus ingresos al alquiler y al transporte.
También existe una diferencia importante entre el atractivo de Nueva York como destino y la experiencia de quienes viven allí durante todo el año. Para un visitante, la ciudad puede representar museos, Broadway, Central Park, gastronomía y una energía difícil de encontrar en otros lugares. Para sus residentes, esa misma intensidad convive con desplazamientos largos, elevados gastos cotidianos y una competencia permanente por el espacio.
Por eso, el primer puesto debe interpretarse con precisión: el índice mide la fortaleza y el desempeño general de las ciudades a través de distintas variables, pero no constituye una clasificación absoluta de felicidad ni garantiza que todos sus habitantes disfruten de una buena calidad de vida.
Tampoco evalúa los derechos humanos, una dimensión que requiere indicadores y estudios específicos, según explica el artículo publicado por Forbes.
Una ciudad que sigue atrayendo al mundo

Nueva York recibió aproximadamente 65 millones de turistas durante 2025, de acuerdo con los datos de turismo citados por Forbes. La cifra refleja la capacidad de la ciudad para mantener su atractivo internacional y sostener una actividad turística que beneficia a hoteles, restaurantes, comercios, teatros, museos y empresas de servicios.
La diversidad cultural es otra de sus grandes fortalezas. Pocas ciudades reúnen tantas comunidades internacionales, propuestas gastronómicas, instituciones artísticas y oportunidades profesionales en un mismo territorio. Esa combinación contribuye a renovar permanentemente su oferta y a mantenerla presente en el imaginario global.
La ciudad también continúa siendo un punto de referencia para las industrias creativas, las finanzas y los medios de comunicación. Su influencia no se limita a los millones de personas que recorren Manhattan o Brooklyn: se extiende a los mercados, las tendencias culturales y las decisiones empresariales que repercuten en otros continentes.
Para los inversores, las empresas y los gobiernos, este tipo de clasificación puede servir como herramienta de comparación para evaluar oportunidades, identificar riesgos y comprender la evolución de los grandes centros urbanos.
El mapa de las ciudades que pueden ganar posiciones
El estudio de Oxford Economics también identifica ciudades con posibilidades de mejorar su posición internacional en los próximos años. Entre las estadounidenses que merecen atención aparecen San Antonio, en Texas; Boise, en Idaho; Durham, en Carolina del Norte; y Jacksonville, en Florida.
Estas ciudades reflejan una tendencia relevante: la competencia por el talento, las empresas y las inversiones no se limita a las metrópolis tradicionales. Los centros urbanos de tamaño intermedio también pueden ganar protagonismo cuando combinan oportunidades económicas, crecimiento y condiciones atractivas para vivir y trabajar.
Para Estados Unidos, esa evolución amplía el mapa de las oportunidades más allá de sus destinos históricos y de sus principales centros financieros.
El primer puesto no significa una ciudad perfecta
El resultado del Global Cities Index 2026 confirma que Nueva York mantiene una ventaja extraordinaria en el terreno económico. Su capacidad para generar actividad, concentrar talento y conectar mercados internacionales la convierte en una referencia difícil de desplazar.
Pero también deja una conclusión menos celebratoria: el éxito de una gran ciudad no puede medirse únicamente por el volumen de su economía. La calidad de los servicios públicos, el acceso a la vivienda, el cuidado del medioambiente y la eficacia de las instituciones son factores decisivos para determinar si esa prosperidad se traduce en una mejor vida para sus habitantes.
Nueva York reúne buena parte de los atributos que definen a una potencia urbana global. Su desafío es lograr que esa fortaleza económica se traduzca en beneficios más amplios para quienes la habitan.
Por ahora, la Gran Manzana conserva la corona. Y aunque ninguna clasificación puede resumir por completo lo que significa vivir en una ciudad, el informe confirma que Nueva York continúa ocupando un lugar central en la economía y la vida internacional.
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