
El histórico edificio de Alcalá y Gran Vía comienza una nueva etapa como hotel de 19 habitaciones, club privado, espacio gastronómico y destino de bienestar. Por primera vez, uno de los perfiles más reconocibles de Madrid puede descubrirse también desde adentro.
Carlos Mira, The Post FMGN Press
Hay edificios que forman parte de una ciudad y otros que terminan convirtiéndose en una especie de firma visual. El Metrópolis pertenece a esta última categoría. Durante más de un siglo, su cúpula apareció en fotografías, postales, películas y recuerdos de viajeros, señalando uno de los cruces más reconocibles de Madrid: allí donde la calle Alcalá se encuentra con la Gran Vía.
Ahora, el edificio comienza una nueva vida.
En el número 39 de Alcalá abrió sus puertas Metrópolis Hotel & Club, una propuesta que reúne alojamiento, gastronomía, club privado, bienestar y experiencias culturales dentro de una construcción que durante generaciones fue contemplada desde la calle.
La transformación tiene algo de cambio de perspectiva. Hasta ahora, conocer el Metrópolis significaba detenerse frente a él y mirar hacia arriba. Su nueva etapa propone hacer exactamente lo contrario: atravesar sus puertas, recorrer sus interiores, alojarse allí y contemplar Madrid desde uno de sus edificios más emblemáticos.
La propuesta, impulsada por Grupo Paraguas, se apoya en una premisa tan sencilla como difícil de reproducir: no crear un nuevo destino para competir con los grandes hoteles de Madrid, sino convertir uno de los símbolos arquitectónicos de la ciudad en una experiencia de hospitalidad contemporánea.
Un edificio nacido con la Gran Vía

La historia del Metrópolis comenzó mucho antes de que existiera el hotel.
El edificio fue construido entre 1907 y 1911 para La Unión y el Fénix Español, en una época en la que Madrid atravesaba una profunda transformación urbana. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos franceses Jules y Raymond Février y su ejecución en la capital española correspondió a Luis Esteve Fernández-Caballero.
Su arquitectura, de inspiración neorrenacentista, incorporó una rotonda monumental sostenida por columnas corintias y un conjunto de esculturas alegóricas relacionadas con el comercio, la industria, la agricultura y la minería.
Pero fue su coronación la que terminó convirtiéndolo en un icono.
La característica cúpula de pizarra, acompañada por detalles dorados, se transformó rápidamente en uno de los elementos más reconocibles del perfil madrileño. En 1975, la antigua figura de La Unión y el Fénix que coronaba el inmueble fue reemplazada por la Victoria alada, la escultura que todavía domina el cruce.
Más de cien años después, la arquitectura continúa funcionando como referencia urbana. Lo que cambia ahora es su relación con quienes pasan por allí.
Solo 19 llaves en una de las esquinas más conocidas de España
Metrópolis Hotel & Club cuenta con apenas 19 habitaciones y suites, una escala deliberadamente reducida para un edificio ubicado en uno de los puntos de mayor movimiento de Madrid.
La contradicción es parte de la experiencia. Al salir del hotel aparecen inmediatamente Gran Vía y Alcalá, mientras que a pocos minutos se encuentran el Círculo de Bellas Artes, el llamado Triángulo del Arte —con el Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía—, el Parque del Retiro, galerías, restaurantes y algunos de los principales escenarios culturales de la capital.
Adentro, en cambio, el ritmo busca ser otro.
El diseño interior establece un diálogo entre la arquitectura histórica y una intervención contemporánea basada en materiales nobles, texturas cálidas, mobiliario de marcada personalidad y obras de arte. Los grandes ventanales mantienen, al mismo tiempo, una conexión permanente con el exterior.
El resultado es una suerte de refugio en medio de uno de los lugares más intensos de la ciudad.
Entre las habitaciones más particulares aparecen las Circular Suites, de unos 80 metros cuadrados, cuya configuración sigue la geometría de la propia rotonda del edificio.
La Circular Suite Cibeles, ubicada en la cuarta planta, y la Circular Suite Victoria, en la tercera, ofrecen vistas panorámicas de 360 grados sobre Madrid. En este caso, la arquitectura no es simplemente el escenario de la habitación: determina su forma, sus recorridos y, sobre todo, la manera en que el huésped observa la ciudad.
La configuración de mayor superficie puede alcanzar aproximadamente 117 metros cuadrados al unir una de las suites circulares con una habitación Superior, dando lugar a la Grand Suite 360º.
A ellas se suman otras habitaciones orientadas hacia la calle Alcalá o la Gran Vía, con un elemento común: la presencia de luz natural y una relación visual constante con el paisaje urbano.
Más que alojarse: pertenecer al Metrópolis

El hotel es solamente una parte del proyecto.
Club Metrópolis busca recuperar la tradición de los clubes sociales desde una perspectiva contemporánea, incorporando gastronomía, música, arte, encuentros y actividades culturales en espacios destinados a sus miembros.
La consecuencia es que la experiencia del huésped no necesariamente termina cuando sale a la calle.
Una parte de la vida social y cultural que normalmente el visitante tendría que buscar en distintos puntos de Madrid puede desarrollarse dentro del propio edificio. La intención es generar un ecosistema en el que alojamiento, ocio, gastronomía y cultura compartan una misma dirección.
La programación incluye encuentros musicales y artísticos, propuestas gastronómicas de temporada, experiencias privadas e itinerarios diseñados de acuerdo con los intereses de cada visitante.
También el servicio apunta a ese nivel de personalización. Algunas suites pueden incorporar mayordomo, traslados desde el aeropuerto o la estación, servicio de sumiller y experiencias gastronómicas privadas, además de una bienvenida personalizada.
El concierge puede ocuparse de organizar recorridos culturales, gestionar accesos preferentes a restaurantes y diseñar itinerarios específicos. Incluso existe la posibilidad de organizar experiencias privadas de compras mediante un servicio de personal shopper.
En un hotel de solamente 19 llaves, la exclusividad no depende tanto de la cantidad como de la posibilidad de adaptar la experiencia a cada huésped.
Madrid también se descubre alrededor de una mesa
La gastronomía ocupa un lugar central en la nueva identidad del edificio.
La intención no es que los restaurantes funcionen exclusivamente como servicios para quienes se alojan allí, sino que Metrópolis pueda convertirse también en un destino para los propios madrileños.
Entre sus propuestas aparece Tasca Fina, una interpretación contemporánea de la taberna española construida alrededor del producto, la cultura de compartir y una ejecución más sofisticada.
En un registro diferente se encuentra Spa de Langostas, una experiencia gastronómica inmersiva que coloca a la langosta en el centro de una propuesta inspirada en el universo marino.
Los distintos conceptos permiten que el edificio modifique su carácter a medida que avanza el día. Desayunar, reunirse al mediodía, cenar, tomar una copa o prolongar la noche forman parte de una misma dirección.
Y allí aparece otro vínculo con Madrid. La identidad de la capital no se construye únicamente alrededor de sus museos, palacios y edificios históricos. También está en sus bares, sus restaurantes y esa costumbre de convertir una mesa en el lugar donde una conversación puede extenderse mucho más de lo previsto.
La intención es que Metrópolis vuelva a ser un edificio vivido y no solamente fotografiado.
Un espacio para bajar el ritmo
En medio de esa actividad, el bienestar funciona como contrapunto.
El hotel incorpora un espacio dedicado a tratamientos de belleza y wellness y un área fitness equipada con tecnología Technogym. Los huéspedes pueden además solicitar entrenamientos personales, sesiones de yoga, pilates y entrenamiento funcional.
El concepto no plantea el bienestar como una actividad separada del viaje, sino como una extensión natural de la experiencia urbana.
Entrenar antes de comenzar el día, recuperarse después de una jornada recorriendo Madrid o reservar un tratamiento sin abandonar el centro de la ciudad forman parte de una propuesta diseñada para adaptarse al ritmo de cada visitante.
Es, en definitiva, una forma de bienestar más privada y flexible, pensada para integrarse en una agenda urbana en lugar de competir con ella.
Dormir dentro de una postal de Madrid
La ubicación coloca al hotel a pocos minutos de algunos de los principales referentes culturales y turísticos de la capital y permite llegar aproximadamente en 20 a 25 minutos al Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, dependiendo del tráfico.
Pero quizá la distancia que realmente se acorta con la apertura del hotel sea otra.
Durante generaciones, el edificio Metrópolis perteneció al paisaje de Madrid. Se lo fotografiaba desde Alcalá, desde Gran Vía, desde Cibeles. Su cúpula servía para reconocer la ciudad incluso antes de identificar el lugar exacto.
Ahora esa relación se invierte.
El visitante puede entrar en aquello que durante décadas solamente podía observar desde afuera. Puede dormir dentro de la arquitectura, desayunar en ella, contemplar la ciudad desde sus ventanas y formar parte, aunque sea temporalmente, de uno de los escenarios que mejor representan a Madrid.
La transformación del Metrópolis no consiste solamente en convertir un edificio histórico en un hotel. Es también una nueva manera de relacionarse con un monumento que ya pertenecía a la memoria colectiva de la ciudad.
Después de más de un siglo mirando a Madrid desde su esquina más fotografiada, el Metrópolis ofrece ahora la posibilidad de mirar Madrid desde adentro.

