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Melconian vuelve al tablero: programa primero, candidatura después

Natalia Schneider, The Post FMGN Press, Política

Carlos Melconian no es un outsider ni pretende serlo. Su figura, asociada históricamente al establishment económico argentino y a la ortodoxia fiscal, reaparece ahora con un movimiento que busca correrse del ruido inmediato para volver a instalar una palabra que en la política local suele escasear: programa.

El ex presidente del Banco Nación confirmó que ya trabaja con vistas a las elecciones presidenciales del próximo año. Pero, fiel a su estilo, evitó definiciones rimbombantes sobre una candidatura inminente y eligió ordenar la secuencia: “Estamos trabajando para tener un programa”. En la Argentina de la urgencia permanente, la frase no es menor. Implica una toma de distancia del vértigo político y, al mismo tiempo, un diagnóstico implícito: sin un plan consistente, cualquier intento de estabilización está condenado a chocar.

Melconian no parte de cero. Desde la Fundación Mediterránea, el economista viene elaborando desde hace años un esquema integral que combina estabilización macroeconómica, reformas estructurales y una hoja de ruta para la normalización financiera. Ese mismo cuerpo técnico fue el que diseñó el programa que adoptó Patricia Bullrich tras imponerse en las primarias de 2023.

La referencia no es casual. En aquel momento, la candidatura de Bullrich intentó diferenciarse de la competencia interna y del fenómeno libertario presentando un plan económico detallado, con Melconian como principal arquitecto. Sin embargo, la dinámica electoral terminó priorizando otras variables —carisma, narrativa, ruptura— por sobre la consistencia técnica.

En ese contexto, el economista deslizó una frase que hoy cobra otro peso: “A todos los candidatos les explicamos el programa excepto a Milei. Ella dijo que lo quería”. La alusión a Javier Milei no sólo marca una diferencia personal, sino también conceptual. Mientras el actual presidente construyó su llegada al poder sobre un discurso de shock, anti-establishment y con fuerte impronta ideológica, Melconian propone volver a un terreno más clásico: el de los equilibrios macroeconómicos, la previsibilidad y la ejecución técnica.

Pero la pregunta inevitable es otra: ¿hay espacio político para ese enfoque?

La Argentina que enfrenta el próximo ciclo electoral no es la misma de hace dos años. El desgaste del gobierno de Milei, atravesado por tensiones en la implementación de su programa y por una percepción creciente de desaceleración en la capacidad de respuesta, abre una ventana. Pero esa ventana no garantiza demanda automática para propuestas tradicionales. Más bien obliga a quienes aspiran a ocupar ese lugar a reformular su oferta.

Ahí es donde Melconian parece intentar jugar una carta distinta. No se posiciona —al menos por ahora— como candidato, sino como proveedor de certidumbre. Busca reinstalar la idea de que el problema argentino no es sólo de diagnóstico, sino de secuencia, consistencia y credibilidad. En otras palabras: menos épica y más ingeniería.

El desafío es doble. Hacia adentro, ordenar una coalición que en 2023 mostró fracturas profundas entre halcones y moderados. Hacia afuera, convencer a un electorado que viene de apostar por soluciones disruptivas de que el camino pasa, otra vez, por un programa técnico.

En política, los tiempos importan tanto como las ideas. Melconian parece haber decidido que el suyo es el tiempo de la construcción silenciosa. Si esa estrategia deriva en una candidatura o en la provisión de un plan para otro dirigente dependerá menos de su voluntad que de la evolución del clima político.

Por ahora, su mensaje es claro: antes que nombres, hay que tener un rumbo. En la Argentina, eso ya es una definición.

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