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Trump lleva la presión al límite: amenaza a Omán mientras se derrumba la tregua con Irán

El presidente estadounidense advirtió que Estados Unidos podría atacar a Omán si el país del Golfo interfiere con sus objetivos en el estrecho de Ormuz. La amenaza se produce cuando expiró el acuerdo de 60 días con Irán sin un entendimiento definitivo y mientras Teherán endurece su posición.

Patricia Arencibia, The Post FMGN Press, US Correspondent

La crisis entre Estados Unidos e Irán entró en una nueva y peligrosa etapa. La tregua que durante dos meses había contenido la escalada militar expiró sin un acuerdo definitivo y, en lugar de abrirse una nueva ronda diplomática, Washington y Teherán volvieron a endurecer sus posiciones.

En ese contexto, Donald Trump elevó considerablemente la tensión al amenazar con una respuesta militar contra Omán, un aliado tradicional de Estados Unidos y uno de los principales intermediarios entre Washington y Teherán.

La advertencia de Trump estuvo vinculada directamente con el futuro del estrecho de Ormuz, el estratégico paso marítimo por el que históricamente circuló alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado transportados por vía marítima a nivel mundial.

Durante una entrevista telefónica, Trump fue tajante al referirse a la posibilidad de que Omán obstaculice los objetivos estadounidenses en la región. La amenaza representa una escalada particularmente llamativa porque no está dirigida contra un adversario de Washington, sino contra un país que durante años ha cumplido funciones de mediación entre Estados Unidos e Irán.

El problema inmediato es Ormuz.

Irán y Omán avanzaron en conversaciones destinadas a establecer un mecanismo para administrar el tránsito comercial por el estrecho. Para Teherán, ese esquema forma parte de las condiciones que permitirían normalizar la navegación. Washington, en cambio, se opone a cualquier fórmula que pueda otorgar a Irán un papel dominante sobre el paso marítimo.

La disputa adquirió todavía mayor gravedad porque el plazo establecido en el memorando de entendimiento firmado el 17 de junio llegó a su fin el lunes 17 de agosto. El acuerdo había abierto una ventana de 60 días para avanzar hacia una solución más amplia del conflicto, incluyendo la cuestión nuclear iraní y la reapertura del estrecho.

Ese plazo terminó sin acuerdo.

Washington endurece el discurso

Trump dejó además claro que no considera que haya llegado el momento de extender la tregua. El presidente sostiene que Estados Unidos no está obligado a aceptar un nuevo calendario mientras Irán no cumpla las condiciones planteadas por Washington.

Desde Teherán, la respuesta fue igualmente contundente.

El principal negociador iraní afirmó que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos levante el bloqueo naval, retire las sanciones petroleras, descongele activos iraníes y cese sus operaciones y amenazas militares.

La contradicción entre ambas posiciones deja prácticamente sin espacio a una solución inmediata.

Trump sostiene que Ormuz está abierto y que Estados Unidos ha eliminado las minas navales que amenazaban la navegación. Irán, por el contrario, afirma que el estrecho continúa cerrado y condiciona su reapertura al cumplimiento de los compromisos que atribuye a Washington.

El movimiento real de buques comerciales sigue siendo limitado, lo que muestra que, más allá de las declaraciones políticas, el riesgo para la navegación continúa siendo elevado.

Omán, de mediador a protagonista de la crisis

La situación coloca a Omán en una posición extraordinariamente delicada.

El sultanato había construido durante décadas una reputación como interlocutor confiable entre Washington y Teherán. Precisamente por mantener relaciones con ambos países, Muscat pudo desempeñar un papel diplomático que pocos otros gobiernos de la región estaban en condiciones de asumir.

Ahora esa misma posición puede convertirse en un problema.

La Casa Blanca considera que cualquier acuerdo que otorgue a Irán capacidad para administrar el tránsito por Ormuz resulta inaceptable. Trump ha llegado incluso a plantear la posibilidad de considerar el estrecho como territorio estadounidense, una afirmación que ha generado fuertes cuestionamientos y que se encuentra en abierta tensión con el régimen jurídico internacional de los estrechos.

Para Omán, la alternativa tampoco es sencilla: apartarse de Irán significaría renunciar a una de sus principales herramientas diplomáticas, mientras que avanzar con Teherán puede exponerlo a una confrontación directa con Washington.

El costo puede ser mundial

El conflicto ya comenzó a reflejarse en los mercados energéticos.

Con la expiración de la tregua y la incertidumbre sobre la navegación en Ormuz, el precio del petróleo Brent volvió a superar los 90 dólares por barril. La reducción del tráfico marítimo por la zona está aumentando la percepción de riesgo entre operadores y compañías energéticas.

El verdadero temor en Washington no es solamente que vuelva a producirse una escalada militar entre Estados Unidos e Irán. El escenario más preocupante es que el conflicto termine incorporando a nuevos actores regionales y transforme a Ormuz en el epicentro de una crisis energética global.

Una interrupción prolongada de la navegación afectaría no solamente a los países del Golfo. También tendría consecuencias sobre Europa y Asia y, eventualmente, sobre los precios de los combustibles en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo que su capacidad de presión permitiría resolver rápidamente conflictos que otros gobiernos no habían podido cerrar.

Pero el reloj de los 60 días ya se agotó.

Irán no cedió. La navegación por Ormuz sigue siendo el principal punto de conflicto. Omán, que debía funcionar como puente diplomático, ahora aparece bajo amenaza estadounidense. Y Washington no parece dispuesto a ofrecer una nueva extensión de la tregua sin obtener antes concesiones sustanciales de Teherán.

La diplomacia todavía no está muerta, pero el margen para ejercerla se está reduciendo rápidamente.

Y en Oriente Medio, cuando desaparecen los canales de negociación, los riesgos dejan de ser solamente políticos.

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