
Carlos Mira, The Post FMGN Press
NUEVA YORK.— Nueva York se prepara para conmemorar este viernes el 25° aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Pero la fecha, que históricamente consiguió reunir a la ciudad alrededor del recuerdo de las víctimas, llega esta vez atravesada por una fuerte controversia política alrededor del alcalde Zohran Mamdani.
En la previa de la conmemoración, distintas asociaciones y grupos vinculados con las víctimas de los atentados, familiares y sobrevivientes reclamaron —y en muchos casos directamente exigieron— que Mamdani no concurra a los actos de recuerdo que se realizarán en el Memorial de Nueva York.
El reclamo adquirió una dimensión significativa. Más de 100.000 personas firmaron una petición para que el alcalde no concurriera a la ceremonia, mientras familiares de víctimas y primeros respondedores se presentaron frente al City Hall para entregarle formalmente el pedido. Entre ellos estuvieron familiares que perdieron a sus seres queridos aquel 11 de septiembre y que consideran que la presencia del alcalde resulta inapropiada para una ceremonia que entienden como esencialmente dedicada al recuerdo y al duelo.
Mamdani, sin embargo, confirmó que concurrirá al acto. El alcalde sostuvo que quiere dedicar la jornada a las familias de las víctimas y a los primeros respondedores que actuaron durante los atentados y sus consecuencias.
La controversia se profundizó después de que Mamdani firmara un decreto municipal declarando al 11 de septiembre como “Day of Remembrance and Service”, estableciendo la fecha como una jornada oficial de recuerdo y servicio en la ciudad. La firma tuvo además un episodio que generó fuertes críticas: la lapicera utilizada para suscribir la medida terminó en manos de su jefe de gabinete y chief counsel, Ramzi Kassem.
La elección de Kassem como integrante central de la administración de Mamdani ya había provocado cuestionamientos. Kassem fue abogado de Ahmed al-Darbi, quien se declaró culpable de cargos vinculados con planes de Al Qaeda contra embarcaciones comerciales y cuyo cuñado, Khalid al-Mihdhar, fue uno de los secuestradores del vuelo 77 de American Airlines, que terminó estrellándose contra el Pentágono.
Ese vínculo es precisamente uno de los argumentos utilizados por los familiares y críticos de Mamdani para cuestionar su presencia en la ceremonia del 25° aniversario.
Pero la discusión alrededor del alcalde neoyorquino no comenzó ahora. Muchos neoyorkinos que votaron por Mamdani parecen estar percibiendo recién con el paso del tiempo las consecuencias de aquella decisión electoral. Para sus críticos, haber elegido a un alcalde al que definen como un islámico radical marxista representa hoy un error que comienza a revelar sus consecuencias políticas y simbólicas.
Uno de los episodios que volvió a quedar bajo la lupa fue el relato que Mamdani utilizó durante su campaña acerca de una familiar que, después del 11 de septiembre, habría dejado de utilizar el subte de Nueva York porque no se sentía segura utilizando el hiyab. Parece que el entonces aspirante a la alcaldía pretendía dar vuelta la tortilla y hacer pasar a él y a los suyos como las víctimas del 9/11, una verdadera tomadura de pelo para quienes murieron y para sus familiares.
Es que resulta obvio de toda obviedad que aquella historia colocaba el foco del trauma del 11 de septiembre en la experiencia de los musulmanes perseguidos después de los atentados, desplazando de alguna manera el centro del relato de quienes fueron asesinados aquel día y de quienes arriesgaron y perdieron sus vidas intentando salvarlos.
Ese punto resulta especialmente sensible cuando Nueva York se aproxima a una fecha que no es una conmemoración cualquiera. Veinticinco años constituyen un aniversario significativo en prácticamente cualquier actividad humana. Y en el caso del 11 de septiembre, un cuarto de siglo significa además el paso de una generación completa desde el día en que Nueva York, Estados Unidos y el mundo occidental cambiaron para siempre.
La discusión política llegó incluso hasta figuras emblemáticas de la cultura neoyorkina como Robert De Niro, quien durante la campaña respaldó públicamente a Mamdani, adoptando una impostura “cool” y “progresista”, contraria a los que estos idiotas llaman “establishment”. Sin embargo, ahora, cuando Mandami se propone llevar adelante su programa marxista de gobierno, confiscando la fortuna de los “De Niro” de la vida, se queja, pide audiencias al jefe de la ciudad para discutir su caso y, en algún momento, se supo que amagó con emigrar de la ciudad.
Muchos, con razón, consideran a Mamdani como lo que es: un gusano putrefacto que, desde el interior, vino a agregar su granito de arena en la destrucción de los EEUU, empezando por la que quizás sea su ciudad más emblemática.
Así, Nueva York enfrenta el 25° aniversario del 9/11 en un estado de estupor político que alcanza no solamente a quienes no votaron por Mamdani, sino también —según sus críticos— a algunos de quienes sí lo hicieron y que, con el paso del tiempo, comienzan a revisar aquella decisión.
La ciudad que durante un cuarto de siglo repitió como una promesa colectiva las palabras “Nunca olvidaremos” llega ahora a una nueva conmemoración preguntándose qué significa realmente no olvidar.
Para los familiares de las víctimas que hoy piden al alcalde que no concurra al Memorial, la respuesta parece sencilla: recordar a quienes murieron, respetar a quienes sobrevivieron y mantener el 11 de septiembre como una fecha sagrada para las víctimas, no para los victimarios y para los que comparten sus creencias con las de los asesinos.
Veinticinco años después, Nueva York vuelve a enfrentarse con la pregunta que atravesó a toda una generación, y que algunos parecen haber dejado de lado en la última elección de la ciudad. Porque sí: parece que muchos neoyorquinos decidieron olvidar quien los atacó, encumbrando al lugar de poder más alto de la ciudad a uno que tiene más puntos en común con los asesinos que con las víctimas.


Jamás podré comprender cómo pudieron votar a este tipo.