
Villa La Angostura fue escenario de una nueva edición del encuentro gastronómico que reúne a grandes cocineros, productores y referentes de la cultura argentina alrededor de los sabores y productos de la región.
Carlos Mira, The Post FMGN Press
Hay lugares donde comer es también una forma de viajar. Villa La Angostura es uno de ellos. Rodeada de bosques, montañas y lagos, la localidad neuquina volvió a convertirse en el escenario de Sabores que Unen, una experiencia gastronómica que, después de 17 años, mantiene intacta su capacidad para reunir a cocineros, productores, anfitriones e invitados alrededor de una misma mesa.
Durante tres jornadas, la gastronomía fue el hilo conductor de un recorrido por algunos de los establecimientos más destacados de la zona: Las Balsas Relais & Châteaux, Auria Angostura, Cerro Bayo y Correntoso Lake & River Hotel. La propuesta buscó algo más que ofrecer buenos platos: poner en primer plano los productos, las historias y la identidad gastronómica de la Patagonia.
Con Gonzalo Aramburu como anfitrión, participaron reconocidos cocineros argentinos y latinoamericanos como Aris Pabón, Duván Ochoa Zuluaga, Juliana López May, Damián Farías, Emiliano Gasque, Germán Martitegui y Lucas Giménez Walser. Cada uno desarrolló propuestas especialmente pensadas para el lugar y para los ingredientes que definen al territorio.
Una Patagonia que llega al plato

El primer encuentro tuvo lugar en Las Balsas Relais & Châteaux, donde Aramburu, Aris Pabón y Duván Ochoa Zuluaga dieron comienzo al recorrido con una cocina marcada por los productos patagónicos.
Entre los platos sobresalieron una trucha del Limay con crema de cholgas y aceite del bosque, un lomo de ciervo con demi-glace de café y topinambur y un particular tiramisú con hongos de pino. Una combinación que mostró hasta qué punto la gastronomía contemporánea puede dialogar con el paisaje sin quedar atrapada en la mera reproducción de recetas regionales.
La segunda escala fue Del Campo, el restaurante de Auria Angostura. Allí, Juliana López May y Damián Farías trabajaron con ingredientes y texturas de la región. La trucha volvió a ocupar un lugar central, esta vez cocida a baja temperatura y acompañada por pistachos, castañas y piñones andinos. El menú se completó con un risotto de quinoa, calabaza y Saint Maureen.
Comer en la montaña

La experiencia se trasladó luego a Cerro Bayo, donde la gastronomía se encontró literalmente con la montaña.
El almuerzo estuvo a cargo de Emiliano Gasque y comenzó con una selección de productos de productores regionales como Humos Patagonia, Istmo Hueni, El Bocado, Séptimo Becu, Chaco Chipá y Quesería Ventimiglia.
El plato principal fue una costilla de ternera cocida a baja temperatura, servida con crema de papa trufada, frutos secos y caramelo de olivas negras. Para el final llegó una mousse de chocolate con crumble de patay y frutos rojos patagónicos.
Más allá de los platos, el encuentro permitió poner en evidencia una de las grandes fortalezas de la gastronomía argentina contemporánea: la posibilidad de construir una cocina sofisticada sin perder contacto con el productor y con el territorio.
Martitegui y una mirada federal

El cierre tuvo lugar en Correntoso Lake & River Hotel, con Germán Martitegui y Lucas Giménez Walser.
Martitegui llevó a la mesa una mirada que viene desarrollando desde hace años: recorrer el país, conocer a sus productores y convertir esa diversidad en una gastronomía que exceda los límites de Buenos Aires.
El menú tuvo a la Patagonia como protagonista. Incluyó trucha de Alicurá presentada en distintas texturas, terrina de conejo con pistachos y membrillo y una fondue elaborada con cuatro quesos de Ventimiglia —4 Esquinas, Rumel, Raclette y Toscano— que puso en primer plano el trabajo de la producción quesera regional.
El resultado fue una suerte de retrato gastronómico de la Patagonia: trucha, ciervo, conejo, frutos rojos, hongos, quinoa, quesos, frutos secos y productos de pequeños productores convertidos en una cocina contemporánea con identidad propia.
La gastronomía como forma de descubrir un destino

Los vinos de Rosell Boher acompañaron los diferentes encuentros, mientras que Oliovitaformó parte de las creaciones de los cocineros. La edición también contó con la participación de invitados especiales del mundo del espectáculo, la cultura y las redes sociales.
Para Marcela López Ghitta, creadora de Sabores que Unen y CEO de The KullHaus, el desafío después de 17 años sigue siendo renovar la experiencia y generar nuevos cruces entre cocineros, productores, anfitriones e invitados.
Y allí probablemente esté una de las claves del encuentro. Sabores que Unen no propone simplemente una sucesión de cenas con chefs reconocidos. Su apuesta consiste en utilizar la gastronomía como una herramienta para contar un territorio.
En Villa La Angostura, esa historia tiene ingredientes privilegiados: el agua de sus lagos, los bosques, la montaña y una producción regional que cada vez ocupa un lugar más importante en la alta cocina argentina.
La edición reunió gastronomía, hotelería, naturaleza y producción local en una misma experiencia. Una fórmula particularmente efectiva en un destino donde el paisaje ya hace buena parte del trabajo.

Porque en la Patagonia comer puede ser mucho más que sentarse a una mesa. Puede ser una manera de entender dónde estamos.
Y en Sabores que Unen, la mesa volvió a ser el punto de encuentro entre quienes cocinan, quienes producen y quienes quieren descubrir un lugar a través de sus sabores.

