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Woke vs Disney

La compañía Disney está cumpliendo 100 años. Y quizás, al lado de esta conmemoración simbólica, se esté produciendo en su interior un cataclismo profundo que está cambiando los valores fundacionales de la empresa y aquellos que la convirtieron en un símbolo amado y respetado no solo en los Estados Unidos sino en todo el mundo.

Algunos dicen, incluso, que ese curso de acción puede conducir al colapso completo de la compañía y a su desaparición.

Pero, ¿cómo puede ser esto posible? Pues muy sencillo: por el derrumbe de lo que hizo que Disney fuera el fenómeno en el que se convirtió y que fue, justamente, lo que hizo que fuera identificada como uno de los totems del enemigo a demoler.

El gran secreto del éxito de Disney consistió en su capacidad para congelar el estado de inocencia -sin importar la edad que se tenga- y en convertir los sueños en realidad aunque sea por un momento breve.

Sin ese apelativo que vinculaba la cultura de la compañía y la de cada uno de sus productos a los valores más tradicionales, Disney no hubiera triunfado.

La capacidad de generar una atmósfera mágica que abstrajera de la cruel realidad a los visitantes y, por un rato, los transportara a un reino ideal fue lo que produjo este éxito centenario.

Desde hace un tiempo ya la compañía fue cooptada por agentes del llamado movimiento “Woke” con el objetivo de corroer desde su mismísimo interior lo cimientos fundacionales de la empresa y así atacar de modo indirecto la concepción filosófica sobre la que los Estados Unidos fueron construidos para, justamente, “deconstruirlos”.

Dos son los campos de acción principales en los que el movimiento Woke se ha centrado para destruir Disney: la cuestión racial y la cuestión de género.

Dos trompadas de realidad de ese porte, sin dudas, serían tiros a la línea de flotación del concepto de “inocencia” en el que gran parte del secreto de Disney se ha apoyado hasta el momento.

El trabajo comenzó por cuestiones tan subliminales como, por ejemplo, eliminar de las presentaciones la fórmula de “Ladies and Gentlemen, Boys and Girls” para dar paso a una concepción aséptica de géneros.

Recientemente la tradicional atracción “Splash Mountain” fue cerrada sin que nadie sepa muy bien por qué, aunque el motivo que fue divulgado fue que el tema musical en el que estaba basada -“Song from the South”- era racista.

Con argumentos similares otras atracciones como “The Bibbidi Bobbidi Boutique” también fueron modificadas siempre siguiendo el mismo patrón: eliminar la magia e introducir realidad (y una realidad siempre compatible con la agenda global del movimiento Woke).

Recientemente, a través de la plataforma Disney +, se difundió un dibujo animado (“Proud Family”) con referencias directamente salvajes sobre el tema racial y sobre la mismísima figura del presidente Lincoln, a quien, increíblemente, se le niega ser quien liberó a los esclavos de la esclavitud.

Esa concepción filosófica pronto hará necesario que se modifiquen atracciones icónicas como “It’s a Small World After All” y “The Hall of Presidents” ambos en el parque Magic Kingdom y ambos puntales de los valores tradicionales tanto de Disney como de los Estados Unidos.

El movimiento Woke no es otra cosa más que otra herramienta gramsciana del fascismo de izquierda que no cesa en su tarea de identificar faros de la cultura que quiere demoler para infiltrarlos y destruirlos desde su propio interior.

Es curioso, porque uno de los primeros capítulos de la puesta en ejercicio de esta táctica (allá por los primeros años de los ‘60) consistieron, justamente, en acusar a los EEUU de utilizar compañías como Disney o Warner para exportar sus valores capitalistas al resto del mundo mediante el uso de sus productos. No hace mucho que el presidente Alberto Fernández hizo pública su guerra contra Bugs Bunny, en una remake antigua que delata el desfase etario del inefable jefe de Estado.

Uno de los elementos clave de la táctica es su lenta progresividad: no por vieja la fabula de la rana hervida cobra una nueva relevancia.

La destrucción de la inocencia de los chicos figura entre los primeros puestos del ranking de la agenda global Woke. 

En esa línea también se inscribe la idea de empezar a mostrar cómo ganan los malos en contra de los buenos y cómo se expanden sistemas apoyados en la figura de un líder todopoderoso.

El caso es importante porque la Argentina no está fuera del radar Woke, como en su momento (y aún ahora, claro está) no estuvo fuera del alcance de la “Cancel Culture”. Y no sería extraño que versiones berretas de esta misma táctica se intenten implementar en un país que, a su vez, no tiene los contrapesos culturales e institucionales de los EEUU.

Justamente, el problema para Disney es que pese a su cada vez mayor prevalencia, “Woke” es profundamente impopular en los Estados Unidos. Son ruidosos, pero no se acercan a la mayoría. 

Disney se está quedando sin tiempo para ver la luz y volver a la visión pro-estadounidense y pro-niños de Walt Disney que todos conocíamos y amábamos. Si no lo hace tal vez dentro de no mucho tiempo debamos contar la historia de una gran empresa norteamericana que una vez existió, pero se enamoró del virus “Woke” y murió a causa de él.

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2 thoughts on “Woke vs Disney

  1. deleatur

    La culpa no la tiene el “woke” sino el “Disney” q le da de comer…
    La plata manda. Disney no fue la única Cía q deliró con lucrar con la basura woke. Netflix es otra. DC Comics, otra más. Se subieron a esa idiotez de enajenados y así les ha ido: no paran de perder millones. Mirá al punto q llegamos q ya ni brújula moral tienen, pues la han pisoteado a gusto, xo a diferencia de lo moral, la guita es bien palpable. Si no se avivan, bueno, q se fundan. Trump, vilipendiado como es, lo vió hace rato con su “go woke, go broke”.

  2. Andrés

    Muy interesante este artículo. Me ha dejado mucho en que pensar

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