Vizzotti y el Estado

La ministra de salud, Carla Vizzotti, debería recordar lo que dijo Cristina Fernández de Kirchner cuando era presidente: “La salud pública solo es cierta cuando los funcionarios se atienden en los hospitales públicos y no en los privados”.

Por supuesto que la primera en violar semejante concepto fue la propia comandante de El Calafate que jamás recurrió a una institución de salud pública para atenderse y siempre lo hizo en los mejores sanatorios privados.

Pero es curiosa la explicación que encontró Vizzotti para intentar justificar lo que está muy claro. La ministra dijo que lo que ella preside no es el “Ministerio de Salud Pública” sino el Ministerio de Salud y que, como tal, tiene también a su cargo la regulación de las entidades privadas entre las que las que ella tiene una cobertura personal.


De modo tal que, presentado su problema, se atendió en uno de los establecimientos que le provee su obra social. También agregó que si se hubiera atendido en un hospital público no habría faltado quien dijera que estaba ocupando el lugar de alguien sin obra social que pudiera necesitar esa cama.

La explicación demuestra que esta gente tiene una salida y una respuesta para todo. Pero Vizzotti olvida que lo que la sociedad reclama son gestos de sometimiento de los funcionarios públicos a las reglas de ética que se espera de ellos.

Es más, lo que Cristina Fernández dijo aquella vez siendo presidente es cierto y correcto: la verdadera medida del cuidado de la salud pública debería estar dada por la capacidad de ésta para atender a las figuras más importantes del gobierno.

Macri se atendió en un hospital público cuando ocupó la presidencia y no precisamente porque Macri no tuviera una prepaga que lo cubriera, sino como un gesto de confianza hacia el sistema que el jefe del Estado representa.

Del mismo modo, lo que se le reclama a Vizzotti es que trasmita confianza en el sistema que ella supervisa. Más allá de que burocráticamente el ministerio de salud regula también a las instituciones privadas, lo que como funcionaria pública debe reflejar es la confianza en los medios del Estado que, dicho sea de paso, su tendencia ideológica tanto defiende.

La ministra se escuda en una explicación formal y burocrática cuando sabe perfectamente que el reclamo social es un reclamo de coherencia; su discurso socialista llega hasta la puerta del interés propio: cuando sus propias papas están al horno se olvida del socialismo y corre al Otamendi.

No hay ningún vericueto semántico que pueda liberarla de semejante hipocresía: ya está, Vizzotti, cuando tu propia salud era la que estaba de por medio te olvidaste de levantar la bandera de “lo público”.

Por supuesto que el mismo argumento le cabe a Fernández de Kirchner que se considera la capitana de la preponderancia del Estado sobre lo privado pero que de lo único que se aprovisiona del Estado es de sus múltiples privilegios y de la posibilidad que esos privilegios le dan de robar el Tesoro Público. Para todo lo demás se olvida del Estado.

Ella se viste con las mejores marcas producidas y comercializadas por empresas privadas, atiende sus problemas de salud en los mejores sanatorios privados, y deposita sus dineros en instituciones financieras privadas (al menos la ya grosera parte de la fortuna que le conocemos, sin entrar a hablar de los millones que robó y ocultó quien sabe dónde).

El caso de Vizzotti es uno más que sirve para demostrar para lo único que esta gente enarbola la bandera del estatismo y el socialismo: para tirarse en palomita a la caza de las cajas públicas. Terminado ese procedimiento de esquilmar los dineros del pueblo, en todo lo demás buscan la eficiencia del único sector productivo e innovador que el mundo conoce: el sector privado.

El único drama en esta cuenta es que, con su prédica, entronizaron en la Argentina un sistema que llevó a 20 millones de argentinos a vivir en la pobreza y a casi 5 millones en la más completa indigencia, sin acceso a nada. Crearon y exacerbaron el resentimiento de una mayoría de argentinos contra los que avanzan, contra los que crean valor, contra los que emprenden, contra los que innovan y, al hacerlo, asfixiaron la fuente más extraordinaria que el mundo conoce para generar riqueza.

La consecuencia fue el hundimiento en la pobreza de la mitad del país, mientras ellos viven la vida de los millonarios gracias al asalto de los dineros públicos.

Vizzotti, como Fernández de Kirchner, además de todas las cuitas criminales que debería resolver la Justicia sobre ellas, son la expresión de una hipocresía que se instaló en la Argentina de la mano del odioso peronismo y que terminó con el pueblo cartoneando por la calle. Eso es lo que consiguió su gran hazaña socialista, su verso de la “justicia social”.


Mientras, los idiotas útiles que se lo creyeron asisten al espectáculo de estos señores atendidos en los mejores sanatorios provistos por el sector que ellos mandaron a odiar. Esa es la triste paradoja de la Argentina: ¡cómo tantos estúpidos les creyeron a unos pocos miles de vivos!

Para la próxima vez busque otro argumento Vizzotti. O mejor diga la pura verdad: “soy una falsa que te engaña con el verso del Estado pero que cuando mi propio culo está en peligro me hago atender por el único sector que funciona: el sector privado”.

Si en todo hicieran lo mismo y dejaran de lanzar bocanadas de odio contra los sectores que producen, la Argentina no estría hundida en la mierda en la que ustedes la hundieron.

Por Carlos Mira
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2 thoughts on “Vizzotti y el Estado

  1. hector

    Este es un gobierno de delincuentes ideologicos unos hipocritas inmorales

  2. hilda rosa rachid

    con un mínimo de observación, los “funcionarios” (sic), que se presentaron públicamente, en cuanto a su vestimenta y más de sus aspectos, francamente daban lástima,( se entiende hoy lo producido, pilchas de sastrerías, modistos, marcas, calzados, peluqueros, estilistas , y es largo …….. para mencionar. Cuanto gastan, no se sabe, y de donde salen los recursos mucho menos. Sin embargo,no les resulta posible exterminar su poca “calidad de vida”, con sus rostros llenos de “colgantes “, “lo que natura non da……,manos sarmentosas, otras regordetas, uñas ficticias todas/todes, y con la mirada fija en personajes del mundo “capitalista”, ( la sra. Merckel, ) una de las mejores estadistas, hoy, es tapa de la prensa saliendo del supermercado del brazo de su esposo, ambos mayores, con la misma vestimenta, pantalón y blusa y/o chaqueta, zapatos comunes, cerrados, su vestimenta favorita, para lo diario y en las más encumbradas reuniones mundiales, y otra mención a la sra. Bachelett, en Chile. Sus representaciones no hacen que pasemos verguenza. Caras lavadas, pura naturaleza, cabellos propios, dejando el rostro al descubierto, porque pueden caminar por la vida con la frente bien alta!!!!

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