Victoria de la libertad

El castrochavismo se había propuesto destronar al uruguayo Luis Almagro, un dirigente de centro, equilibrado, sereno y racional, proponiendo a la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, una candidata que respondía a los intereses de La Habana y de Caracas, en la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos.

Almagro contaba con el apoyo de los EEUU, de Brasil y de Colombia. A su vez la Argentina a través de su embajador designado, Carlos Raimundi, había manifestado que la intención era evitar la continuidad de Almagro en la OEA. “Las diferencias son clarísimas”, había dicho Raimundi días atrás.

La Argentina, según pudo saberse porque el voto es secreto, se inclinó por Espinosa, es decir votando junto al grupo de fascistas que respaldaba la candidata del castrocomunismo.

Finalmente Almagro se impuso por 23 votos contra 10 en una elección en donde los representantes se sentaron a más de un metro de distancia para respetar las indicaciones por coronavirus en la sede de la organización en Washington.

Se trata de una importantísima victoria de la libertad por sobre la servidumbre y de un pésimo mensaje del país en el orden internacional, que lo vuelve a colocar al lado del voto de las dictaduras y los autoritarismos.

Resulta francamente repugnante cómo el gobierno de Alberto Fernández pudo haberle dado la espalda a un demócrata y respaldar a un títere de Castro y de Maduro, aunque probablemente esas sean parte de las instrucciones que periódicamemente la impresentable vicepresidente va a recoger a Cuba.

Veintisiete ex jefes de Estado y de Gobierno de España y Latinoamérica habían expresado hace dos semanas su apoyo a la reelección del actual secretario general de la OEA. En un comunicado divulgado por la llamada Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), los ex líderes elogiaron los esfuerzos de Almagro en denunciar a “aquellos Estados miembros en los que han venido ocurriendo serios quebrantos al orden constitucional y violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos”.

Por tanto, consideraron que su reelección era “crucial para el porvenir de la región en su conjunto (…) y frente a las expectativas de millones de ciudadanos que ansían y merecen el retorno de la democracia a sus países y un futuro de dignidad y bienestar”. El ex canciller uruguayo, que contó con el apoyo de Estados Unidos, defiende un estilo directo y describe al venezolano Maduro como un “dictador con todas las de la ley”, en tanto defiende herramientas polémicas como las sanciones económicas contra Caracas.

El camino de Almagro, de 56 años, se allanó definitivamente luego de la renuncia del peruano Hugo De Zela, un diplomático de 68 años con amplia trayectoria en la OEA, que era postulado por su país. Entre los 27 ex líderes firmantes figuraban José María Aznar, de España; Vicente Fox y Felipe Calderón, de México; Mauricio Macri, de Argentina; Eduardo Frei, de Chile; Ricardo Martinelli y Mireya Moscoso, de Panamá; Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle, de Uruguay; y Andrés Pastrana y César Gaviria, de Colombia.

Como se ve del mero hecho de repasar el listado de países, Almagro contaba con los votos de los países serios y responsables que denuncian la dictadura de Maduro abiertamente y sin temores ideológicos.

Lamentablemente la Argentina, por la vía de las declaraciones de su impresentable embajador designado,

ha sido clara en el sentido de que está junto a los que violan los derechos humanos, de los que asesinan por el simple hecho de que los asesinados no compartían ni las ideas ni los métodos de los asesinos.

Se trata de un mojón vergonzante para el gobierno de Fernández que tiene la rara habilidad de envolver en un envase amable y “tragable” para la gilada un autócrata que no preserva la libertad y que en la disyuntiva de tomar decisiones para asegurarla o para ponerla en peligro, no duda en adoptar éstas últimas.

En tiempos en que la atención de la sociedad está puesta en otras prioridades sería interesante guardar un resquicio de los sentidos para ver qué clase de postura internacional adopta el gobierno que se dice demócrata pero que cuando la democracia está amenazada, opta por adoptar posiciones ambiguas cuando no directamente alarmantes.

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