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Veinticuatro horas en la Argentina

En tan solo 24hs han sucedido tantos disparates que uno no sabe bien por dónde empezar. Los abogados dicen: “A confesión de parte, relevo de prueba”: Pablo Micheli, el líder de ATE, de la CTA, comunista de formación, acaba de reclamar un salario mínimo de U$S 500. Quinientos dólares, por si no quedó claro.

La aceptación, por parte de un recalcitrante comunista, antinorteamericano, fascista del Estado, que busca terminar con el sector privado y que vivió toda su vida expoliando los bolsillos de los demás (como no podía ser de otra manera para un comunista), de que necesita manejarse, no sólo con otra moneda sino con la moneda de los EEUU para poder medir lo que cobra, es la demostración más evidente de que las ideas que Micheli ha contribuido a expandir durante todos estos años han roto el sistema métrico monetario: el peso ya no sirve para medir nada; no es posible saber el valor de las cosas y, mucho menos, el del ingreso propio cuando esos valores están expresados en pesos.

Hace unos días fue viral en las redes el video de un vendedor ambulante que vendía frutillas y que cotizaba cada caja a un dólar. ¿Qué más “nacional y popular” que un vendedor ambulante del conurbano puede haber? Es hora de terminar con los versos nacional-socialistas que han arruinado a la Argentina y sumergido a sus habitantes en la miseria, y tener una moneda que sirva para medir el valor de las cosas, empezando por el salario.

En la misma línea, la CGT realizó su “movilización contra los especuladores”, a la que le dio un broche de oro con todos sus capitostes almorzando en El Tropezón (en donde un bife de chorizo no debe costar menos de $ 5000), con Pablo Moyano a la cabeza, mientras los ciudadanos honestos y trabajadores que pagan esas cuentas habían quedado bloqueados en el centro porteño.

Algunos de esos trabajadores, sin embargo, siguieron trabajando para las empresas que hacen trabajos de mantenimiento para la Ciudad de Buenos Aires. En un video que también fue viral en las redes se puede ver a una cuadrilla de tres o cuatro trabajadores en una vereda de Buenos Aires cavando un inmenso pozo. Un piquetero que venía caminando con la horda de vagos que copó el centro de Buenos Aires ayer, entra en el cuadro del video burlándose (por la espalda) del señor que trabajaba, mimetizando los movimientos que aquel hacía con la pala y cagándose de risa enfrente de la cámara. Su lenguaje corporal lo decía todo: “Mirá este pelotudo que todavía cree que hay que trabajar”.

El daño que el peronismo en general y el kirchnerismo en particular le han hecho a la mente colectiva de la Argentina, el deterioro que, en términos de valores, esos engendros le han hecho al país, superan en mucho a los descalabros económicos a los que también han condenado a la Argentina.

Superar esta mentalidad, este estado de nuevo sentido común, según el cual, el que trabaja es un pelotudo y que lo que hay que hacer en su lugar es extorsionar al Estado para que él entregue la comida en la boca a cada ciudadano, será una tarea que demandará décadas y cuyo final, aún cuando se empiece hoy mismo en el camino correcto, es incierto.

Mientras, continuando con las pinceladas de totalitarismo cotidiano con las que el gobierno sazona la vida de los argentinos, uno de los órganos que pertenecen a sus grupos hegemónicos de propaganda -en este caso, el diario Página 12, cuya propiedad es del sindicalista Santamarina y cuya redacción está en manos del comisariato comunista del kirchnerismo- hizo alarde de una de las prácticas más habituales del nazifascismo de los años ’30 y ’40 como es la publicación de “listas”.

Con la ayuda de una obvia tarea desarrollada por los organismos de inteligencia (que en lugar de estar previniendo la comisión de atentados o de estar estudiando las hipótesis terroristas que podrían afectar la vida de los argentinos se dedica a espiar a los ciudadanos para luego entregar esa información a los medios afines al gobierno para que con eso escrache la vida de personas privadas) Página 12 publicó una antojadiza nómina de presuntos argentinos “ricos” que estaban beneficiados por los subsidios a la energía.

Mientras su tapa, cuando Macri intentó acomodar esos valores para terminar con las injusticias (porque hacía años que los profesionales especializados alertaban que el gobierno kirchnerista estaba subsidiando los consumos de las personas de alto poder adquisitivo con el aquelarre que habían armado con las tarifas), fue “MALDITO TARIFAZO”, ahora, cuando ese mismo mecanismo es implementado por el gobierno kirchnerista (porque no le quedó otro remedio, porque de lo contrario habrían continuado con su obcecación) su tapa fue PÁGUESE LA LUZ (Y EL GAS Y EL AGUA) como dando a entender que un conjunto de sanguijuelas ha estado, hasta ahora, chupándole la sangre al pueblo, cuando podían pagar lo que las cosas valían.

Por su puesto, en su escrache fascista, solo incluyeron a las personas que desprecian, desde el juez Rozenkrantz hasta Carlos Tévez, pero ocultaron muy bien el nombre de los kirchneristas que gozan del mismo beneficio, empezando por Cristina Fernández de Kirchner en su piso de Juncal y Uruguay o por el propio presidente, que vivía en Puerto Madero como otros “notables” kirchneristas que pagaban los servicios regalados.

Ninguno de todos los que aparecieron en esa simbólica cruz de alquitrán nazi pidió el subsidio: fue el propio Estado nazifascista del kirchnerismo el que lo impuso indiscriminadamente durante 12 años al romper unilateralmente los contratos con las compañías de servicios públicos.

¿Renunció la vicepresidente a esos subsidios en sus múltiples propiedades? ¿Renunció a sus ingresos de presidente, legisladora o vicepresidente como Macri renunció al suyo mientras estuvo en funciones? ¿Renunció acaso a su pornográfica jubilación? ¿O más bien luchó para que le devolvieran lo que legalmente la Justicia le había sacado cuando se comprobó que percibía ingresos dobles que no le correspondían? ¿Renunció acaso Cristina Fernández de Kirchner a su retroactividad? ¿O acaso no pidió también -porque todos aquellos privilegios le parecieron poco- la exención del impuesto a las ganancias? ¿En qué “listas” debería aparecer el nombre de la señora?

Veinticuatro horas pueden ser una eternidad cuando de resumir lo que ocurre en la Argentina se trata. 

Por Carlos Mira
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