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Una más de Bergoglio

Jorge Bergoglio no puede ocultar sus preferencias. Sus preferencias por las autocracias, por los Duces o los Führers, por los sistemas que desafían la democracia y por aquellos que atropellan los derechos con el objetivo de imponer la voluntad de un tirano.

Sus recientes tuits sobre la invasión de Rusia a Ucrania (que es como correctamente deben exponerse las cosas sin hablar de “guerra” porque aquí uno de los países no tenía ninguna voluntad de ir a la guerra) lo dejan desnudo frente a quien quiera verlo.

Ya era escandaloso que, en lo que va de la invasión, no se hubiera expedido sobre la conducta del déspota de Moscú, uno de los líderes mundiales que más veces se vio con el Papa.

Pero ahora fue un poco más allá y, sin que se le mueva un pelo, escribió: “Miles de personas se han visto obligadas a huir de Ucrania a causa de la guerra, pero muchos también se han visto obligados a abandonar su tierra natal en Asia, África y América. Mis pensamientos y oraciones están con todos ellos”.

O el Papa es un cínico que deliberadamente quiere construir un relato que oculte las felonías de un delincuente o no lee los diarios.

De Ucrania no han huido miles, Bergoglio: Putin puso en fuga a millones de seres humanos que, de la noche a la mañana, con ancianos, con niños y hasta con mascotas, debieron abandonar todo lo suyo, sus vidas, sus posesiones, sus lugares, muchos de ellos a parte de sus familias, para tratar de escapar de la muerte que les imponía un desequilibrado.

Muchos de ellos no lo lograron. Muchos de ellos que escapaban en autos y hasta en bicicletas fueron ametrallados por la espalda o arrollados por los tanques.

¿Ha tenido usted, Bergoglio, una palabra para ellos?

No solo no la tuvo sino que parece haber intentado una versión internacional del “Ah pero Macri” cuando asimila ese éxodo -el mayor en el mundo desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial- a las personas que abandonan sus países en África, Asia y América Latina, la mayoría -digámoslo- desde países a los que usted defiende a países a los que usted condena (porque nadie ha visto a un norteamericano desesperado por alcanzar las costas cubanas, ni a un coreano del sur intentando cruzar al norte, ni a un camerunés intentando emigrar a Angola) sino que los movimientos migratorios son en sentido opuesto.

Pero no fue eso lo único que escribió el Papa. En otro tuit dijo textualmente: “Hay llorar sobre las tumbas (sic). ¿No nos importa la juventud? Me adolora lo que sucede hoy. No aprendemos. Que el Señor tenga piedad de nosotros, de todos nosotros. ¡Todos somos culpables! #Paz #Ucrania”.

¿Todos somos culpables, Bergoglio? ¿De qué era culpable ese ucraniano acribillado por las ametralladoras de su amigo Putin cuando buscaba salir de su país en bicicleta? ¿De qué somos culpables nosotros, los argentinos, que tenemos que soportar un gobierno también apañado por usted que privilegió un proyecto geopolítico con Rusia, relegando a un segundo plano las urgencias de salud que el país tenía en medio de la pandemia? ¿De qué es culpable el resto de los ciudadanos libres del mundo -esos a los que usted constantemente llena de blasfemias- que un día se levantaron con la noticia de que,  por la sola decisión de un desquiciado, un país pacifico que vivía hasta allí su propia vida, había sido invadido a sangre y fuego?

Usted, Bergoglio, es una vergüenza. Una vergüenza y un sinvergüenza. Desde que llegó adonde está no ha hecho otra cosa que apañar criminales y condenar los sistemas que les permiten a los seres humanos vivir dignamente o, al menos, que los dotan de las libertades básicas para que ellos busquen su propia dignidad y felicidad.

Su papado no ha consistido en otra cosa más que en eso: en la condena a la libertad y en la reivindicación de la fuerza, del despotismo de capitostes que sojuzgan a pueblos completos sobre los que esos dementes se proponen ejercer un poder omnímodo, sin ninguna clase de control.

No recuerdo una sola palabra de condena para los regímenes de los Castro, del chavismo venezolano, del kirchnerismo argentino y del mismísimo zarismo de Putin.

En cambio sí son frecuentes sus grotescas condenas a los países que defienden la dignidad humana, aquellos a los que el individuo libre quiere ir a vivir, a los que entregan a sus pueblos los mejores niveles de vida de la Tierra.

Resulta francamente repugnante la actitud del Papa. Los argentinos deberíamos sentir vergüenza por el hecho de que un ser tan injusto, tan proclive al mantenimiento y expansión de la pobreza y tan abiertamente inclinado a la defensa de tiranos ocupe el lugar que ocupa, siendo argentino.

Ninguno de los dichos de Bergoglio sobre la invasión de Rusia a Ucrania (acontecimiento al que él llama “guerra”) sorprende. Es lo que debería esperarse de alguien que no ha tenido empacho en respaldar las más crueles dictaduras y a los más férreos tiranos.

El mundo libre debería desenmascarar a este personaje. Dejar de tener con él la misericordia que él no tiene y el respeto que él no valora. Respetar protocolarmente a alguien simplemente por el lugar que ocupa y no por lo que es, por lo que hace y por lo que dice, se parece bastante a la hipocresía. Y al mundo -y a la Argentina antes que a nadie- le vendría bien un poco de sinceridad.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “Una más de Bergoglio

  1. Carlos

    Hay una frase de la antigua Roma creo
    o + antigua aun es un poco cruel pero real y es EL VIVO VIVE DEL SONSO Y
    EL SONSO DE SU TRABAJO

  2. EDUARDO

    BASURA HUMANA. NO LE CABE OTRO CALIFICATIVO.NO ES UN REPRESENTANTE DE DIOS. LA MEJOR FORMA DE ACERCARSE A DIOS ES ALEJARSE DE SEMEJANTE IMUNDICIA HUMANA.

  3. Matias

    Falso y pobrista como toda la curia. El Cáncer de los pueblos. Y, para colmo, PERONISTA. ¿Qué podía salir mal con semejante esperpento?

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