Una explicación psicológica a la decadencia argentina

¿Cuál es la rara fuerza que impulsa a la Argentina a unirse con los peores países de la Tierra, con aquellos en donde la gente vive peor, en donde tiene más necesidades, es más pobre, tiene más carencias; con aquellos gobernados por autocracias que no respetan los derechos humanos, las libertades individuales mínimas y donde una casta superior vive con una desigualdad tan notoria como chocante respecto de las miserias del pueblo raso?

Se trata de un fenómeno tan raro que cuesta explicarlo. Más aún en un país como la Argentina que conoció las mieles del desarrollo y la abundancia, el estar mezclado con los poderosos de la Tierra, el disfrutar de uno de los niveles de vida más codiciados por ciudadanos de otras naciones que no en vano las dejaban para buscar entre nosotros un futuro mejor para ellos y para sus hijos.


¿Qué podría llevar a un país así a alinearse con dictaduras asesinas como las de Cuba, Venezuela o Nicaragua? ¿Qué más hace falta demostrar para que quede claro cuáles son los sistemas que le entregan a sus pueblos mejores niveles de vida, más igualdad, más trabajo, más enseres de confort, menos pobreza, mejores salarios, más oportunidades de estudio y de progreso, mejor calidad de la salud y de la educación, más inclusión y más justicia?

Las respuestas a estos interrogantes son tan claras y contundentes que no cabe duda que las respuestas a las dudas que aún subsisten deberán buscarse por un lado distinto a la clásica idea de seguir poniendo sobre la mesa las obvias bondades de los sistemas libres.

Todas las explicaciones sobre la superioridad práctica de la libertad han sido superadas incluso por los ejemplos que la propia realidad entrega: no hay más que mirar un planisferio para seleccionar los países que mejor viven y preguntarse qué sistema económico y social practican para tener todas las respuestas.

Es más, los primeros bastoneros de la servidumbre son los primeros en elegir esos países cuando se van de vacaciones, cuando compran propiedades en el exterior (porque ellos sí pueden) o cuando se exilian. Ninguno de ellos elige nunca un país organizado según las ideas que ellos persiguen imponer en la Argentina.

El ideólogo máximo del fascismo kirchnerista, Ernesto Laclau -un borracho de mala muerte que enganchó a una francesa tan delirante como él y se fue con ella del país- no eligió La Habana para escribir “La Razón Populista”: lo hizo desde Londres con vista a su bucólico balcón de tulipanes.

¿Cuál es, entonces, ese lugar en donde debería buscarse la respuesta a este misterio? Digamos por empezar que la solución al enigma no se halla en algoritmos lógicos demostrables por razonamientos cartesianos.

La respuesta yace en pliegues muy íntimos del ser humano y del colectivo argentino que fue aprovechado por un conjunto de vivos que vio en esas bajezas -que ahora trataremos de explicar- una oportunidad única para convertirse en millonarios sin trabajar, robándole al pueblo al que previamente habían convencido de que ellos eran su salvación.

La libertad conlleva un riesgo: el riesgo del fracaso. Normalmente, los sistemas libres son tan elásticos que siempre bridan oportunidades nuevas para dejar atrás esas caídas y, casi al contrario, recordarlas como buenas enseñanzas para los triunfos ulteriores.

Pero cuando el miedo al fracaso propio se combina con la envidia de no poder soportar el éxito ajeno, se concibe el embrión del huevo de la serpiente.

Con la libertad puedo triunfar y dejar las privaciones atrás. Pero… ¿Y si no logro y los demás sí? ¿Qué tan bueno será empezar a creerle y a apoyar a los que me dicen que si ellos llegan al poder, nadie podrá asomar la cabeza por encima de la mía porque eso es esencialmente injusto?

Los argentinos, que habían sido la prueba viviente de un crecimiento social sorprendente, de generaciones enteras sacadas de la pobreza, del analfabetismo y de las pestes, de repente consideraron que los riesgos de que algunos progresarán y otros no era un albur demasiado peligroso para su ego.

José Ortega y Gasset en sus dos visitas a la Argentina, había descrito al argentino como un “hombre a la defensiva”. En un extraordinario ensayo que hoy forma parte de sus Obras Completas, el español desentrañó como nadie un costado oscuro de nuestra personalidad nacional según la cual el argentino promedio presume que el “exterior” lo ataca, por eso, sin que nadie despliegue sobre él agresión alguna, abre sus púas como un puercoespín para defenderse de la nada.

Esa actitud pusilánime es muy compatible con el miedo a perder. Y este miedo a perder, a su vez, es muy compatible con la preferencia por un piso de seguridad miserable antes que por aceptar los riesgos de una libertad que no garantiza nada pero posibilita todo.

Ante la posibilidad del todo, pero la seguridad contra el riesgo de la nada, los argentinos prefirieron esto último.

Detectada esa veta de temor por los ideólogos del fascismo, se construyó un matrimonio perfecto entre un conjunto de miedosos y un conjunto de inescrupulosos que vendían seguridad a cambio de los votos.


Todos sabemos cómo terminó este partido. Ochenta años después de este pacto tácito y espurio, los argentinos perdieron tanto la libertad como la seguridad; tanto el confort como la inclusión; tanto la abundancia como la igualdad. Hoy se debaten en la escasez, votando al lado de dictaduras innombrables, justificando tiranos analfabetos y atacando los modelos de los países que les entregan a sus pueblos los más altos niveles de vida de la Tierra.

¡Es increíble lo que puede la bajeza!, ¡Es increíble lo que puede el temor!, ¡Es increíble lo que pueden la envidia y el resentimiento!

Con una mano en el corazón, ¿reconocerá el “hombre a la defensiva” el horror de sus decisiones? ¿Podrá ver  adónde lo llevaron las pequeñeces de sus pensamientos?

Por Carlos Mira
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5 thoughts on “Una explicación psicológica a la decadencia argentina

  1. Hugo Alberto D'Angelo

    Como siempre coincido con Carlos, mi discrepancia con este análisis es que al contrario de su idea de que estos malnacidos lo hacen para llenarse los bolsillos solamente, yo creo que, aparte de eso, también subyace en los pliegues perversos de sus mentes NACIONALSOCIALISTA KUKA, el maligno placer de dominar y someter dictado por sus mentes psicopáticas, depravadas, infames y desequilibradas, con solo ver el comportamiento de la Seño y su lacayo alcanza.

  2. Manuel Laine

    tenemos dos mayorias el peronismo cooptado por loS K (COMUNISTAS ) una segunda mayoria que copto el radcalismo SOCIALISTA Dentro de estos grupos esta la mayoria silenciosa que realiza que este pais hay que darlo vuelta como una media.No ha podido expresarse por que estos grupos compiten para ver quienes ofrecen mas leyes demagogicas que nos vienen destruyendo desde un siglo
    Una barbaridad como la cantidad de Cheques que hace el estado desde el comienzo de la democracia en la cual Alfonsin dejo 800.000 atados a la teta del estado a los 35.000.000 cheques mensuales que se hacen hoy .Ninguno de los 7 presidentes de la era fue capaz de disminuirlos
    Es una informacion que circula poco y casi todos los que tienen la voz cantante en la politica actual eatan vigentes s .
    Este indice es lo que mas demuestra el fracaso de las politicas,y al siguen propondiendo, No Habria que analizar cuandto aun-mntaron durante sus mandatos par que juzguemos sus culapabilidadaes

  3. Sarah West

    Los vota una cantidad muy grande de gente porque 1.ellos les han enseñado el odio a quien progresa y quien tiene más dinero, porque es injusto. 2. Les largan unos discursos tan incendiarios sobre los aumentos de precios, y se dejan convencer que es por culpa del mercantilismo de los productores y comerciantes, agregando más leña al fuego.3. Nunca les dicen que cuanto más dinero tengan que imprimir para pagar todos los planes, más disminuye la cantidad de dinero que tiene el banco central, con lo que no es que los precios suban, sino que la moneda baja su valor. Y así una tras otra, hablándoles ya con fingida ternura o con iracundia contra todo lo que no sean ellos!!!

  4. Juan C Parodi

    Ya Socrates dijo: si les dais a elegir a los votantes entre un candidato que reparte golosinas y otro que exige trabajo y responsabilidad, adivinen quien gana. El populismo no solo reparte golosinas ( planes ) sino que comete toda clase de fraude electoral. Ademas Marx aconsejaba tomar el poder por la fuerza. La democracia tiene una debilidad intrinseca que es la de permitir actuar en su seno a los comunistas con total libertad. Si en las proximas elecciones los K no son derrotados, estamos irremediablemente perdidos!

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