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Una ceguera de más de un año que puede costar carísima

El manejo de campaña de JxC desde hace un año a esta parte seguramente se anotará en la historia política cuando ésta sea contada de aquí a uno años como el más grande desquicio que un ganador seguro de unas elecciones pudo protagonizar contra sí mismo para, justamente, poner en riesgo ese triunfo.

Y no hay dudas que lo que ocurrió es una especie de resumen de lo que una coalición como ésta representa y simboliza. Es más, es una suerte que estos sinsentidos se hayan producido ahora y no cuando estuvieran ejerciendo el gobierno.

JxC tiene una heterogeneidad pocas veces vista en una coalición política. En su seno conviven tantas concepciones de vida diferentes, tantos modelos de país distintos que su unión sólo se explica porque a todos los une su deseo de sacar del poder al kirchnerismo.

El problema consiste en que todos podemos coincidir en que la Argentina necesita imperiosamente deshacerse de esa plaga pero que debe hacer en base a un programa más o menos sólido que aúne un horizonte de país común que supere la simple aspiración de no caer en los delirios, los exabruptos, los robos y las inmoralidades kirchneristas.

Que salir de todo eso sería ya un enorme paso adelante, nadie lo duda. Pero esta vez, eso no solo no es suficiente, sino que podría conducir al país a un marasmo prácticamente terminal.

Un personaje central en la estrategia de destrucción de JxC ha sido Horacio Rodríguez Larreta. Y digo esto con enorme pena porque creo que el alcalde porteño es una persona que trabaja mucho, que cree sinceramente que para derrotar al kirchnerismo hay que sumar gente de todos lados y que en sus 16 años como administrador principal de la ciudad (8 como jefe de gabinete de Macri y 8 como jefe de gobierno) la ciudad mejoró.

Pero los números, que, paradójicamente son los que más desvelan a Larreta, parecen ir en sentido contrario de sus creencias tácticas: los resultados de las elecciones desde que el PRO llegó al gobierno porteño demuestran que sus triunfos fueron más fuertes cuanta más identidad propia demostró y fueron más flojos cuando se asoció con cuanta agrupación andaba suelta por la Ciudad, desde Roy Cortina y Martin Losteau hasta Margarita Stolbizer y Ricardo López Murphy.

Sin ir más lejos, esos cuatro nombres sirven como un botón de muestra de la disparidad de concepciones de país que cada uno de ellos representa.

Por otro lado, parecería que al menos una parte cada vez más importante de la sociedad parece estar lista y preparada para protagonizar un cambio verdadero y profundo del modelo social que gobierna la Argentina desde hace 80 años en donde el Estado ocupa el centro de la vida y donde sus funcionarios son los que eligen la manera en que las personas terminan viviendo.

JxC no ha demostrado hasta aquí una voluntad clara e indisimulada de querer cambiar ese modelo. Más allá de la paradoja de su nombre, lo que uno percibe es que vastos sectores de su composición (otros no) creen que aún es posible salvar el sistema estado-céntrico de la Argentina y con más moralidad, más prolijidad y más transparencia será suficiente para dejar atrás el destrozo kirchnerista y avanzar sin provocar una conmoción copernicana en la sociedad.

El punto es que esa opción ya no está disponible en la Argentina: el paroxismo populista de los Kirchner la aniquiló. Hoy se precisa un cambio de una magnitud oceánica para dejar atrás la decadencia y la miseria; con prolijidad y buenas maneras no va a funcionar.

Lo que gran parte de JxC no acaba de entender es que lo que el peronismo kirchnerista terminó provocando es un verdadero empacho del Estado. La gente ya no soporta más la carga impositiva, el gasto estatal, los planes para sostener una clientela de vagos y vivos, el entrometimiento cotidiano del Estado en cuestiones mínimas de la vida privada, la exigencia de explicaciones, demostraciones, constataciones, prohibiciones, obligaciones que el estado todos los días durante todo el día les está exigiendo a los ciudadanos. Los argentinos se hartaron de que sus únicas opciones de vida sean acatar lo obligatorio o dejar de hacer lo que está prohibido. Ese esquema regimentado, militar, fascista, de vida se terminó: el kirchnerismo con su grosero costado cuasinazi terminó por convertirlo en un muñeco por el que más y más gente siente un profundo desprecio.

Lamentablemente para JxC hay muchos de sus partidos integrantes que no han entendido ese hartazgo.

La mera idea de sugerir una incorporación del gobernador Schiaretti o de Florencio Randazo a la coalición sería suficiente para dar una noción de lo perdidos que se encuentran cuando se trata de desentrañar lo que la gente quiere.

Resulta francamente increíble que una coalición que tenía todo para ganar hace un año haya dilapidado ese capital político por querer aumentarlo. Porque esa es la gran paradoja de este engendro: por querer ser más ahora son menos.

JxC debió haberse concentrado todo este tiempo en leer con certeza hacia donde estaban soplando los vientos sociales y, en base a esa lectura, haber diseñado un programa de gobierno integral que atacara todos los desquicios a los que el peronismo sometió a la Argentina durante los últimos 80 años. Porque el kirchnerismo pudo haber sido una caricatura grotesca y exagerada de un monstruo, pero el monstruo no tiene un embrión kirchnerista. El huevo de la serpiente fue Perón. Y Eva.

Desarmar ese engendro es lo que la sociedad reclama hoy. Versiones aggiornadas de ese delirio (como pueden ser Stolbizer, Schiaretti, Randazzo, Cortina, y hasta la propia Carrió en algún sentido) no lo van a arreglar. Aquí se precisa una fuerza compacta y unívoca que, creyendo fuertemente en una concepción diferente de la vida y en un modelo de país completamente contrario al que se instaló en la Argentina a partir de 1946, instale un nuevo paradigma que retrotraiga a la Argentina a las bases de Alberdi.

Ya parece tarde el tiempo para que JxC recupere el tren que perdió. El único drama de ese detalle es que, increíblemente, el fascismo kirchnerista podría tener una posibilidad de subsistir frente a un escenario electoral atomizado como el que la irresponsabilidad y la ceguera de algunos sectores de JxC ayudaron a crear.

Por Carlos Mira
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2 thoughts on “Una ceguera de más de un año que puede costar carísima

  1. Andrés

    El camino al infierno está asfaltado de buenas intenciones. Los Horacio Rodríguez Larreta, las Carrió y Stolbizer, y toda la socialdemocracia son predicadores de las buenas intenciones. Creen que pueden ofrecer un mejor destino desde el estado.
    Lo peor es que lo creen. Por eso son tan peligrosos.
    Pero si queremos salir de este círculo vicioso de decadencia, arbitrariedad estatal y pobreza; no queda otro sendero que confiar en cada uno de nuestros habitantes, que tome el destino de su propia vida y que atreva a soñar e ir por sus sueños. Lo verdaderamente importante que tiene que velar el estado es cuidar reglas que permitan a los que van por sus sueños canalizar el resultado de su esfuerzo en derechos de propiedad y seguridad jurídica.
    Hoy nos encontramos en una Argentina tan anómica como en 1852. Tuvimos la suerte de contar con un Urquiza que estableció nuevas reglas y las garantizó y priorizo el éxito de su proyecto al poder personal.

  2. Anónimo

    Coincido plenamente con el razonamiento

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