Un modelo que piensa primero en “nosotros”

Cada vez va quedando más confirmado el hecho de que el presidente Fernández ha completado un aceleradísimo curso de psicología que, quizás no le haya sido suficiente para graduarlo, pero lo que lo ha hecho progresar enormemente en la práctica de lo que los psicólogos llaman “proyección”.

La “proyección” es un fenómeno por el cual uno instala en los demás lo que hace uno y, en el fondo, lo que uno es.

Fernández -que cree que gritando como un desaforado enardece a las masas y no se da cuenta de que no es más que un ridículo panzón con la compostura de un primate- dijo que aquí había dos modelos en pugna, uno que piensa en “nosotros” (el pueblo, representado por ellos) y otro que solo piensa en “ellos” (los oligarcas, los cipayos, los argentinos “de mal”, los anti-argentinos, representados por la oposición).


Es tanto lo que ha ocurrido en la Argentina kirchnerista con el “modelo” que piensa en “nosotros” que los retruques saltan a borbotones. Es más, como ya lo explicamos alguna vez, creo que tirar semejantes mentiras rayanas en el exabrupto es parte de la estrategia de causar estupefacción para, seguidamente, aplicar la estrategia guerrillera del “tomo y derribo”.

Al ser tantas las respuestas que uno podría dar frente a los descaros kirchneristas, ese torrente de palabras se neutralizan unas a otras y producen un segundo de quedo. Ese segundo, en el que uno se queda sin palabras frente a tanta caradurez, ellos lo aprovechan para “tomar y derribar”.

Pero aquí contamos con la ventaja del tiempo, así que podríamos aprovecharlo y preguntarle a Fernández si el “modelo” que ellos representan y que piensa en nosotros, es el mismo modelo que los llevó a robarse las vacunas para vacunarse primero ellos y sus militantes… O si ese “modelo” que piensa primero en nosotros es el que empobreció a los argentinos (50% del país pobre, 20% de clase media que ha pasado a ser pobre, 60% de los chicos que no comen todas las comidas, multiplicación por 300 de los argentinos que viven en villas miseria) mientras ellos se convirtieron en multimillonarios, en donde un simple secretario tenía, solo en inmuebles en EEUU, 75 millones de dólares.

O si tal vez, ese “modelo” que piensa primero en nosotros fue el mismo que hizo que todos estuviéramos encerrados mientras los jerarcas festejaban en Olivos… O si es el que permite que ellos viajen libremente mientras hay miles de argentinos varados en el exterior a quienes no dejan regresar.

Quizás Fernández nos pueda confirmar que ese “modelo” que piensa primero en nosotros fue el que dejó que mueran 115.000 argentinos por no comprar las mejores vacunas del mundo e inclinarse por una berretada producida por un país por cuyo proyecto geopolítico “se jugó” el gobierno, como confesó en su carta al politburó ruso la Sra. Cecilia Nicolini. Seguro que allí también estaban pensando primero en nosotros antes que en su propia ceguera ideológica.

Tal vez Fernández crea que pensar primero en nosotros es largar a la calle a miles de presos peligrosos que, obviamente salieron a robar, a matar y a violar argentinos. O, como dice su ministra de seguridad, quizás el presidente crea que pensar primero en nosotros es abrir las puertas del narcotráfico que acribilla gente por la calle en Rosario, a razón de un crimen del sicariato cada seis horas.

Quizás el presidente crea que piensa primero en nosotros, cuando fundió a cientos de miles de pymes y comercios que debieron bajar la persiana por la misma cuarentena que a ellos les permitía hacer lo que querían.

O tal vez cree que pensar primero en nosotros sea acribillarnos a impuestos que asfixian a los argentinos al punto de no dejarlos trabajar, de no permitirles crear, emprender, soñar.

A lo mejor el presidente cree que piensa primero en nosotros cuando dejó a los chicos un año y medio sin clases o cuando cierra las posibilidades de que el país exporte o cuando roba el fruto del trabajo lícito de los que construyen y, a pesar de todo, siguen levantándose cada mañana para sembrar y cosechar.

Tal vez Fernández cree que piensa primero en nosotros cuando respalda el bloqueo de empresas o cuando pone como Superintendente del Servicio Penitenciario a alguien que facilita líneas de teléfono fijo en las celdas de los narcos que, desde allí, ordenan las ejecuciones de testigos protegidos.

O quizás piensa que defendernos es buscar una manera para que la presidente que más robó en la historia institucional de la Argentina (a punto tal de ser hoy una supermillonaria cuya verdadera fortuna nadie conoce) salga indemne de sus crímenes, consolidando la pobreza de aquellos a quienes, con su atraco, condenó a la miseria.

Seguramente Fernández cree que pensar primero en nosotros es haber perfeccionado un sistema por el cual la Argentina está en manos de una minoría de no más de unos miles de jerarcas que tienen derecho a todo mientras el pueblo es cada vez más pobre.

O tal vez piense que pensar primero en nosotros consiste en aislarnos del mundo, en cortar nuestra conectividad para que no podamos comparar el barro en el que vivimos con la pujanza de los demás. O a lo mejor cree que pensar primero en nosotros es igualarnos para que debamos aceptar comer “la porquería que nos da el Estado”, como popularizó su “profesora” militante Laura Radetich.


O a lo mejor cree que pensar primero en nosotros es permitir que los jerarcas violadores sigan libres, o que un ex vicepresidente condenado en todas las instancias cobre 400 mil pesos mensuales de jubilación, o que la vicepresidente actual cobre dos jubilaciones de privilegio por más de 2 millones de pesos por mes y un retroactivo de más de 100 millones, mientras la mayoría de los jubilados del pueblo que su modelo dice defender no llega a cobrar 25 mil pesos.

Y así podríamos seguir horas y horas escribiendo dudas sobre lo que Fernández entiende por un modelo que piensa primero en nosotros y no en ellos.

Pero no los quiero aburrir, seguramente cuando pase ese instante de quedo por la estupefacción que produce tanta sinvergüenzada, a ustedes también se les agolpe en la punta de la lengua un torrente de preguntas. Abran las compuertas nomás y dejen que su indignación desfigure a la marioneta que se sienta en el sillón de los presidentes.

Por Carlos Mira
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