Tan solo el primer eslabón de una larga cadena

La liberación de Julio De Vido y Roberto Baratta constituye una burla a la República, pero no es una cuestión que pueda sorprendernos.

El kirchnerismo llegó al poder para lograr la impunidad de todos los funcionarios de su gobierno que fueron acusados en causas de corrupción o incluso en delitos comunes.

Para ser franco, la palabra “corrupción” siempre me cayó corta respecto de lo que el país tuvo que soportar en materia de atraco al Tesoro Público. El idioma castellano tiene términos más precisos para describir la situación a la que el kirchnerismo sometió a la sociedad. Esa palabra es “robo”, no corrupción. El pueblo argentino fue robado. Le quitaron el fruto de su trabajo para embolsarlo ellos. Se lo llevaron a sus casas en bolsos, valijas, containers. Lo guardaron en bóvedas y eventualmente lo fugaron. Insisto: la palabra corrupción se queda corta para trasmitir una imagen completa de todo lo que sucedió aquí.

El kirchnerismo no solo se las ingenió para diseñar un plan de saqueo completo sino que, una vez descubierto y puesto sobre la mesa, tuvo la suficiente creatividad para armar la teoría de la persecución judicial y mediática, operación según la cual los ladrones no eran ladrones sino pobre víctimas a las que se perseguía por haber sido “buenos” con el pueblo.

De allí vino la invención del “lawfare”, que la capitana de la banda esgrimió a los gritos cuando tuvo que declarar en sede judicial por la causa de los cuadernos, que pretende hacerle creer a la gente que un conjunto de cipayos se confabuló contra los protectores del pueblo y de los desposeídos (precisamente por ser protectores del pueblo y de los desposeídos) para encarcelarlos y, fundamentalmente, desacreditarlos y callarlos.

Francamente resulta increíble que parte del pueblo (como efectivamente sucede) crea esto. Las fortunas incalculables que han amasado (algunas de las cuales se traducen en un nivel de vida que ningún ingreso a cuenta del Estado puede explicar); las confesiones de personajes tan comprometidos como el mismísimo contador histórico de los Kirchner -Víctor Manzanares- que contó con lujo de detalles las operaciones de desviación de fondos, el traslado del dinero a las propiedades de la entonces familia presidencial, los escondites utilizados para esconder los bultos con plata y su propia participación en todos esos hechos; el despliegue obsceno de riqueza de la que hace gala la actual vicepresidente de la nación a la que no se le pueden contar pares de zapatos que cuesten menos de U$S 2000 o relojes y joyas que cuesten menos de U$S 10000; las increíbles mansiones en las que viven todos ellos (incluido el liberado De Vido); los videos que hemos visto por televisión de cajas de seguridad con millones de dólares, “garitos” ilegales en donde se contaban dólares descaradamente… En fin, todas las toneladas de evidencias acumuladas resultan ahora que no tienen validez y que se debe liberar a quienes no nos han robado sino que nos han ayudado… Es francamente increíble.

Pero reiteramos: el kirchenrismo regresó para esto. Lo dijeron explícitamente algunos personajes marginales de su entorno que, precisamente por ser marginales, fueron poco creídos en su momento. Recuerdo concretamente, por ejemplo a Dady Brieva que dijo que el primer objetivo del gobierno debía ser “liberar a los compañeros”, en una especie de recreación de Héctor J. Cámpora cuando en 1973 abrió las puertas de las cárceles para que, literalmente, salieran delincuentes de toda laya.   

Luego llegó el discurso de los “presos políticos” esgrimidos nada menos que por el mismísimo ministro del Interior Eduardo De Pedro frente a la “molestia” del presidente. Pese a ello, luego llegó el video de la Secretaría de DDHH que, con el aval del presidente en su cuenta de Twitter, produjo un cortometraje con la deliberada intención de asimilar el gobierno de Cambiemos a la dictadura militar.

Y ahora culmina (o empieza, según se lo quiera ver) con la liberación de De Vido y Baratta. Alguien dijo alguna vez que el kirchnerismo es literal: hace lo que avisa. Pues bien aquí avisaron que venían por la impunidad, la Justicia y el establecimiento de un gobierno feudal. Y lo están cumpliendo.

Por supuesto que la frutilla de este postre con el que piensan atragantar a la nación es la declaración de completa de inocencia de la señora Fernández. Ella no va a contentarse con menos. Ni con algún defecto de forma que anule los procesos o con artimañas menores que la liberen pero que siempre dejen la sombra de la duda: ella quiere la reivindicación de la Historia. Ella se cree un prócer en el altar de la Patria. No va a tolerar menos que un pedido de perdón. No sería extraño que demandara luego a la nación por los daños y perjuicios que todo esto le causó a su buen nombre y honor.

Hemos asistido ayer al primer acto de la gran obra de impunidad kirchnerista. Tan solo el primer eslabón de una larga cadena.

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