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Quilombos

Una vez más, gracias a las hordas fascistas del peronismo -representadas hoy como nada ni nadie por el kirchnerismo más recalcitrante- el clima del país se ha vuelto extremadamente denso.

Las amenazas por el terror que han desplegado las fuerzas más totalitarias del peronismo (nacido él mismo como un movimiento fascista, creado por un fascista y estimulado por una resentida social) ya adquieren un carácter evidente y sincronizado.

Estos jacobinos del siglo XXI, por toda definición antidemocráticos y con rasgos marcadamente nazis  -herederos de una cultura vomitivamente rousseauniana que identifica la voluntad de una mayoría circunstancial (que hoy en la Argentina ya ni siquiera es mayoría circunstancial) con la “voluntad general” a la que, por lo tanto, nada puede oponérsele- han hecho saber que si los mecanismos de la Constitución siguen actuando en contra de la persona a la que tienen como su actual Führer van a “armar quilombo”.

Como es de público conocimiento, un fiscal federal está acusando a Cristina Fernández de Kirchner de ser la jefa de una banda criminal que se organizó con el fin de cometer delitos desde el gobierno con el objetivo de saquear las arcas públicas en beneficio personal.

La prueba acumulada en el expediente y valorada y organizada puntillosamente por la fiscalía es de tal magnitud que todo hace pensar que el acusador público pedirá para ella la máxima pena de la escala tipificada en el Código Penal para ese delito: 16 años de prisión.

La Führer ordenó entonces poner en marcha los mecanismos del terror que tanto usara el mismísimo General que fundara este aquelarre con el nombre de peronismo: los llamados a “romper cabezas”, “dar leña”, “tomar la calle”, “colgar a todos”, “hacer caer a 5 de ellos por cada uno de los nuestros”, “matar”, “reprimir”, están sobradamente registrados y no hace falta abundar en la trágica historia de Perón para volverlos a probar.

Teniendo en cuenta esos antecedentes es de primerísima necesidad que estos fascistas definan la palabra “quilombo”. ¿Cuál es el “quilombo” que se va armar, tal como reza su himno de tribuna?

¿Van a matar gente? ¿Van a incendiar propiedad pública o privada? ¿Van a matar al fiscal Luciani, como ya fuera asesinado el fiscal Alberto Nisman? ¿Van a matar a los jueces del tribunal? ¿Van a quemar el edificio de la Corte Suprema?

¿Pueden los herederos del fascista Perón y de los totalitarios guerrilleros de los ’70 estar preparando otro baño de sangre en la Argentina?

El kirchnerismo viene batiendo el parche del odio desde hace 20 años. Desde los gritos desencajados de Néstor Kirchner estimulando a las masas a llevar adelante todo tipo de avasallamiento contra los que él consideraba sus enemigos (en una emulación de segundo orden de lo que hacía el propio Perón) hasta los ponzoñosos dardos verbales, cargados de tirria y rencor, de Cristina Fernández, este engendro nazifascista ha incitado a la violencia, a la división y al odio entre argentinos.

Ese caldo de cultivo fue fermentando en mentes encendidas y hoy amenaza abiertamente la paz pública. El sindicalismo, otro brazo del fascismo de choque, ha convocado para mañana miércoles a una marcha contra “el golpe” que, según ellos, le quieren dar al “gobierno popular” los cipayos de la Sociedad Rural, la Asociación de Empresarios Argentinos, la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana, la Asociación de Bancos, y el PRO.

Este conjunto de impresentables que, entre 2015 y 2019, culpaba al gobierno de entonces de la inflación, de la subida del dólar, de la caída del nivel de vida y de todos los males que se habían cernido sobre la Argentina, ahora ha encontrado la manera de sacar de la espalda del gobierno actual la responsabilidad por lo que acontece con las mismas cuestiones. Es como si, siempre -sean cual sean las circunstancias- el culpable de todo es el no-peronismo: si está en el gobierno, porque está en el gobierno y no sabe gobernar; y si está en la oposición porque es golpista y quiere voltear al gobierno popular con un “golpe de mercado”. El truco es muy básico y muy antiguo.

¿Quién bombardeó a los ministros y al propio presidente poco menos que desde que asumió el gobierno en 2019 sino Cristina Fernández de Kirchner? ¿Quién hizo renunciar al ministro emblema de Alberto Fernández, Martín Guzmán, provocando la escalada de incertidumbre económica que se desató desde finales de junio hasta aquí? ¿Quién volteó el 85% del gabinete del presidente? ¿Quién era la autora de las “cartas” destituyentes en las que se ufanaba de “revolear” ministros y de señalar “funcionarios que no funcionan”? ¿La cúpula del PRO? ¿La dirigencia de la Sociedad Rural? ¿O Cristina Fernández de Kirchner?

¿Quién defendió públicamente a quien hoy tiene probados delitos contra el pueblo jujeño como Milagro Sala? ¿Quién fondeaba a esa testaferro norteña para que desviara dinero hacia los Kirchner y a sus propios bolsillos? ¿Qué significa “organizar al pueblo” como pretende Cristina Fernández? ¿Quién es el pueblo y para que lo quieren “organizar”? ¿No está organizado ya por las disposiciones de la Constitución? ¿O quieren reemplazar esa arquitectura por el engendro fascista de la “comunidad organizada”? ¿Y qué hará el pueblo “organizado”? ¿Saldrá a partir cabezas como ordenaban Perón y Evita? ¿Es ese, más o menos, el perfil de “comunidad organizada” que tienen en mente para la Argentina? ¿que un conjunto de forajidos imbuidos de la creencia de que son “el pueblo” salga a aplastar por la fuerza a los que no piensan como ellos, aunque los que no piensan como ellos hayan reunido una monumental cantidad de prueba que demuestra que antes que “pueblo” son una banda criminal?

Son muchas las preguntas que el fascismo debe responder. Incluso algunas que deberían hacérselas a sí mismos a partir de las afirmaciones de sus propios popes. Por ejemplo, el impresentable Cuervo Larroque dijo que “sin Cristina no hay peronismo y sin peronismo no hay país” (de lo que se deduce que sin Cristina no hay país. ¿No es esto una inversión perfecta de la máxima del General “primero la patria, después el movimiento y por último los hombres”? Larroque habría adaptado ese apotegma a una actualización del nazismo: “Primero Cristina, después el peronismo y por último el país”.

Quizás el clima con el que esta banda mafiosa quiere inundar el país haya sido definido como nadie por el Juez Juan María Ramos Padilla en una plaza de Buenos Aires cuando, frente a una menguada concurrencia en apoyo a la vicepresidente, dijo que había que “llenar cada 15 días una plaza para meterle miedo a los jueces”.

A confesión de parte, relevo de prueba señor juez fascista: ustedes quieren infundir miedo, gobernar por el terror y tener amedrentada a la sociedad que no piensa como ustedes: aunque sean una decepcionante minoría, creen que unas fuerzas de choque que se las den de suficientemente malas pueden acallar la verdad y la libertad. Sepan algo, los Ramos Padilla, los Kirchner y los Larroque de la vida: la verdad y la libertad saldrán a la luz. Mal que les pese a ustedes.

Por Carlos Mira
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One thought on “Quilombos

  1. Eduardo Landin

    Gran verdad Carlos. Claro y al grano como siempre. Abrazo

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