Preocupados por los pobres u ocupados en sacarlos de la pobreza

No debería costar mucho trabajo explicar la diferencia que existe entre estar “preocupado por los pobres” y estar “preocupado porque los pobres salgan de la pobreza”. Incluso en este ultimo caso, para expresarlo mejor, uno debería decir estar ocupado” en lograr ese objetivo mas que en estar preocupado por ello.

La preocupación por los pobres en un estadio bastante impráctico, inútil y bastante demagógico cuando no claramente cínico, que permite adoptar una postura generalmente “oral” respecto de los pobres, políticamente correcta, pero que en la practica mantiene a esa gente en la miseria mientras permite al “preocupado” y al “políticamente correcto” llenarse de oro, vivir como un rey y convertirse en multimillonario.

En el otro extremo, estar ocupado porque los pobres salgan de la pobreza supone una acción concertada y coherente para poner en marcha los mecanismos que generen una multiplicación tal de la riqueza que permita que, justamente, la pobreza disminuya, se desvanezca en unos pocos casos aislados (siempre atendibles por asistencia especial) o directamente desaparezca. 

La cultura de nuestro país es una cultura “preocupada por los pobres”. Todo el mundo se llena la boca con esa vaina -como diría un caribeño- pero el resultado real y concreto es que los pobres son cada vez mas pobres y que su situación social (y la de muchos que NO ERAN pobres antes) no ha hecho otra cosa que empeorar desde que se implementaron las políticas que son el fruto de la “preocupación por la pobreza”.Como era de esperarse el Papa Francisco es una especie de capitán, algo así como la encarnación misma de esta postura. En ese sentido, acaba de tuitear, desde su cuenta @pontifex, que “ayunar es saber renunciar a las cosas vanas, inútiles, a lo superfluo, para ir a lo esencial. Es buscar la belleza de una vida mas sencilla”.

Lo que Bergoglio no advierte, seguramente cobijado bajo las seguras comodidades del Vaticano, es que esa predica producirá mas pobres, más miseria y más escasez. Con lo cual demuestra que puede estar, efectivamente, muy preocupado por los pobres pero, a los fines prácticos, demuestra estar muy poco “ocupado” porque los pobres dejen la pobreza atrás.

En efecto, el desarrollo (es decir el estadio económico en donde la pobreza se reduce o directamente desaparece) sucede donde se producen y consumen artículos superfluos, que no se precisan; que nadie, en ultima instancia, necesita, si por “necesitar” entendemos lo que Francisco llama “esencial”.

Resulta obvio que no es “esencial” que los televisores tengan 62 mil pulgadas, que los teléfonos tengan cámaras de fotos o que los automóviles tengan sistemas de climatización hasta en el traste de los pasajeros. La TV se verá igual aunque no tenga 62 mil pulgadas, los teléfonos permitirán hablar aunque no tengan cámaras de fotos y los autos nos llevaran de un lugar a otro aun cuando no tengan climatizadores en el traste de los pasajeros. O al menos eso creemos.

Pero lo cierto es que los países que producen y consumen televisores, autos y teléfonos “esenciales” son pobres, no ricos ni desarrollados, y en esos países hay pobreza, miseria, y escasez. Y en muchos casos dictaduras.

Es más, es muy posible que en esos países haya algo mas grave que pobreza, que es que haya injusticia, es decir, que una casta de privilegiados acceda de todos modos a los enseres de confort mas sofisticados y que una enorme masa del pueblo solo deba contentarse con migajas.

Esta calamidad es provocada por la diferencia axiológica que hay entre estar “preocupado por los pobres” y “estar ocupados por hacer que los pobres salgan de la pobreza”.

Y para que los pobres salgan de la pobreza lo que hay que hacer es liberar las fuerzas productivas, creativas, y de innovación que tiene la sociedad. La herramienta número uno para producir ese efecto es la ley. Es la ley la que puede permitir o prohibir, la que puede abrir o cerrar, la que puede ser rígida o flexible, la que puede confiscar riqueza o acumularla, la que puede incentivar con alicientes o demoler con castigos y puniciones.

Si la Argentina (o el mismísimo Papa) creen que la pobreza puede enfrentarse con apelaciones a la solidaridad no se estará haciendo otra cosa que construir otro escalón de odio para señalar indirectamente al que esta en desacuerdo con la idea y con el método, rotulándolo como un inmoral o un insensible.

Pues bien señores: la solidaridad es inútil para solucionar la pobreza. Esa es la prueba de que uno está “preocupado” por los pobres, pero NO esta “ocupado” en sacar a la gente de la pobreza. La solidaridad divide y nosotros necesitamos multiplicar; la solidaridad reparte y nosotros necesitamos generar; la solidaridad distribuye y nosotros necesitamos crear.

Es muy posible que el verso solidario satisfaga la ancestral sensiblería argentina. Y si estamos conformes con eso, perfecto. Pero sepamos que eso no solucionara el problema de la pobreza; eso no sacara a la gente de la miseria y la escasez. Solo la multiplicación de bienes lo hará. Y la multiplicación de bienes solo sucede en un marco de libertad y seguridad jurídica en donde las fuerzas creativas e innovadoras de la sociedad producen un aumento más que proporcional de la productividad de modo que la pobreza disminuye.

Al final de ese camino habrá que preguntarse quien es mas “sensible” después de todo,  el que anda llorando por los rincones por los pobres al grito de “!Argentina, Argentina!” o el que seria y hasta “fríamente” propone un programa para que la riqueza aumente?

La multiplicación de bienes es frívola, superflua, con perdón de Francisco. Pero es la única herramienta que puede permitir lo que el Papa dice perseguir. Salvo, claro esta, que, justamente, “diga”perseguirlo, pero, en el fondo, no quiera que el objetivo se alcance porque en realidad lo que conviene es que la pobreza no se acabe nunca.

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