Negacionismo

El presidente tiene una particular inclinación por la mala fe. Ha hecho gala de ella en centenares de ocasiones desde que asumió. Mintió, se disfrazó de moderado, engañó a quienes lo votaron, justificó el robo de vacunas y ahora endilga a quienes defienden las libertades civiles de la Constitución que “niegan la realidad”.

Nadie niega la realidad, Fernández.  En todo caso hay otras muchas negaciones de las que usted es responsable y no se hace cargo, como la manifiesta incapacidad para hacer que el país crezca, para comprender los rudimentos más elementales sobre cómo funciona el sistema humano de incentivos, y la irresponsable política de seguridad pública que su gobierno plantea.

Usted niega sistemáticamente, con las decisiones que toma, los estragos que le causa a la Argentina y a su pueblo con la adopción de un conjunto de medidas fracasadas, peligrosas y en constante rebelión contra el sentido común.


Las personas que tienen una aproximación diferente al problema del Covid-19, no niegan el problema, como usted niega los que causa con sus decisiones. Está absolutamente probado que todas las industrias que el gobierno afectó con sus decisiones habían tomado todas las precauciones y cuidados recomendados por los protocolos de seguridad.

Si hay un lugar en donde todo es un verdadero pandemonium de rebeldía a los más mínimos cuidados recomendados contra la pandemia, es justamente el reinado principal de la señora Fernández de Kirchner, es decir, el conurbano bonaerense.

Ese territorio es un muestrario cotidiano de oleadas humanas que no se cuidan, que compran y venden en la calle, que no conservan la distancia, que deambulan en condiciones completamente precarias: en la precariedad que las colocó el pobrismo peronista durante 70 años.

Pero el presidente no se dirige a ellos. Su foco es la ciudad de Buenos Aires, sus vecinos y su jefe de gobierno.

Horacio Rodríguez Larreta no es un paladín de la libertad. Si hacía falta algo para comprobarlo, los que dudaban, pudieron ver, el primer día en que entró en vigencia el toque de queda, cómo las fuerzas de la Policía de la Ciudad la emprendieron contra ciudadanos de la Ciudad que se resistían a la restricción horaria, apoyados en sus derechos constitucionales.

Muchos de esos mismos ciudadanos son los que le reclaman al jefe porteño que ejerza su autoridad contra los miles de piqueteros que casi a diario convierten en un caos el libre tránsito de la ciudad. Pero parecería que todos ellos (en su mayoría, claro, provenientes del reino congourbano de la señora Fernández) gozan de un status especial de impunidad por el cual pueden trastornar la vida de todos, sin cumplir, por supuesto, ninguna regla de higiene y cuidados, porque ellos son “pobres”.

El jefe de gobierno no ha tenido la suficiente templanza para enfrentar ese fenómeno. Pero sí hizo cumplir el DNU de Fernández cuando sonaron las ocho de la noche.

De modo que el presidente engaña a quienes lo escuchan con su cantinela de “negacionismo”: nadie niega nada, Fernández; la gente solo tiene sentido común y sabe que no hay ninguna contradicción entre la economía y la salud, como tercamente usted se ha propuesto transmitir al inconsciente colectivo. Lo que usted llama “economía” no es más que el ámbito en donde la gente honesta trata de desarrollar su actividad para arrimar un emolumento honrado a su casa.

Ellos no tienen, como usted y todos los de su clase -empezando por la impresentable vicepresidente que nada en la riqueza y no ha tenido la dignidad de donar un centavo de su ingreso a una entidad de caridad- la vida resuelta; no tienen un sobre con dinero que los argentinos llenan con sus impuestos para atender las cuestiones más elementales de la vida.

Ellos son lo que usted y los de su clase llaman “pueblo”, Fernández.  Una masa olvidada por los jerarcas de un régimen que sí niega la realidad que fabrica; de un régimen que es el responsable del embrutecimiento argentino, de las miles de familias que quedaron en la calle, de las cientos de miles de empresas que cerraron, de las decenas que decidieron irse del país.

Usted sí es un negacionista, Fernández. Usted niega la responsabilidad que carga; niega la ineficacia de las medidas que toma; niega la supremacía de la Constitución y niega el derecho natural a delinear un plan de vida propio.

Lamentablemente, las personas que defendemos ese estilo de vida no tenemos representantes. Su víctima preferida actual, el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta a quien usted amañadamente quiere identificar con esos principios, está lejos, infelizmente, de simbolizar.


Rodríguez Larreta solo difiere de usted en que es una persona honesta. Pero después tiene la misma concepción mental que causó la catástrofe argentina: la idea de que una casta de iluminados puede arreglar mejor la vida de cada uno que cada uno por sí mismo.

Ambos creen en la supremacía del Estado, por encima de la supremacía del individuo. Unos además aprovechan el Estado para robar y otros son prolijos y no roban o roban menos. Pero ambos parten de la idea de que es el Estado el sol central de la nación.

Y eso sí, Fernández, es lo que cada día más franjas de argentinos niegan: el Estado no es -no debe ser- el eje alrededor del cual gire la vida argentina. ¿Sabe por qué, Fernández? Porque ustedes se adueñan del Estado y lo confunden con sus propias personas, usufructuando sus privilegios como una casta desigual y muy por encima de las necesidades del pueblo. Nos negamos a eso, Fernández. Somos negacionistas del Estado. Somos negacionistas de una oligarquía inmunda que solo conoce los instintos de los parásitos.

Por Carlos Mira
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One thought on “Negacionismo

  1. Mario Stefani

    Excelente nota, como siempre. A la catástrofe de estos dirigentes peronistas se suma el hecho que casi toda la oposición tiene ideas parecidas, difiriendo solo en la prolijidad de la ejecución. Por ejemplo: María Eugenia Vidal.

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