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Nada de nada

Finalmente Sergio Massa juró como ministro de economía. Vamos a dividir este comentario entre la puesta en escena de la jura y los anuncios que se conocieron casi dos horas más tarde.

Lo primero que hay que decir es que el montaje hollywoodense de la asunción francamente no se entiende. Tampoco la algarabía de los seguidores del nuevo ministro -encabezados por su mujer, Malena Galmarini- a quienes  él mismo trataba de calmar, y la evidente sensación de “felicidad” que el propio ex presidente de la Cámara de Diputados transmitía.

La primera conclusión que se extrae de ese espectáculo es que Massa no sabe bien lo que tiene ahora entre manos (lo cual es probable si se toman en cuenta los dichos de uno de sus seguidores más férreos y, de hecho, nuevo secretario de producción, José Ignacio De Mendiguren, en el sentido de que “la macroeconomía de la Argentina está mejor que la de EEUU”).

La segunda es que lo que se produjo ayer fue la abdicación definitiva del presidente Fernández que asistió, en su carácter de maestro de ceremonias, no a una toma de juramento sino a un traspaso del mando.

La tercera es la propia imagen que dejó el presidente que, claramente, olvidó en su primera intervención agradecer a Batakis, Scioli y Domínguez y tuvo que pedir permiso (no se sabe muy bien a quién) para decirlo luego de que alguien en la primera fila se lo recordara.

La cuarta es lo que ocurrió cuando el acto terminó, con una muchedumbre abalanzándose sobre Massa para sacarse selfies con él y el presidente yéndose solo, sin que nadie le diera un cuarto de bola por detrás del escenario. La imagen trajo un inmediato recuerdo del presidente De La Rúa en el estudio de Showmatch, cuando luego de hacer todo mal en cámaras y ser salvado de una agresión por el Oso Arturo, salió hacia detrás del decorado por el lugar equivocado.

Luego el nuevo ministro, en el microcine del ministerio de economía, hizo los esperados anuncios.

La sensación de desilusión fue completa. Por empezar, más que anuncios, lo que dijo se pareció más a anuncios de que, alguna vez,  va a anunciar algo que a anuncios concretos.

En segundo término, si uno se pone en “bueno” y quisiera darle alguna trascendencia a lo dicho, nada de lo expresado va en la dirección que debería haber ido o en la que el racionalismo económico demandaba.

Cómo máximo lo que dijo Massa fue la expresión de una larga lista de deseos de los cuales no se tuvo ni un solo indicio acerca de cómo va a hacerlo.

Es más, si algún “cómo” pudo extraerse de la exposición fueron todos destinados a más ajuste y sacrificio para el sector privado, en especial la golpeada clase media que ya no sabe más cómo esquivar las confiscaciones.

En eso va a consistir los ajustes a las tarifas de la energía (proceso que había sido iniciado por la administración Macri y que fue irresponsablemente abortado por el gobierno de los Kirchner cuando asumió Fernández en una de las medidas más demagógicas y demenciales de las que se tenga memoria y que retrotrajo a la Argentina a la necesidad de dedicar gran parte de sus reservas en dólares a comprar la energía que regalaba en el mercado interno).

Si aquel proceso no se hubiera cortado hoy los precios remunerativos compensarían los costos de producción (y quizás dejaran algún saldo para reinversión en infraestructura) y el país no debería gastar la fortuna anual que gasta para comprar básicamente barcos enteros de gas licuado.

Ahora el fardo que se le tira a la clase media será doblemente doloroso porque lo que se hizo fue como reinjertarle la cola al gato para volvérsela a cortar sin clemencia.

Con esto hicieron algo parecido a lo que hicieron con los jubilados: voltearon con 14 toneladas de piedras una ley de reajuste previsional del gobierno de Cambiemos que hoy les estaría poniendo a los jubilados más pesos en los bolsillos de los que les pone la fórmula kirchnerista que no sirvió para otra cosa más que para estafarlos.

El ministro no soltó un solo renglón, una sola palabra, sobre un ajuste sobre la propia clase que él integra: la clase política y sus privilegios. No hay recortes, no hay baja de reparticiones, no hay siquiera el enunciado de un estudio que se dedique a verificar funciones duplicadas y hasta triplicadas del Estado. En ese sentido, nada.

Tampoco mencionó la palabra “emisión” como causa unilateral de la inflación a la que sólo mencionó una vez en la primera línea de su discurso. Por supuesto no dio una sola idea de cómo piensa detener la aceleración inflacionaria y la desconfianza hacia el peso.

En materia de reservas solo recurrió a la vieja fórmula de pedir plata prestada, el anatema (solo en las palabras, claro está, porque en los hechos el gobierno de los Kirchner es el que más ha endeudado al país en la historia de la democracia) de la administración Nac & Pop.

Massa dijo que ya arregló con distintos polos exportadores el adelanto de liquidaciones por 5 mil millones de dólares (es decir dinero que va a tener ahora y le va a faltar después) y que el BID y un fondo qatarí adelantarán algo así como 1700 millones de dólares.

De ese dinero, 500 millones vendrán del Banco Interamericano de Desarrollo pese a que 4 senadores republicanos del Congreso en Washington (los senadores Rubio, Risch, Cassidy y Hagerty) le pidieron al presidente Biden por carta formal que intercediera para evitar seguir enviándole dinero a un gobierno que es un defaulteador serial, que lleva adelante políticas contrarias al crecimiento económico y que tiene una dudosa postura cuando se trata de defender  los valores de la transparencia, valores democráticos y seguridad regional. También le recordaron al presidente que Fernández recientemente se ofreció ante Rusia con puerta de entrada de ese país a América Latina, que ha firmado con China preocupantes acuerdos y que tiene un “patrón preocupante en su alineamiento con regímenes parias del mundo”, amén de haber permitido el aterrizaje en Buenos Aires de un avión venezolano iraní cargado con integrantes de la organización terrorista Guardia Revolucionaria Islámica.

En suma,  nada de lo que dijo Massa en términos concretos significa tomar el toro por las astas para revertir el camino de deterioro argentino. Sí fue una solapada manera de admitir que algo habrá que hacer en materia de subsidios, planes sociales y gasto, las flores preferidas de la demagogia kirchnerista. Es la primera vez que el gobierno del clan delincuencial que tomó el Estado en 2003 tendrá abstinencia de la droga que lo mantuvo vivo hasta ahora.

El pequeño detalle es que el nuevo ministro no dijo una sola palabra de cómo piensa administrar ese síndrome y solo se limitó a insinuar más ajustes sobre los ya extenuados bolsillos de la gente que trabaja.

Por Carlos Mira
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One thought on “Nada de nada

  1. El viejo vizcacha

    Lo más demencial es que un 30% de la población, prebendarios o con negocios bendecidos por el gobierno, creen firmemente en este corrupto culebrón peronista. Convengamos que las similitudes de dictadura proletaria y de ciego fervor partidista no es lejana a un bolcheviquismo irracional y el “muro” en este caso sería una “grieta”. Hace falta decir que por muchísimo menos los “Illuminati” militares darían un golpe de estado. O que si Macri hubiera ganado las elecciones el país estaría en llamas. Mi viejo era gerente de Banco y le dijo a un energúmeno peronista que no usaría luto por la muerte de la “señora” porque no era familiar, lo tuvieron que sacar del edificio en un blindado camuflado entre las bolsas de guita. Yo debuté en la escuela primaria por los 50 con el fascismo persecutorio del General, me negaron un juguete en una fiesta patria porque mi viejo era radical y mi abuelo socialista. No fueron, no volvieron ni son “mejores” ni nunca lo serán. Solo son una banda de delincuentes comandadas por diferentes desquiciados mentales. Nunca ninguno de ellos fue en cana de por vida ni disfrutó de las mieles victimistas de un sólido paredón de fusilamiento.

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