Los kirchneristas y los argentinos kirchneristas

Los kirchneristas no pueden abrir la boca sin lanzar una llamarada de ponzoñas.

Ayer, el gobernador Axel Kicillof dijo que cuando la variante Delta del coronavirus comenzara a circular comunitariamente en la Argentina iba “a ser culpa de los que la trajeron de afuera”.

Fue el mismo razonamiento que ensayaron con el comienzo de la pandemia: que había sido culpa de los “ricos” que viajaban, un argumento que no se escuchó en ningún otro lugar del mundo.

El kirchnerismo no puede vivir sin echar culpas, sin generar odios y resquemores de unos contra otros; sin enfrentar argentinos, en éste caso, especulando con que los que no viajan (que ellos asumen son los que los votan a ellos) odien a los que viajan (que ellos asumen son los que no los votan). Esa es su lógica perversa, la que demuestra palmariamente quien empezó la llamada “grieta”.


Aunque en un contexto mundial como el actual es completamente irrelevante determinar quién “trajo” el virus (y hasta imposible de determinar porque, en el caso argentino, las fronteras son un colador, siendo, paradójicamente, las que utilizan “los ricos” las que podrían tener un control más seguro y eficiente) el señalamiento de la culpabilidad que tanto obsesiona a Kicillof podría darse vuelta y decirse que la eventual circulación comunitaria de la variante Delta es imputable a ellos por no haber vacunado como corresponde en tiempo y forma y con las vacunas adecuadas.

Todo el mundo científico está conteste en afirmar que, para enfrentar la variante Delta, es necesario tener el esquema de vacunación de 2 dosis completo.

Por la ceguera ideológica del kirchnerismo, el país quedó rehén de otro país, históricamente ineficiente, que no fue capaz de proveer el segundo componente de la vacuna Sputnik V en el momento que hubiera correspondido. Por ese motivo solo el 11% de los argentinos está vacunado con dos dosis. Ese porcentaje es del 72% en Chile y del 64% en Uruguay.

Si los argentinos tuvieran esa proporción de vacunación completa, el virus Delta, lo traiga quien los traiga y venga de donde venga, no encontraría “huéspedes” disponibles para desarrollarse y por lo tanto su circulación comunitaria se abortaría.

Por eso el gobernador debería pensar dos veces antes de echar culpas a los demás y cuidarse de que la explicación no se profundice un poco y los dardos de las responsabilidades se den vuelta y lo emboquen a él y a todos sus camaradas de la nomenklatura.

Lo mismo le cabe al presidente lacayo. Ayer dijo, en otra ronda de los típicos sarcasmos kirchneristas, que “los que pasean por Europa son los que nos quieren enseñar cómo negociar la deuda que contrajeron ellos”.

De nuevo la provocación de un lenguaraz para dirigirse al ex presidente Macri a quien omite referirse por su nombre, en una bajeza más que no hace otra cosa que definirlo.

La deuda que contrajo el gobierno de Cambiemos fue la consecuencia directa de la necesidad de financiar el tamaño del Estado que generó el peronismo en general y, muy especialmente, los 12 años de kirchnerismo original.

Tres de cada cuatro dólares del préstamo del FMI fueron para cancelar deudas heredadas del kirchnerismo, mientras que el dólar restante fue para financiar el déficit público también producido por los desequilibrios kirchneristas que, es justo decirlo, Macri no pudo eliminar.

Pero lo que los argentinos deberían tener a esta altura claro, es que es ese bollo de odio llamado “kirchnerismo” el que incita a la división y a la formación de sentimientos de enfrentamiento entre los ciudadanos de este país.

Es el kirchnerismo el que descalifica, el que lanza acusaciones, el que estimula la división y el que instiga la hostilidad entre los argentinos.

Sobre ese yermo de odios y suspicacias de unos contra otros pretende gobernar. Quiere convencer a algunos argentinos de que solo ellos son verdaderamente argentinos, mientras que los otros son cipayos anti pueblo a los que hay que, primero, culpar de todos los males, y, luego, eliminar.

El tema es que los “anti pueblo” son el motor del país, son los que generan oportunidades, los que invierten, los que dan trabajo, los que sueñan y los que, para cumplir sus sueños, originan actividades que mejoran la vida de todos.


Ese es el pequeño problema que tienen los argentinos kirchneristas. Y nótese que digo los “argentinos kirchneristas” y no simplemente “los kirchneristas” porque “los kirchneristas” (entendiendo por ello los jerarcas de la élite que gobierna) viven como reyes, del robo del Tesoro Público y de los privilegios del Estado.

El problema no lo tienen ellos, como está claro, por otra parte. El problema lo tienen los “argentinos kirchneristas” que votan un sistema que les mata la gallina de los huevos de oro, que asesina a los emprendedores (de los cuales dependen las oportunidades de los pobres) que termina con los sueños de la clase media (que es la que eleva, con sus pujos por estar mejor, a los que están debajo de ella) y que termina con las libertades que son la llave del progreso.

El kirchnerismo les inculca más y más a los “argentinos kirchneristas” el odio contra los que podrían salvarlos, para que los únicos salvados sean los jerarcas del régimen.

Por Carlos Mira
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One thought on “Los kirchneristas y los argentinos kirchneristas

  1. Manuel Lainez

    NO hay duda cuando no hay nada que mostrar lo unico que queda es echar la culpa a la oposicion
    No entiendo despues de 80 anos de ir de mal en peor Seguimos creyendo que las mismas politicas que se aplicaron nos pueden salvar ahora Las pocas experiencias ontrarias no tuvieron tiempo o se aplicaron a medias
    Es increible que todavia se crea que la Viveza criolla es nuestro norte

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