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Lo único que le importa

La presentación de Kirchner el Día de la Bandera en la CTA, fue una especie de éxtasis de aquello en lo que el peronismo ha convertido a la Argentina.

La vicepresidente, con la impunidad que la caracteriza, no tuvo ningún recato en plantear públicamente una pelea por las cajas del dinero público, llevando una vez más las rencillas internas del peronismo al seno del Estado con el agravante de hacerle pagar a toda la sociedad las consecuencias de sus peleas.


Como el populismo peronista inventó el asistencialismo clientelar para extorsionar con ello la voluntad de esclavos modernos que, por esa dependencia, no están en condiciones plenas de decidir libremente, todos los meses se recauda (por el robo “legal” que se practica sobre los bolsillos de los que generan riqueza) una montaña inmensa de recursos con los que el peronismo compra adhesiones.

La pelea entonces es por el manejo de ese dinero. Cómo siempre el peronismo y los peronistas están únicamente interesados en la plata, en la riqueza: en la plata y en la riqueza que producen otros para adueñársela y darle dos destinos claros: la mayor parte a sus bolsillos personales y el saldo a la extorsión electoral de los pobres que ellos fabricaron previamente con sus políticas de miseria.

Una de las formas que el peronismo inventó para el manejo del saldo que no dirige a sus propios bolsillos es la de las llamadas “organizaciones sociales”.

Las organizaciones sociales no son otra cosa que una evolución del clásico puntero barrabrava de barrio o de distrito cuya figura -también de creación peronista- tenía por finalidad la cooptación de voluntades mediante la extorsión económica de la dádiva, la limosna o el regalo.

Con increíble caradurez, Kirchner afirmó a los gritos este lunes que el peronismo no puede estar en manos de gente que de “de alta” o “de baja” a los pobres en los planes, cuando, en realidad, el peronismo no ha consistido en otra cosa toda la vida.

Cómo caranchos que se pelean por los restos de una presa, el peronismo se pelea por los recursos que les roba a los argentinos productivos con la ayuda de las leyes que sus brazos políticos aprueban.

Lo que Kirchner no soporta es que otras organizaciones peronistas que no le responden en plenitud se queden con parte de esos recursos que ella necesita en los bolsillos propios para seguir viviendo como una Reina o en los bolsillos del Instituto Patria para seguir sosteniendo el proyecto que la hace vivir como una Reina.

Esa es toda la discusión. No hay aquí planteos principistas sobre cuál es el sistema ideal para manejar los fondos públicos. Lo único que hay es la voracidad kirchnerista de siempre por abalanzarse sobre recursos robados para quedárselos. La furia estalla cuando se comprueba que parte del botín se lo está llevando otro.

Hay algunas “organizaciones sociales” que respaldan al presidente Fernández, entre ellas el Movimiento Evita, que moviliza más de 500 mil planes. Eso es una parva de guita que Kirchner ve cómo se le escurre entre los dedos. Por eso salta y ordena “articular” a las dependencias del Estado para que sean ellas las que la centralicen.

A su vez lanza sus dardos contra los funcionarios de esas dependencias que tampoco le responden del todo como Marco del Pont, Miguel Pesce o Adrián Cosentino, para presionar al presidente a que los reemplace por alfiles suyos que le den cuenta del dinero que requisan (porque en la Argentina no se recauda, se requisa).

Todas las mayores cajas del Estado están en manos de La Cámpora, desde la Anses y el PAMI hasta la saqueada Aerolíneas Argentinas. El estallido de bilis cristinista el lunes en la CTA es porque no quiere ninguna filtración: como siempre su obsesión es quedarse con los recursos de los demás, no mejorar la condición de los pobres.

En ningún lugar del mundo existe el nivel de descaro que ostenta Cristina Fernández. Es más, en ningún lugar civilizado se comprende cómo ésta ladrona consuetudinaria reúne aún un apoyo social importante.

Solo advirtiendo que Kirchner basa su liderazgo en el miedo y el dinero (características que, a su vez, están conectadas) puede comprenderse el fenómeno.

A esto debe agregarse la sustracción coactiva de parte de los recursos con los que se extorsiona a los pobres para que queden en los bolsillos de las “organizaciones” que los usan, a su vez, para financiar sus actividades de alteración de la paz pública, del orden ciudadano y del normal desenvolvimiento de las jornadas de trabajo.

Se trata de un mecanismo demencial contra el que Kirchner no se alza por su naturaleza intrínsecamente diabólica, sino simplemente porque el dinero no va ni a sus bolsillos ni a financiar sus planes. Esa es toda su furia.

La Justicia tiene una oportunidad única para poner esto en su lugar y abrir una

luz al mundo civilizado que no se explica cómo puede suceder tanto descaro.

La Corte acaba de derribar todos los recursos planteados por la vicepresidente para detener las peores imputaciones por corrupción que pesan sobre ella, como en los casos Vialidad, Cuadernos y Hotesur-Los Sauces.

Los días de su juicio final se acercan. El fiscal aislado en un cuarto solitario de Comodoro Py redacta su pedido de detención.

Quizás sea ilusorio porque las pruebas de décadas demuestran que a la Argentina le cuesta mucho entender las razones de su fracaso y de su decadencia.


Pero es una posibilidad: quizás por primera vez en el país quien las hizo las va a pagar.

Es hora de que se derrumbe como lo que es -una montaña de mierda- tanto verso mendaz y tanto odio resentido.

La riqueza generada y robada en todos estos años no se va a recuperar. Pero quizás mandando a prisión a los ladrones no solo se evite que sigan robando sino que se envíe un fuerte mensaje a toda la sociedad en el sentido de que solo saldrán adelante quienes trabajen para generar riqueza genuina y no los ladrones que aspiran a vivir de lo que les roban a otros.

Por Carlos Mira
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One thought on “Lo único que le importa

  1. Andrés

    Hola Charly; será ese el final que queremos? Yo prefiero que sea un final a la Cheauchescu y su mujer. O el de Mussolini.

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