La responsabilidad del peronismo

La primera noticia, por supuesto, es que M. está bien y que fue hallada sana y salva. El operativo desplegado por las policías de los dos principales distritos de la Argentina dio resultado y gracias a un seguimiento de cámaras que reprodujeron el itinerario del secuestrador y su víctima prácticamente minuto a minuto, se pudo hallar a la nena de siete años que había desaparecido el lunes.

Pero una vez manifestada esa alegría, el hecho debe proponernos una abstracción de los aspectos policiales del caso para que podamos centrarnos en los permanentes.

Porque, efectivamente, la situación de M., su vida, su lugar en Villa Lugano, su falta total de “normalidad” en cuanto a lo que deberían ser los días de una chiquita de 7 años, es la realidad de millones de personas en la Argentina.


El drama de la pobreza (porque lo que ocurrió aquí es un drama derivado de la pobreza) es lo que afecta la medula espinal del país. Gente que vive en la calle, que no tiene educación, que no come lo que debería comer a la edad en que debería comerlo, que atraviesa situaciones muy precarias de salud, que no va al colegio, que tiene una relación peligrosa con las drogas, es, lamentablemente, lo que le pasa a millones de “M.s” y que hacen que la vida en la Argentina sea indigna para una porción muy importante de su sociedad.

El tema es que la propia sociedad viene mordiéndose la cola con esto desde hace décadas votando gobiernos que la hunden en su miseria y en su indigencia, siendo los propios votantes, los principales aliados de los problemas de vida que atraviesan en su condición de ciudadanos.

El peronismo debe hacerse responsable de lo que generó en el país. Todo el
episodio de M. es un episodio “peronista”: la indigencia, la marginalidad, la situación de calle, la falta de progreso, el vivir como en el siglo XIX, la inexistencia de educación, en fin, todo es la consecuencia de 70 años de
populismo absurdo que condenó al país a una decadencia atroz.

Para colmo de males, los que no son peronistas no han tenido mejor idea -para competir contra el peronismo- que “peronizarse” proponiendo más medidas del “tipo peronista” en lugar de ofrecer todo lo contrario.

La oposición no peronista de la Argentina de los últimos 70 años creyó que podía ganarle al peronismo siendo más peronista que el peronismo, y el resultado fue una competencia absurda por ver quién era el más populista de los políticos argentinos.

El resultado es la radiografía que nos pintó el caso M.: barrios pobres que no tienen nada, ni agua potable; gente viviendo en la calle, chicos desnutridos y sin educación; marginales drogadictos que viven presos o prófugos y que, cuando se entra en contacto con ellos, uno tiene la sensación de estar frente a un zombie.

El empobrecimiento transmitido por televisión que pudimos ver estas últimas horas es sencillamente dramático. Miles de personas sin nada, sin confort, sin cuidados, a la buena de Dios. Parajes pobres, casillas inauditas, descampados inseguros. Esa es la fotografía del peronismo. Años de robo del Tesoro Público que desvió a bolsillos particulares los fondos que deberían estar invertidos en la infraestructura que les hubiera permitido tener, a esos argentinos, la posibilidad de progresar.

Y todo eso entregado en nombre de la Justicia Social. Uno se pregunta si puede haber un ejemplo mundial más certero de la consumación de un engaño monumental: haber usado a quienes serían las propias víctimas del sistema como carne de cañón electoral para perpetuarse en el poder.

Si uno trazara una línea del tiempo y se preguntara hasta donde creció la Argentina y cuando inició su decadencia vería delante de sus ojos una extraordinaria coincidencia entre ese momento y la aparición del peronismo en el horizonte político argentino. La coincidencia temporal es irrefutable.

Desde que el peronismo se hizo cargo del país, se desvaneció el horizonte de progreso y se construyó uno de atraso, de pobreza, de privaciones, de injusticias; un horizonte gris, lleno de barro y mugre, repleto de iletrados y de personas sin los más mínimos enseres que cuiden su alimentación y su salud.

El engaño demagógico al que el peronismo sometió a la Argentina no tiene nombre. Y tampoco lo tienen los daños que esa infiltración cultural causó. Todos los valores por los que los países crecen, se hacen grandes y dejan la pobreza atrás fueron subvertidos y cambiados por otros que dirigen a las sociedades hacia la miseria. Resulta francamente increíble cómo tanta gente pudo haber creído que estaba tomando un ómnibus hacia la mejoría y el viaje los haya depositado en la indigencia.


Debería haber muchos a esta hora preguntándose quién era el conductor del micro.

El episodio de M. nos debe obligar a una profunda introspección que, primero, nos abstraiga de los componentes policiales del hecho, que esos ingredientes no nos confundan ni nos sujeten a ver solo un costado de lo que ocurrió y que, luego, nos haga analizar las imágenes que vimos, los relatos que escuchamos, las personas que se mostraron, los paisajes que observamos.

Esa es la Argentina del peronismo, señores; esa es la obra peronista. Setenta años de decadencia y de progreso cero (excepto para los bolsillos de los jerarcas) finalmente han depositado a la Argentina en esta ciénaga de pobreza, incultura, droga, enfermedad, delito, inconsciencia por lo que se hace y en casi una oligofrenia que se multiplica al infinito cada lustro.

Si uno extrapola hacia el futuro demográficamente lo que está ocurriendo en el país, si uno imaginariamente observa la máquina peronista de pobres trabajando a destajo, no puede menos que alarmarse. El final feliz de la historia de M. esconde un drama que la Argentina peronista multiplica por minuto.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “La responsabilidad del peronismo

  1. Guillermo

    Muy lúcido artículo. Sobretodo el párrafo sobre la “peronización” de la oposición. Un claro ejemplo -y no el único, sino el más reciente- lo dió el gobierno anterior, desaprovechando una oportunidad única, que difícilmente se vuelva a repetir y que nos dejó al borde del abismo.

  2. Hugo Alberto D'Angelo

    Coincido, como siempre con “don” Carlos, es una pena que no esté en un medio con más llegada al gran público, es el mejor, más crudo y lucido “describidor” de nuestras desgracias, lo sigo desde hace más de veinte años, lo descubrió mí padre (que ya no está) y me lo recomendó, desde ahí y más adelante gracias a internet que nos permite escuchar el programa en diferido, todos los días religiosamente me hago un lugarcito para seguirlo, es un placer, “es la voz de los que no tenemos voz”.

  3. Gustavo Pérez Perrone

    Coincido plenamente con Hugo A. D´Angelo. Sigo a Carlos Mira desde hace más de 20 años, desde que acompañaba a M. Longobardi en su programa por la tarde creo en Radio América. Pone las palabras justas a lo que pensamos e ilumina nuestro entendimiento en lo que no comprendemos. Gran defensor de la Libertad, con mayúsculas.

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