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La agenda de Alberto Fernández con Vladimir Putin y China inquieta al poder económico

La próxima gira presidencial se da en momentos de gran tensión internacional y definiciones económicas clave. 

Argentina sigue siendo Argentina, enfatiza Diego Guelar, ex embajador en Estados Unidos y China contra los que sostienen que somos un país en peligro de extinción. ¿Lo comprobará Alberto Fernández en su gira con escasa comitiva de 15 personas y ningún empresario? 

​Hay incertidumbre con la escala en Moscú, el próximo 3 de febrero, en medio de la tensión con Ucrania. Cuentan que la única certeza de la asesora Cecilia Nicolini, que cultivó relaciones con el Kremlin, es que el periodista más afamado de Rusia y ligado a Vladimir Putin solicitó una entrevista con el argentino, señal que el presidente ruso le concederá audiencia.


Los industriales de la alimentación se preguntaban días pasados por qué no eligió visitar Rusia al regreso de China, ya que el 7 de febrero se inaugura Prodexpo, la feria de alimentos más importante de esa región.

Otros empresarios describen las penurias del santiagueño Eduardo Zuain, embajador en Moscú, que debe explicar los desplantes locales como el de la central Chihuido, de la que se retiraron las empresas rusas y el swap de monedas que ofertaron, sobre el que nunca tuvieron respuesta y que puso de pésimo talante al inamovible Anton Siluanov, ministro de Finanzas desde 2011 y del grupo San Petersburgo.

Ese grupo, salvando diferencias, es a Putin lo que el grupo Callao a Alberto Fernández. ¿Logrará el Presidente cambiar el humor?

En cuanto a China, se intuye que Xi Jinping retribuirá el gesto de acompañarlo en la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno en pleno boicot occidental. Pero hay dudas sobre convenios concretos y proyectos de cooperación. Pese a que la delegación viaja para firmar 17 acuerdos como los US$ 8.000 millones para la cuarta central nuclear, los US$ 4.000 millones para las represas de Santa Cruz, la expansión del parque solar de Cauchari en Jujuy, los corredores bioceánicos, inversiones en trenes y gas.

Fueron iniciativas primorosamente preparadas por Gustavo Beliz y un equipo de Cancillería. Conjeturan que el interés de los chinos por negocios estratégicos como la Hidrovía en asociación con logística Roman harán el resto. Un dato: hay en Argentina gran presencia de bancos y cerealeras chinas, pero persiste la herida por el portazo de Sinopec, la petrolera que se hartó de las huelgas. En China no hay sindicatos.

Fernández celebra en Beijing los 50 años de relaciones diplomáticas que inició Richard Nixon en 1972 y por aquí se plegó el general Lanusse que gobernaba el país en un gesto hacia EE.UU. Hoy parece todo lo contrario. “Que no se ilusionen”, advierte Guelar. Los créditos chinos contienen primas de riesgo, seguros y reaseguros. “Atan la financiación a la capacidad de repago y hasta que no se logre el acuerdo con el FMI no habrá nada”, insiste. De eso hablarán.

Según Diana Tussie, directora de la maestría de Relaciones Internacionales de Flacso, China no es solo un socio estratégico, sino parte fundamental de un mundo con hegemonías en competencia. “Todos los países buscan relacionarse, el ejemplo más nítido es Uruguay. Los chilenos esbozaron el concepto de no alineamiento activo, es decir una forma no ideológica de relacionarse”. Aclara que no quiere decir que sea una relación cómoda.

Precisamente, esta semana un líder en el negocio petrolero incomodó en la Casa Rosada cuando preguntó cuál era la probabilidad de un default con el FMI. “No es imposible, pero es altamente improbable”, le respondieron. En la visión del Gobierno, la traba es en cuánto tiempo se baja el déficit y el resto es “pura espuma”. Confiesan estar enfocados en cambiar las expectativas: “No soportaríamos otro 4,8% de inflación como en marzo de 2021”.

Jorge Vasconcelos, del Ieral, el think tank que ahora dirige Carlos Melconian, advierte sobre una verdadera capa geológica de problemas sin resolver. Pone en estos términos la negociación con el FMI: “Si el Gobierno elige una trayectoria muy gradual para el ajuste fiscal, la consistencia de la política económica, que es la clave de los programas con el Fondo, debería buscarla por el lado de un mayor impuesto inflacionario, lo que implica un ritmo más acelerado de devaluación del peso. Es una cosa o la otra.

No conseguirá aval del staff del FMI para el gradualismo fiscal si no ofrece una solución por la vía cambiaria”. ¿Por cuál optará Martín Guzmán?

Marcela Cristini, de Fiel, estudia los flujos de inversión. Para esta economista hablar hoy de inversión extranjera es ciencia ficción, salvo en sectores muy específicos. Lo atribuye a la reputación de crisis recurrentes y a esa falta de voluntad política de remontar lo básico con consenso social. En su visión, Argentina cuenta con recursos que no abundan en el mundo y en cuanto se muestra un sendero sostenible, “el sector privado no falla”.

Algo de eso sucede en Río Negro con la inversión en hidrógeno verde de la australiana Fortescue que adjudicó a IMPSA la provisión de 17 mástiles e instrumentos de medición de vientos que ya están colocando. No tienen aún un litro y deben abastecer a los colectivos y taxis de Londres en 2025.

Eso explica el apuro para un proyecto que puede desarrollarse solo en tres lugares: Argentina, Brasil y Australia. Los millones llegarían en pocos meses, el ministro Matías Kulfas viaja a Australia en marzo. Eso sí, los dólares se ingresan al precio del Contado con Liquidación.

Claro que no alcanza para calmar a grupos industriales, con inmenso capital “hundido” en el país: alarma cómo se pulverizó el valor de las compañías. Un ejemplo es YPF que en diciembre de 2017 valía US$ 9.000 millones y este enero, US$ 1.500 millones. Mejor no comparar con Petrobras.

A todo esto, la solución para que la láctea SanCor siga en pie es leída como un nuevo modelo de rescate empresario. El Estado aportaría a través de bancos públicos (Nación y los provinciales de Córdoba y Santa Fe) fondos para un fideicomiso que administran empresarios amigos como Marcelo Figueiras de laboratorios Richmond, José Urtubey, de Celulosa y Gustavo Saglione, del multimedios La Capital de Rosario y estrechamente vinculado a Vila-Manzano.

Contaron con el apoyo de Atilra, el combativo sindicato sectorial. Y sumaron a Jorge Estevez, un ex Mastellone. La apuesta es duplicar los actuales 550.000 litros que se procesan por día. Deben bajar la deuda de la cooperativa de US$ 300 millones. Urtubey asegura que cuentan con el respaldo de proveedores. La iniciativa ya despertó quejas opositoras al tratarse de fondos públicos.

En cuanto al consumo, los shoppings son termómetro. Tras haber estado 11 meses cerrados entre 2020 y 2021, que dejaron un tendal de locatarios fundidos,volvieron al nivel de 2019. Hay indicadores llamativos como el boom que vive Alto Avellaneda o el hiper local de Nike en el Abasto con colas para ingresar, además del turismo uruguayo que por la diferencia en el tipo de cambio se lleva de todo.

En esos centros comerciales se padeció la retirada de empresas como el caso de Falabella que ocupaba amplios espacios e impulsó a nuevos conceptos con deportes y gastronomía. Pero el verdadero tractor de Irsa, el dueño de los shoppings, es su controlada Cresud, que por su tamaño titila en explotación agropecuaria con sostenida expansión fuera de Argentina a través de Brasil agro y campos en Paraguay, donde no hay retenciones.


Por cierto, el devenir de la política ocupa la agenda empresaria. Ana María Mustapic, directora de Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella, observa una desazón permanente ante “un presidente que abdicó en fijar un rumbo para evitar la implosión de su propia fuerza política y está parado siempre en el mismo lugar. Es un gobierno que se apropió del Estado para tratar de resolver los conflictos que atraviesa”.

En 2010, cuando Grecia negociaba con el FMI, en una de sus novelas, Petros Márkaris puso el dedo en la llaga de ese hundimiento en medio de una corrupción cotidiana que impregnaba todos los niveles sociales. El protagonista concluye que a la crisis griega sólo la podía resolver un milagro. Cerró acuerdos que la desangraron. Hoy crece al 6%, bajó el desempleo, no tiene inflación.

Fuente: Clarín

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